1 de septiembre de 2004

Hola, hola..... ¿cómo están ustedeeeeeeeeeeeeees?

Qué gusto volver a verles, tan descansados, sin ojeras, morenitos, llenos de energía... Las vacaciones es lo que tienen... que se acaban.

En todos estos días sin vernos, ustedes no se hacen idea de lo que se han perdido: Nada, no se han perdido nada. La vida sigue igual, como decía Julio Iglesias, cuando no sabía que la suya daría un cambio radical y se convertiría en padre de familia numerosa, rico a morir, con un hermano más joven que su nieto...

—¿Que la vida sigue igual? Será la tuya, bonita, que la mía ha dado un cambio radical.
—¡Julieta! ¿Pero tú no volvías la semana próxima?
—No, volví el domingo. Y volví nueva. Soy una Nueva Julieta.
—¿Sí? ¿Qué pasó? ¿Te enamoraste?
—Volví nueva, ricura, pero no boba. He cambiado de trabajo.
—¿En vacaciones?
—Pues sí. He estado en Fuerteventura, he conocido unos surfistas y me he asociado con ellos.
—¿Asociado? ¿Es qué sentido?
—Como la misma palabra indica, somos socios. Estas ante la nueva gerente de JUL-SURF, tablas, bañadores, zapatillas y otros accesorios necesarios para la práctica de este bonito deporte importados directamente de Hawai.
—¿De Hawai? Caray, pues sí que has cambiado sí. ¿Ya has avisado en tu oficina?
—Tan pronto como lo decidí le llamé por teléfono y le hice una pedorreta gigante al jefe.
—Y, ¿qué dijo?
—Dijo: Julieta, Usted sabe que yo no hablo idiomas.
—Y tú, tío Ra, ¿también has cambiado?
—Hola chicas, que alegría veros. ¿Cambiar? No, no mucho. Sólo de peinado.
New look, ¡cómo mola!
—¿Esa cara es de admiración?
— Sí, admiro el valor que le echas a la vida, que no te da vergüenza nada, ni siquiera salir a la calle con esos pelos.
—Y tu, amiga, ¿qué has hecho?

Os tengo que confesar una cosa. Yo no he hecho vacaciones. Sinceramente, adoro trabajar en agosto. Todos mis jefes se toman el mes de libre (eso quiere decir que, al menos de jefes, sí estoy de vacaciones), no trabaja nadie en ninguna oficina así que casi no suena el teléfono. En mi escalera quedamos dos, la del primero y yo: el ascensor siempre a mi disposición, sin esperas. Los cines están vacíos, puedo comer palomitas y hacer ruido si me da la gana. Los restaurantes con mesas libres cualquier día, el gimnasio como un solar (mis michelines a salvo de indiscretas miradas, ¡por fin!), en el súper hay tan poca gente que algunos pasillos dan miedo ( entre la soledad y los precios, pánico dan). En fin, que quedarse en Barcelona en agosto es un placer. Por favor, que no corra la voz.

No se crean, sin embargo que no tiene inconvenientes la cosa, ¿eh?, que alguno tiene. Por ejemplo, menos el Caprabo, todas las tiendas de mi barrio se quedaron cerradas. Me he tirado tres semanas comiendo sola (se suspenden las tertulias del comedor de la ofi por falta de personal). Mi madre, que sí está de vacaciones, no deja de llamarme para saber si estoy bien y recordarme lo maravillosamente que está ella. Me olvidé de recoger mi vestido favorito de la tintorería y me he pasado todo el mes sin él, snif. ¿Quieren saber la peor? Pues hago un punto y aparte, que tiene tela.

Lo peor ha sido lo de mi vecino de al lado, ese con el que comparto pared del dormitorio (cada uno en un lado de la pared, of course). El tipo, gran tipo en todos los sentidos, se despierta para ir a trabajar muy prontísimo todas las mañanas. Yo no. Él se ha ido el mes entero de vacaciones su apartamento de la Costa del Maresme. Yo no. Él se ha olvidado de quitar la alarma de su despertador. Yo, yo... yo cuando lo vea le mato. Sí señores, sí. 31 mañanas como 31 soles oyendo, desde las 05:30 hasta las 07:30 el tiruriru-tiruriru-tiruriru in crescendo del despertador de mi vecino, que esto no es vida ni es na. Primero suena bajito, tiruriru, pero, conforme pasa el tiempo sin que nadie lo pare, va cogiendo confianza el muy capullo y cada vez es más fuerte la sirena esa, cada vez más alto tiruriru, cada vez más adentro de mis tímpanos tiruriru, y suena más y más y más, tiruriru, y no puedes dejar de oírlo ni aunque te encierres en el cuarto de baño bajo la ducha, TIRURIRUTIRURIRUTIRURIRU AGHHHHHHHHHH, SOCORRO, QUE ALGUIEN LO PARE, POR FAVOR, QUE ME VUELVO LOCA....

Dos horas, señoras y señores que me leen, dos horas diarias con este suplicio, ¿es o no es pa matal.lo? Menos mal que terminó la tortura. O él ha vuelto o al despertador le ha dado una trismus de tanto esfuerzo. O ambas cosas...

El caso es que, fíjese usted, tengo las llaves de media comunidad: la del segundo primera para que les riegue las plantas, la del tercero tercera para que dé de comer a su canario, la del cuarto segunda para que le suba y le baje las persianas y encienda y apague la luz y simular que hay alguien en casa... Pero las del vecino del despertador odioso no las tengo. Y mejor, porque me conozco y, si tengo oportunidad de entrar en ese casa, despanzurro el despertador y me voy sin dejar huellas.

Es que a mí, madrugar, me sienta fatal. Bueno, bueno, bueno. Ya pasó todo, EA, y ya les tengo a todos aquí. Bienvenidos al mundo real. Afronten septiembre con alegría y, si al volver resulta que encuentran su despertador escacharrado a golpes, miren a su alrededor, no vaya a ser que yo sea su vecina de al lado...



sorue@divertinajes.com
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