22 de septiembre de 2004

El Fórum

He de reconocer que mi interés en el Fórum de las culturas no era demasiado grande. Vamos, que de no ser porque mi tío Ra es un hacha y había conseguido las entradas a mitad de precio, no hubiese ido.

Pero, claro, las entradas en el cajón de la mesita de noche, casi los últimos días de Fórum y ningún plan mejor para pasar el día...

—Qué, sobri, ¿vamos al Fórum?
—Pues vamos. Ea, no se hable más.

¡Qué desilusión! No sé exactamente qué me esperaba pero, fuera lo que fuese, no se parecía a la realidad. Nada se parecía a la realidad. La realidad del Fórum, perdonen que se lo diga, no sé cual ha sido

Digamos que, cubiertas de barniz de diseño catalán, se engloban, bajo un lema poco concreto (¿El Fórum de las culturas?) una serie de exposiciones y espectáculos que, te lo juro por Brad Pitt, no tienen nada en común.

—Qué cosas tienes. Está clarísimo el significado del Fórum.
—¿Ah, sí? A ver, listo, explícamelo.
—Tesoro, el Fórum ha sido, una... una plataforma mágica e interactiva que ha logrado conexionar las sinergias latentes en las diferentes culturas del mundo bajo un enfoque abierto y multirracial que utiliza como vehículo la comunicación y el diálogo, plasmado en diferentes expresiones artísticas personales y globales, con el mínimo común múltiplo de la tolerancia ante las diversas señas de identidad de los pueblos.
—¿Mande? Me lo repita, oiga. Ya te vale.

Las exposiciones tienen nombres sugerentes pero a mí me parecieron un poquito tomadura de pelo. La de esquinas del mundo es tan oscura que casi me dejo los piños en la de la 54 con la Quinta Avenida. ¡Jesús! No sabía yo que la modernidad estaba reñida con la iluminación. Hay unas maquetas gigantes de ciudades del mundo muy útiles para que los más pijos de entre los más viajados comenten a voz en grito (de tal manera que nadie deja de enterarse): “Ésa es la Torre Chrysler, cuando nosotros estuvimos estaba iluminada de Navidad”, “En ese parque de Tokio se nos paró en la mano un palomo japonés”. ¡Puaj! No sé de qué presumen si son como yo, que viajan en paquete turístico de Viajes Gavilán...

La otra muestra oscura hasta el tropezón es la de VOCES. Hay pantallas gigantes que combinan imágenes y voces que salen de no se sabe muy bien dónde y hablan idiomas diferentes e incluso extraños. ¿Sabes? A veces oigo voces... Daba miedo.

Muy solidaria la de Hiperactivistas. Imágenes y textos sobre las injusticias del mundo y las caceroladas de la gente de bien. Un poco rollo “flower power” pero bien.

Luego están las “étnicas”. Hay una dedicada a la cultura de transformarse el cuerpo. No, Julieta, no están ni Paula Vázquez ni Tamara (perdón, Ámbar). Salen técnicas y tradiciones de tatuajes, piercings, anillas colocadas en diferentes partes del cuerpo... Yo pasé, me daba dentera.

Hay más, pero me da pereza explicarlas, tanto a ellas como el efecto que me produjeron. Por fin, a media tarde llegamos a la exposición que más interés despertaba en mí y, por las colas, en el 99% del personal: Los guerreros del Xi’an. ¡Sólo había cinco! Pero qué poquitos, si en la tele parecía que había 5.000. Será efecto de los espejos, pero en realidad sólo hay 5... La mala suerte quiso que no funcionase el audiovisual explicativo de la historia de los guerreros, cómo se encontraron, etc. y pasamos directamente a ver los objetos expuestos. Muy bonitos, pero no entendimos nada. Además sólo había 5 chinos...

Para colmo de males, se levantó viento y, después de 25 minutos sentados a la intemperie esperando el espectáculo de los voladores, nos quedamos congelados y sin voladores. Hubo que suspenderlo por ser demasiado peligroso. Tan peligroso como estar sentado a la intemperie con un airecito marino del carajo.

Y, por fin, el espectáculo final, cuánta emoción contenida. Pues bien, el fin de fiesta consiste en ingenio mecánico gigante que se cierra y se vuelve a abrir mientras una música-ruido ensordecedor te penetra en los oídos y unos pobres y esforzados actores nadan hasta unas sillas que flotan sobre las aguas... Con todo mis respetos, ¡qué memez! No me gustó nada.

El caso es que, en las Olimpiadas de Barcelona, los grandiosos montajes de La Fura dels Baus, resultaron espectaculares, novedosos, sobrecogedores diría. Pero de eso hace 12 años, en ese largo periodo de tiempo las cosas han cambiado, la ciencia avanza que es una barbaridad, y, en el presente, no impresionan un pelo. Ya está bien de esa imagen como de Kevin Costner en Waterworld, todo oxidado, todo el mundo vestido de harapos... ¡Un poquito de por favor! No olvidemos que, en el 92, los teléfonos móviles eran más grandes que los “loros” que llevan los horteras a la playa. Si ahora los presentásemos como novedad, haríamos la risa.

Y yo no digo, Dios y el Alcalde Clos me libren, que el Fórum haya hecho la risa. Yo digo que no me ha gustado. A mi tío Ra tampoco mucho, ¿eh?, en esto sí que estamos de acuerdo. Ya se sabe, para gustos, los colores. Además, sólo había cinco guerreros, qué poquitos.



sorue@divertinajes.com
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