27 de octubre de 2004

Los metrosexuales

¿Recuerdan que Julieta había abierto un negocio de surf que le iba viento en popa? Pues dice que lo deja.

—No los aguanto, de verdad que me pueden.
—¿Quiénes te pueden?
—Los surferos.
—Pues parecen gente muy sana.
—Sana sí pero, hija, es que no se peinan, no se ponen un pantalón y una camisa decente ni para ir a pedir un crédito, son como niños.
—Todos los hombres son como niños.
—Es cierto pero, el hombre-niño con traje de chaqueta y corbata que dirige mi banco dice que él no le deja ni 6€ a una pandilla de tipos fornidos, morenos y melenudos, que se ganan la vida jugando con las olas. Envidioso. Ya querría él unos bíceps como los de mis amigos.
—Pues a mí me gustan tus socios. Mucho. Horrores. De hecho, el medio rubio de las pulseras de colores me tiene loca.
—Está bueno, ¿verdad? Y el moreno con barba de tres días y collares de caracolas.
—Un pecado.
—Sí.
—Me encantan.
—Y a mí.

A Julieta y a mí nos gustan los hombres... en general. Pero unos más que otros. Los que no nos gustan, ni cubiertos de chocolate, son los metrosexuales. Si es que hasta el nombre de la tribu suena fatal.

Definir un metrosexual no es fácil. Es un pijo de última generación. Es un tipo presumido hasta el extremo, con un neceser más grande que el botiquín de la abuelita Paz. Es una enciclopedia andante de marcas, tendencias y modas. Es un hombre que se depila, se tiñe, se perfuma, se hidrata y se nutre. Es un individuo que va al gimnasio, tiene báscula en su cuarto de baño, come bifidus, gasta el espejo de tanto mirarse, adora ir de compras, se pirra por las joyas, se emociona viendo Titanic. Es como una mujer, pero no lleva tampax en el bolso (aunque es posible que lleve bolso). Es un plasta.

Es curioso que, en vez de liberar a las mujeres de todas las pesadas cargas de la “mujerez” hayamos decidido colocar todas esas cargas sobre las espaldas varoniles. Y es curioso que ellos, tan listos, se hayan dejado. ¡Angelitos!

Como ejemplo de metrosexuales nos citan a Brad Pitt, a Beckham, a Antonio Banderas. Resumiendo, para ser metrosexual, lo primero que hay que ser es guapo. Y rico. Manda huevos, aunque sean depilados.

La verdad es que no me imagino compartiendo mi vida con uno de ellos:

—Cariño, ¿qué me pongo? —diría él, o yo, o ambos que todo puede ser.
—Ponte algo cómodo.
—¿Cómodo? ¡Qué ordinariez!

En mi cuarto de baño ya no caben más cremas, ¿dónde pondríamos las suyas? ¿Sería su maleta más grande que la mía? ¿Tendría una tabla de calorías pegada a la nevera junto a mi lista de alimentos prohibidos? ¿Se comerá mi pechuga de pavo libre de grasas?

—Cariño, ¿no crees que me debería hacer unas mechas? Parece que tengo el pelo sin brillo, sin forma, ¿me recorto las puntas?
—Recórtate lo que quieras pero calla, que no me dejas ver CSI.
—Qué poco sensible eres, nena, me voy a poner una mascarilla.
—Eso, ponte una mascarilla o un bozal, lo que prefieras.

¿Se imaginan dormir junto a un tío con una crema de aguacate por toda la cara y dos rodajas de pepino en los ojos? Sólo de pensarlo se me erizan los vellos ( a mí todavía me quedan vellos susceptibles de ser erizados, no como a él, más depilado que la rana Gustavo) ¿Roncará un metrosexual? No lo sé, la duda me corroe.

No crean que esto es una oda al hombre oso, ¿eh? Que no es eso. Es sólo que, en fin, se están pasando. Además, si Beckham es metrosexual, ¿qué es Victoria Adams? ¿Centímetroasexual? ¿Pescadillasuperpijaosea? Me lo expliquen, oiga, que no me aclaro.

Además, ¿de donde viene eso de metrosexual? Con el sexo tiene poco que ver. Con el metro... no creo que sea una referencia al tamaño de su órgano amatorio (toma ya!!). Ni que viajen en transporte público subterráneo. ¿De que dónde sacaron el palabro? Es más, ¿de dónde sacaron el concepto? Es mucho más, ¿de dónde salió toda esa panda de petardos? Si mi abuela levantara la cabeza... la giraría para no ver hacia donde va el mundo.

¿Saben qué pienso? Que es todo un cuento chino que se han inventado los del Cosmopolitan para vender más revistas. O los de Lancome para vender más cremas. O los de la Pasarela Cibeles para vender más ropa. O quizá no, quizá es un concepto tan sublime que mi cerebro no alcanza a comprender. Bah, ¿a quien le importa? Me voy a limar las uñas, si es que tío Ra ya ha terminado con mi set de manicura.



sorue@divertinajes.com
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