2 de febrero de 2005

Los que pierden

No me puedo quitar de la cabeza al pobre Benjamín Fernández.

—¿Quién es Benjamín Fernández? —interrumpe Tío Ra.

Pues es el único tipo del equipo de Amenabar en Mar Adentro que, estando nominado, no ha conseguido el Goya.

—¡Jo…per! ¡Que pu…rada!

Realmente. Imagínense ser el único de toda la peña que no ha ganado premio. Estará pasándolo fatal el hombre.

—¿Cuál era su categoría?
—Dirección artística, chúpate esa.
—Claro por la dirección se lo ha llevado el director y por artística los 6 actores 6, que se dice pronto.
—¿De quien habláis? —interrumpe Julieta embozada en un plumas, bufanda, guantes gorro de lana y botas de borreguillo, que el frío es mucho y los años más.
—De Benjamín Fernández, el direc…
—Ya sé, ya sé quien es, no me lo digas. Ja, es, y me temo será para siempre, el que no ganó.

¡Manda Goyas! Este pobre señor, que seguro que era un profesional como la copa de un pino, con una carrera brillante y/o de gran futuro, se convierte, por arte de birlibirloque, en el tipo que no ganó…

De verdad, no me lo puedo quitar de la cabeza. Es como ese futbolista que tiene sobre su pie la responsabilidad de tirar el último penalti de la tanda esa de penalties con que desempatan algunos partidos... y falla. O como Remedios Amaya, que nadie sabíamos quien era hasta que participó en Eurovisión y consiguió no llevarse ningún punto. A partir de ese nefasto día todos supimos quién era.

—Pues sí, era ésa que no consiguió ni un solo voto en Eurovisión.

O como el tercero de Martes y Trece.

—Pero, ¿eran tres los Martes y Trece?
—Pues sí, y no se comían una rosca hasta que uno de ellos decidió que ya estaba bien de hacer el primo y de no ganar dinero, que se volvía a su casa y... ¡Tachán! Llegó el éxito.
—Una miaja de gafe ya debía ser.
—Pos sí.

¿Lo ven? Para una persona a la que le pasa esto sólo hay dos opciones: resignarse a que nadie sepa quién eres (como el gafe de Martes y Trece) o, pasar a ser el que lo hizo mal (como Benjamín, algunos futbolistas o Remedios Amaya), aunque haya sucedido sólo una vez tras una larga y exitosa carrera.

El caso es que, cuanto más lo pienso, más peor me parece. Porque yo, lo confieso, una vez viví una situación parecida.

Once upon a time, estuve yo un invierno estudiando inglés en Inglaterra, que era donde estudiábamos antes inglés. (Ahora estudian en EEUU, y así hablan todos, que parece que mascan chicle). En el colegio al que iba a clases por las mañanas (las tardes las empleaba en otros menesteres), los viernes se sustituían las clases teóricas por, por ejemplo, proyecciones de películas, visitas a programas de radio de la emisora local, o campeonatos de Trivial.

Al Trivial jugábamos por equipos de tres. En el mío había un tailandés, una alemana y servidora. El viernes fatídico, el de la final, en la partida decisiva para dar la victoria a mi equipo, la pregunta que nos tocó fue: ¿Cuál es el baile típico de Huelva? Mis compis se giraron hacia mí, con una sonrisa triunfal de esas de “Campeones, campeones, oe, oe, oeeeeeeee”. Y yo lo sabía, se lo juro, pero no sé que pasó por mi cabeza que, dando un salto grité “EL TANGO”. Me quería morir. De nada sirivió explicarle al tailandés que Tango rimaba con Fandango, ni a la alemana que no pasaba nada, que lo importante es participar. Me retiraron el saludo para el resto del trimestre. (Claro que no me afectó tanto como pueden suponer porque, en el equipo al que hice ganador, jugaba un italiano de los que quitan el hipo, Stefano “ojos verdes” que puso todo su empeño durante lo que quedaba de ese trimestre y todo el siguiente, en demostrarme lo agradecido que me estaba. Sinceramente, lo pasé pipa en Inglaterra. Mamma mía. Si hasta aprendí a bailar el maldito tango…).

En fin, que ahora que entienden mejor mi simpatía por Benjamín Fernández, ruego que consigan su e-mail y le envíen mensajes de ánimo, para que sepa que, en estos momentos no está solo, que todos le apoyamos. Yo había pensado telefonear a Stefano y pedirle si podía echarnos una mano, pero no sé si, en el caso que nos ocupa, su apoyo sería tan efectivo y tan bien recibido.



sorue@divertinajes.com
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