2 de marzo de 2005

Exceso de comunicación

Todavía resacosa del glamour de los Oscar...

—Ya será del trasnochón que nos pegamos el domingo a costa de Amenábar.
—Y de Drexler, tío Ra, y de Drexler.
—De ambos. A lo que tú llamas resaca, yo le llamo sueño retrasado.

Como decía, tras la resaca de la noche del cine por excelencia, afronto esta semana...

—Sin quitarte la camiseta Damart con termodactil. Hace un frío que pela.
—Yo el lunes estuve el lunes jugando con la nieve, no te digo más.

... afronto esta semana con energía renovada...

—Y cualquiera no. Con lo que he pagado de luz se puede renovar la energía del Palacio de Oriente, por lo menos renovar la instalación eléctrica.

... renovadísima, ilusionada con nuevos proyectos...

—Si llamas nuevo proyecto a las mechas que te has puesto.
—O a cambiar de marca de flanes...

... nuevos proyectos que me llenan de ilusión...

—Vaya ilusión renovarte el DNI, que ya era hora bonita, que en la foto todavía llevabas coletas.
—Y eras morena.
—Y no tenías patas de gallo.

... de una ilusión que me ayuda a levantarme de la cama cada mañana...

—Eso y que, como están en obras en tu escalera, a partir de las 8.30 no hay quien pare en tu casa de ruido.

... y hace que cada mañana sea el inicio de una nueva aventura...

—Como la del pasado domingo que te empeñaste en conducir tú hasta el restaurante, nos perdimos y llegamos a los postres. ¡Qué paciencia!

... una aventura que merece la pena ser vivida...

—Y si no merece la pena, estás “apañao”. Aquí no se puede elegir, o vives lo que te ha tocado o vives lo que te ha tocado. Eso es lo que hay.
—¿Queréis hacer el favor de dejar de interrumpirme? Me tenéis harta ya con tanto comentario seudogracioso. ¡Maldita la gracia que me hacen a mí!
—Nena, cómo te pones, lo único que hacemos es promover el diálogo.
—Es verdad. Muchas de las relaciones que se rompen lo hacen por falta de comunicación, nosotros promovemos la comunicación y a ti te parece mal.
—Lo que nosotros tenemos es un exceso de comunicación, chicos, lo que nos sucede, como diría Susanita la de Mafalda, es que no podemos incomunicarnos.
—Ingrata “malaamiga”.
—Petarda pendenciera.
—Sobrina desagradecida.
—Bribón malandrín.
—Se te está subiendo el Pan Tumaca a la cabeza.
—¡Bueno ya basta! Por todos los dioses, pero ¿qué os pasa hoy? Estáis enfadados conmigo o algo...
—Enfadados no, envidiosillos vale.
—Pero, ¿por qué? Ojo que la envidida es muy mala.
—Porque desde que tienes tiempo libre y te dedicas a hacer lo que quieres no hay quien te aguante. En serio, te pones de un cursi que da grima, con todo ese rollo de las ilusiones y las aventuras.
—Una nueva etapa es una nueva etapa y se inicia con la cabeza despejada y el corazón valiente.
—¿Lo ves? Ya estás otra vez con las horteradas. No te puedo.
—Ah, se siente. Soy un alma libre.
—O cándida, no sé yo. Bueno, ¿cuál era el mensaje que nos querías transmitir esta semana?

Pues ya no me acuerdo, sería mentira, pero ¿qué más da? ¿A quién le importa? ¿Qué hora es? Uf, qué tarde. Les dejo, que me están esperando unos amigos para cenar y, con tanta ilusión y tantas envidias, se me ha hecho tarde. Adeu macos.



sorue@divertinajes.com
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