26 de mayo de 2004

El día de después

¡Uf, qué descanso, por fin se casaron! Ha sido algo parecido a cuando, tras un día largo y agotador, llegas a casa y te quitas los zapatos...

—Y el sujetador.

Pues eso, te quitas los zapatos y el sujetador y se te pone una sonrisita de placer previo al relax... Lo mismo con la boda. Ellos se han casado pero la que está feliz, pero feliz de verdad y relajada soy yo.

—Anda que no nos quedan príncipes para rato.
—Sí, realmente (pillan el doble sentido) También cuando llego a casa del trabajo me quedan todavía unas cuantas cosas por hacer pero, sin zapatos, parecen más llevaderas.

Lo cierto es que La Boda, fue un tostón, ¡manda bastos la que han liado esos dos para casarse! Y presumen de que se casan por amor. Pues como todos. A ver si Don Felipe se cree que los plebeyos nos casamos por fastidiar al prójimo. Nos casamos por amor y por el crédito que piden nuestros padres para pagar la boda, y, en eso, Usted y nosotros no somos iguales.

El caso es que, terminada la Boda, terminado el festival de Cannes, terminada la Liga, regresados los soldados de Irak, pues como que no sé de qué hablar. Nos hemos quedado sin emociones.

Según mi tío Ra, en el banquete le pidieron a Letizia que lanzase la liga y los del Real Madrid se tiraron en plancha a por ella, que parecían solteronas ansiosas en dura pugna por el ramo de la novia. Y al hilo de esto, yo me pregunto, ¿para qué quiere una virgen el ramo de novia? Y no me contesto, que sólo se me ocurren irreverencias.

A ver, que pierdo el hilo de la narración, ¿por donde iba? Sinceramente, ni yo misma lo sé. No quería hablar del real enlace y, ¡oyes!, como que no se me ocurre otra cosa. Claro, nos han sometido a este pressing mediático de nivel 16 en la escala de Richter y, ahora, una vez pasado el evento, nos hemos quedado huérfanos de imaginación y con una alfombra roja cruzando por encima de nuestras células grises. Y, en estas condiciones, yo no puedo hablar de otra cosa. Con alivio, lo reconozco, que la previa ha sido un coñazo.

Dicen que la gente no salió a la calle porque llovía... No sé yo. La gente, cuando sale a celebrar que el Madrid ha ganado la copa (que sea), o la recopa o la ultramegacopa, da igual que diluvie. Como si caen chuzos de punta. Los madridistas salen a la calle, y se mojan, y cantan y bailan y se lo pasan chachipiruli. El temita es que, salir a celebrar una boda real, pues, ¿qué quieren que les diga? Da corte. Que si qué me pongo, que si me cacheará la policía, que si a mi no me gusta la novia (léase novia léase novio, vestido, ramo, coche, padrino...). Además mola infinitamente más una celebración con cervezas y baño nocturno en la Cibeles que una celebración a plena luz del día con vallas, banderitas y periodistas a tutiplén. ¿A qué sí? Pues eso.

Menos mal que, a los novios, los han mandado a provincias y, allí sí, el pueblo soberano a la vez que plebeyo (mira tú la contradicción), se ha lanzado a la calle, a verles, saludarles y piropearles. Los príncipes se han pasado por Cuenca, Zaragoza, y otras ciudades del mapa y han “triunfao”. Es lo que tienen los bolos, que, en provincias, la gente es más agradecida y el resultado más colorido.

En fin, que estoy deseando que comiencen la verdadera luna de miel y desaparezcan de nuestros ojos por unas semanitas, nos lo merecemos. Es cierto que, de los viajes de novios se vuelve, el que avisa no es traidor, pero nos pillarán descansados. Es lo único que le pido a los periodistas, que nos dejen descansar.



sorue@divertinajes.com
Archivo
Volver
Imprimir