24 de marzo de 2004

De la primavera y otras lindezas

Me levanté el sábado, tarde, para qué decirles otra cosa que no sería cierta, y, ¡voilà!, era primavera. Pero primavera del todo, ¿eh? Un sol, un cielo azul, unos cantos de pájaros, una temperatura, unos estornudos.... ¿Cómo puede ser que mi alergia se entere antes que yo de que ha llegado la primavera?

- Y eso no es nada –Julieta me explica-. Mi hermana tiene tanta alergia a la primavera que le comienzan los picores con los primeros anuncios de El Corte Inglés.

- Esos picores nos empiezan a todos. Tiene guasa que, en febrero, la primavera ya esté en los grandes almacenes, mientras en mi calle hace un frío que corta el cutis.

- Y que lo digas. Las maniquíes de El Corte Inglés de la Diagonal daban palmas y saltitos, a ver si se quitaban el pelete. Un frío del carajo y ellas conjuntadas en flores y muselinas.

- Y con pamela... Ser maniquí es un oficio muy duro. Sobretodo serlo de escaparate.

- Pero si son de plástico –Julieta me mira ojiplática.

- Pues por eso. Ellas cien por cien PVC y todo el día debajo de los focos esos que dan un calor y una luz. A mí me dan pena. Pero, lo que me llama la atención es que, vistas desde la calle, están impecables, con sus modelitos tope guays. Sin embargo, vistas desde dentro de la tienda, son un asco. Llevan toda la ropa cogida con alfileres e imperdibles para que se les queda “arrapada” al cuerpo.

- ¿Arraqué?

- Arrapada, que dicen los catalanes: Dícese de la ropa ajustada a tu cuerpo con o sin imperdibles.

- Tienes razón, yo también me he fijado. Vistas desde dentro parecen bollos preñaos.

- ¿Bolloprequé?

- Bollos preñaos: Dícese de los bollos con relleno.

- Y ¿qué tiene que ver eso con la primavera?

- Pues hija, que me voy a mi pueblo y los comeré, como cada primavera.

- Tu capacidad para relacionar ideas sin conexión aparente es una maravilla.

- Es una virtud, bonita.

- Si tú lo dices.

El caso es que la primavera, como cada año, ha aparecido en nuestras vidas y nosotros todavía en franelas y calcetines de lana, qué poco glamour. Veo los escaparates y me dan pampurrias. En realidad lo que me da pampurrias es pensar que debo empezar a sacar a la luz mis carnes, mi piel blanca, mis venillas varicosas... No crean, para mi edad no estoy nada mal, pero claro, los años de una son los años de una.

- No como los años de Sara Montiel que son los de unas cuantas multiplicados por dos... cientos.

- Sí, Julieta, pero a Saritísima lo de la primavera le importa un rábano. Ella va siempre vestida de odalisca. Y a las odaliscas no les afectan las estaciones.

- ¿Las obeliscas llevan abrigo de visón? –Pregunta mi tío Ra, que acaba de venir de comer en un Burguer King y se le escurre el colesterol por la barbilla.

- Las odaliscas no. Saritísima lleva abrigos de visón, de zorros y de leopardo si es menester.

- Y joyas, muchas joyas.

- Y uñas, muchas uñas de colores.

- Toda ella es una explosión de alegría primaveral.

- Y más o menos.

Pero por qué hemos terminado hablando de la Montiel si estábamos hablando de mis timideces primaverales. Será porque las famosas son a nuestras conversaciones lo que la miel a las moscas: Atracción fatal. Y pegajosa.

En resumen: Prepárense. Ha llegado la época de los versos cursis, las comuniones, las chaquetas rosas estilo chanel, las primeras quemaduras solares, el cambio de hora, la alegría sin razón aparente, la melancolía sin razón aparente, las flores, las escapadas al campo. Disfruten la primavera, y sean felices, por favor.



sorue@divertinajes.com
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