21 de julio de 2004

Tele de verano

Cada año los primeros que hacen vacaciones cuando llega el verano son los programadores de televisión. Ellos son los que, con tal de no trabajar en verano, nos largan desde principios de julio hasta septiembre, tantos refritos que me sube el colesterol.

La práctica de poner capítulos de series de éxito que ya han puesto no es mala costumbre de estío únicamente. En realidad hay series que nunca dejan de emitirse, pero tampoco avanzan en el tiempo. Son un poco como Isabel Preysler, para quien tampoco pasan los años, pasa el bisturí.

Así pues durante todo el año ves las series de las que emiten dos capítulos en un continuo flash back, dando saltos del presente al pasado, como si estuvieras en una máquina del tiempo.

Esta sensación de círculos en el tiempo se acrecienta en el verano.

—Esa y la de tener calor.

Pues sí, ambas dos van cogidas de la mano. Que si te descuidas enganchas otra vez los primeros capítulos de Ana y los siete y se te giran las vacaciones.

Y no es esto lo peor, lo peor es que, los programadores deben pensar que los televidentes tenemos de vacaciones las meninges y la memoria y nos obsequian con zappings de imágenes del año 3 antes de Cristo, resúmenes de los mejores momentos de todos los programas (desengáñense, ningún programa tiene tantos mejores momentos como para llenar dos horas semanales durante dos meses), películas que ya pusieron (incluso varias veces), grandes galas tipo ¡Qué bonito es Murcia! (o Mallorca, Alicante, Calahorra...) con actuaciones enlatadas, homenajes a los grandes de la copla... qué hastío de estío.

—Pues no veas la tele —dice tío Ra sin despegar los ojos de una reposición de Las Mama Chicho—. Ahora, por ejemplo, estás leyendo el periódico tan ricamente.
—Estoy en las páginas de la programación.
—¿Qué ponen esta noche? ¿Algo nuevo?
—Sí, se cansaron de los mejores momentos y ponen los peores momentos de los reality show.
—Eso no me lo pierdo.

La veo, yo y miles de españoles, porque las terrazas de verano son carísimas, el cine es carísimo, los helados son carísimos y ver la tele es gratis. Incluso en verano.

Otro momento televisivo en el que, en verano, se nota que es verano es el de las noticias. Como casi no hay, sacan cualquier cosa que suceda. Todos los noticiarios parecen en verano el de La 2.

—Mira lo que dicen, consumimos en verano chiquicientos mil litros de horchata.
—Sí, y tropecientos mil kilos de chufas, qué interesante.

Pues eso. Así en verano nos hinchamos de ver imágenes de las playas de Benidorm atiborradas de sombrillas, consejos de qué hacer para evitar que los ladrones entren en casa durante tu ausencia, encierros de las fiestas mayores de todos los pueblos, surfistas en Hawai, tipos con los pies dentro de las fuentes de todas las ciudades en las que hay fuentes y, para ser originales, imágenes de los esquimales que ni se enteran de que es verano y continúan vestidos de esquimales.

—Muy negro me lo pintas.
—¿Qué quieres, tío Ra? Es la quintaesencia del verano en la caja tonta. Es lo que hay.

Es que no entiendo porqué se empeñan en ignorar a los que no estamos de vacaciones. Ni en hacer ellos mismos vacaciones tan largas como las escolares mientras los demás trabajamos.

Total que, como no pueden, simplemente, emitir menos horas, fabrican programas larguísimos hechos con trozos de programas ya muertos. Cogen los pedazos, los cosen con una pareja de presentadores horteras, sonriendo a tutiplén y ¡hala! A la hora de mayor audiencia que te lo cascan. Emiten el Frankestein de los programas, vaya. Y se quedan tan anchos.

Pero sin pensaban que nada podía empeorar se equivocaban. ¿Están preparados? Allá va:

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡VUELVE EL GRAND PRIX!!!!!!!!!!

Sí, Sí: Los bolos humanos gigantes, el globo en forma de patata caliente, las caídas en piscinas hinchables y, dirigiendo el cutrarro (fusión de cutre y cotarro), Ramón García, sin su capa, sin gracia alguna, sin nada nuevo que decir... ¿Será esto el motivo de las famosas cagaleras de verano? Será, no me queda duda.

¿Saben que les digo? Que me bajo a la puerta de la calle, con una silla, a ver pasar gente sentada a la fresca. Adeu, macos.



sorue@divertinajes.com
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