24 de noviembre de 2004

Catarro común

Viajo en tren de cercanías. Y no es una metáfora de mi vida. Es la pura y cruda realidad. Mi empresa me ha enviado a trabajar a la capital del reino y yo me desplazo en tren de cercanías a los diferentes pueblos de la periferia madrileña.

- Vamos, que haces bolos.
- No Julieta, es que, de un tiempo a esta parte, las empresas han decidido situarse más cerca de la naturaleza y , por consiguiente, más lejos del centro.
- Yo no diría que Alcorcón es campo.
- Yo tampoco, pero lejos de la Puerta del Sol está un rato largo.

El caso es que, con tanto subir y bajar de trenes y metros, con el abrigo, el portátil, el bolso y el callejero pues sudo y, ¿qué sucede cuando sudas en invierno? Que sales a la calle, donde hace un frío... el que sea (de los que pelan, de los que cortan el cutis, de los que dejan pasmao o de los normales. Yo, a la hora de hablar de frío, no me ando con exigencias) donde hace frío, como iba diciendo, y te constipas.

¿Quién no tiene a estas alturas del año un buen catarro?

- Yo.
- Ya salió el sano de Tío Ra.
- Desayuno zumo de naranja, no fumo, hago deporte y me abrigo la garganta, por eso no me resfrío. Por eso y porque salgo de casa poquísimo, que como en casa de uno en ninguna parte.
- Claro, si andases todo el día como yo, de acá para allá, venga a quitarte y ponerte el chaquetón, pues a lo mejor los virus te encontraban en algún sitio.

Porque la culpa, señoras y señores que me leen mientras estornudan ( y esto sí es una metáfora, que estornudar y leer a la vez es técnicamente imposible. ¿Sabían que todo el mundo al estornudar cierra los ojos?), la culpa no es del otoño, ni siquiera del invierno. La culpa es del aire acondicionado.

Este aparato infernal ha conseguido que menda lerenda pase frío en verano y calor en invierno, como los argentinos. Ole, ole y ole mi niña, que ocurrente es.

En los sitios cerrados hace un calor de muerte, sales a cielo abierto y hace un frío de espanto, ¿resultado? Catarro de mil pares de narices, nunca mejor dicho.

Por ejemplo, el otro día, en el avión de ir a Madrid, la calefacción y la música ambiental estaban echando un pulso, a ver cual de las dos era más fuerte y molestaba más. No sé cuál ganó, diría que empataron. Y digo diría porque mis oídos salieron tan taponados como mi narizy casi no podía hablar, y no oía un carajo. Que manda huevos que entres en un avión normal y salgas medio deteriorada.

Cuando bajamos del avión, sólo de los cuatro pasitos hasta llegar al autobús ese que te lleva a la terminal (¿macetera?, ¿jardinera? Nunca sé cómo se llama esa furgoneta) quedé como las barritas de pescado Pescanova, ultracongelada.

Me subo el cuello y me pongo la bufanda, para morirme de asfixia los casi 15 minutos de trayecto hasta la terminal. Tantos seres humanos abrigadísimos en un espacio así de reducido provocan, ademas de asfixia, inmovilidad: No había sitio para realizar las maniobras necesarias para quitarme el abrigo, así que lo deje puesto y, cuando recogí mi maleta de la cinta transportadora estaba sudando de tal modo que yo, más que sudar, llovía.

Y este contraste frío calor es continuo, parece que sigo un tratamiento contra las varices. Tengo sometido a mi cuerpo a un cambio constante de temperaturas, como el juego ese de salir de la sauna y ducharse en agua fría pero sin pagar las cuotas del gimnasio: Llego al hotel, calor que te evaporas. Comienzo por quitar la colcha, sigo con la manta, la sábana, el camisón. Finalmente, ya en pelota picada, comienzo a dar vueltas por la habitación buscando el control de la calefacción. Como no lo encuentro decido abrir la ventana para que entre algo de fresco y me duermo... para despertarme una hora más tarde pasmadita de frío y comenzar el proceso a la inversa (léase camisón, sábana, manta, colcha y dos aspirinas) Trancazo pillado, prueba superada.

Y así me veo, con la nariz más roja que la de los renos de Papá Noel, y unos mocos que ríete tú del “blandiblub”, plastilina parecen, y perdón por el dato escatólogico que nadie pidió. Cargada como una mula y con un kleenex pegado a la nariz, no diría yo que soy el sexsimbol del tren de cercanías. ¿Cómo que de qué tren de cercanías? ¿ya no se acuerdan? Si hombre de ese en el que viajo, ya se lo dije al principio todo.



sorue@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir