28 de abril de 2004

Mudanzas

Mi amiga Maruja Limón se sorprendía el otro día de que HOLA no tuviese en portada a Sonsoles y a José Luis recién instalados en La Moncloa.

—Se nota que llevas toda tu vida viviendo en ese piso de 90 metros cuadrados, bonita. A ver si te crees que, una semana después de una mudanza yo le enseñaría mi casa al país.

—La tuya ni a El País ni mucho menos al HOLA, mona, que es una buena birria tu casa nueva.

Lo que yo quería decir, Maruja, (nombre que, por algo será, rima con bruja, lo digo sin acritud, a mí porque no me gusta hablar), es que, tras una mudanza, la casa nueva se tira un par de meses llena de cajas y no es plan. Porque no creo yo que a Sonsoles y a ZP les haga gracia mostrar una primera imagen familio-presidencial rodeados de cajas, como si de una pareja en el almacén del Caprabo se tratara (o tratase). Las mudanzas lo que tienen es que lo pones todo hecho un asquito, con tanta caja, y tanta manta, y tanto trasto, que mira que tenemos trastos... a lo mejor “El Cambio” era esto...

... O lo otro. Que los Aznar también se han mudado (y demudado, sí, Julieta, tienes razón): del Palacio de La Moncloa al chalecito de Pozuelo, que no es lo mismo, es distinto. Nadie en su sano jucio habría bautizado Pozuelo a un pueblo con aspiraciones. Para los que no saben, no conocen, Pozuelo es el pueblo dormitorio donde los ricos, sobretodo los nuevos ricos, de Madrid se hacen un chalet. La verdad, el nombre no es nada pijo. Pudiéndole llamar Beverly Hills o Versailles, no sé quién se decidió por Pozuelo. Así que tengo dos explicaciones:

1. El que llamó Pozuelo a Pozuelo no sólo no estaba en su sano juicio sino que, además, estaba tarumba.

2. El que llamó Pozuelo a Pozuelo, era un cuerdo sin visión de futuro.

Y, sin embargo, las cajas no son lo peor de una mudanza. Al fin y al cabo, están cerradas, son cuadradas, de ese color marrón tan neutro que pega con todo y, en caso de apuro, como las hay de varios tamaños, nos terminan sirviendo para mesita de noche, mesita auxiliar delante del sofá (pon dos juntas, aumentas la superficie para apoyar los pies), mesita para la tele, taburete para el cuarto de baño y un largo etcétera (esto queda muy bien cuando no se te ocurren más ejemplos pero no quieres quedar como escritora de escasa imaginación y pocos recursos).

Lo peor de las mudanzas es limpiar. La casa a la que llegas está, por lo normal, sucia (La Moncloa y el chalet de Pozuelo también, pero no creo que se lo hayan limpiado ellos) así que te pones manos a la obra. Cuando ya está apañada, llegan los de la mudanza con sus camiones y sus poleas (en el peor de los caso, llega tu novio y sus amigos más unas amigas tuyas muy serviciales, con las furgonetas de alquiler, los utilitarios propios y buena voluntad) y empiezan a meter las cajas esas que ya conocemos. Al cabo de tres horas la casa está llena de bultos y, maravilla de las maravillas, llena de polvo de nuevo.

Ahora sí, hartita de fregar a mano, lo solucionas pasando el aspirador. Yo el mío, en mis múltiples mudanzas, lo pasé muy tranquila. Seguro que habéis visto en la tele el anuncio de mi aspirador, el aspirador de POLTI. Dicen que es perfecto para los alérgicos, porque se come el polvo, no lo remueve y, por eso, lo recomiendan los médicos, ojo al dato, “especialistas en salud”. ¿Especialistas en salud? ¿Qué quiere decir esto? ¿No son todos los médicos especialistas en salud?

—Los forenses no –mi amiga Julieta, que está en todo–. Esos son especialistas en autopsias y si te pueden hacer la autopsia es porque, de salud, no andabas muy bien.

Pues es verdad. De aquí deduzco que todos los médicos recomiendan el aspirador POLTI menos los forenses que recomendarán, no sé, el “RIGOR POSTMOLTI”, por ejemplo. (Vale, vale, el humor negro no se me da bien.)

Me pregunto qué aspirador habrá en La Moncloa. Quizá uno que aspire malos humos con un nuevo talante de “serenidaz”, je, je.

Otro que está de mudanza es Urdaci, ¿no? Pues espero que tenga un buen aspirador que le aspire... la caspa, que falta le hace.

Claro que, la mejor mudanza, seguro, es la de Felipe y Letizia:

Leti, reina, ¿dónde está mi uniforme de Príncipe de Asturias?

—Para eso rotulé las cajas, mi rey, busca en la que pone “CORONAS Y OTROS ACCESORIOS DE TRABAJO”.

¿Se lo imaginan? Sinceramente, yo tampoco.



sorue@divertinajes.com
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