5 de enero de 2005

Cuestión de vista

Hace unos meses, quizá más de unos, que veo mi futuro incierto. Miro hacia delante y todo está borroso: he perdido de vista mis objetivos más próximos, los contornos conocidos ya no están, no sé dónde poner los límites.

Ante la proximidad del año nuevo, temerosa de comenzarlo con esta inquietud y esta zozobra, decidí terminar con el problema fuera el que fuese, dar la cara, afrontar con valentía la borrosa realidad. Y todo con la ayuda inestimable de Tío Ra.

—¿Qué desea?
—Pues mire, yo es que veo borroso.
—¿Lleva gafas?
—No.
—Pues me temo que ya no lo podrá decir nunca más.

Me sentaron en un taburete, me hicieron apoyar la barbilla en un reposabarbillas, la frente en un reposafrentes y comenzaron a ponerme y quitarme lentes y …

—Vamos, que te hiciste una revisión oftalmológica, ¿no?
—Sí.
—Es que, aunque no lo creas, la mayor parte de la gente nos hemos hecho alguna, y sabemos lo que es. Y no es tan dramático.
Julieta, acabas de romper la atmósfera de trascendencia que estaba creando. Eres una puñetera.

El caso es que me sentaron allá, Tío Ra a mis espaldas, y comenzamos la revisión.

—Por favor, dígame qué letras son estas

—¿Cuáles?
—Uf, esto está peor de lo que pensaba. A ver ahora.

—¿Cómo quiere Usted que vea esas letras tan pequeñas?
—No son tan pequeñas, sobri.
—Tú te callas Tío Ra, que la revisión, me la están haciendo a mí.
—Pues ver verás poco, pero hablar, ya te digo yo que hablas demasiado.
—Perdonen pero hay otros pacientes esperando. Dígame qué ve, si es que ve algo.

—Esto es otra cosa, ¿eh? Ahora empezamos a entendernos Usted y yo.


¿Para qué vamos a seguir? ¿A que no saben que me trajo este año Papá Noel? Una miopía. Estando así las cosas, ¿qué creen que les he pedido a los Reyes Magos? Una PALM. Las gafas ya me las he comprado yo, para ver la Cabalgata en condiciones.

Julieta estuvo riendo un buen rato cuando se lo conté, la muy ladina, dice que ella ya se había dado cuenta de que, en el súper, pasaba de largo de los turrones y ella pensaba que era por no engordar, y no por no ver. Pero qué chisporroteante, yo es que me parto.

—Miope a tu edad, qué raro. –Esa es mi madre, que está pasando con mi padre las Navidades en Canarias y, una hora antes, ya se estaba riendo de mí—. A tu edad, lo lógico es tener la vista cansada.
—Pero mamá, si estoy en lo mejor de mi vida.
—¡Ja! Yo sí que estoy en lo mejor de mi vida: Fin de año en la playa mientras tú estás pelada de frío, trabajando y ¡con gafas! Yo no tengo cansada ni la vista.

Mi madre es un sol, pero cuando le da por el humor chungo la mataría.

—Sí, me matarías si me vieses...

Madre no hay más que una y me tuvo que tocar a mí.

—Dice tu padre que no me ría más, que seguro que tú no le ves la gracia
—¡MAMÁ!

Oyes, de verdad, los padres ya no son lo que eran. Aunque, paradójicamente, son los que eran. (Aquí hay tema, que lo veo… que lo huelo, quise decir).

En realidad, una vez superado el impacto, no es tan malo llevar gafas. Las hay monísimas y de múltiples colores, para poderlas conjuntar con la ropa. Veré peor, pero sigo teniendo buen ojo. He descubierto que, con gafas, el futuro se ve mucho más claro. Marilyn Monroe era miope y yo siempre soñé con tener algo del físico de Marilyn Monroe. El óptico estaba como un queso y me ha invitado a cenar.

Y lo veo, lo veo, el 2005 va ser brillante.



sorue@divertinajes.com
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