24 de diciembre de 2003

Vale, vale, Feliz Navidad

“Eso es el síndrome”.

Es el veredicto de mi tío Ra tras oír la retahíla de males que me aquejan. “¿Te pitan los oídos, ves luces que se encienden y se apagan, tienes dolor de pancha y dolor de pies? El síndrome, está clarísimo”.

Mi tío se refiere al síndrome navideño, padecido por toda la gente de buena y mala voluntad en estas fechas. Oímos tantos villancicos y pseudo villancicos que nos pitan los oídos. Los adornos luminosos de las calles, de El Corte Inglés, del mercado, de la consulta del dentista, de casa de tus vecinos,... los adornos luminosos navideños en fin, se graban en nuestras retinas y, en la soledad de nuestros dormitorios ¡los continuamos viendo, incluso con la luz apagada, incluso con los ojos cerrados!

Y ¿qué me dicen del dolor de pies que provocan los continuos pisotones que nos dan en las aglomeraciones del sábado tarde en el centro comercial? Eso por no hablar de la acidez que producen los dulces navideños (sobre todo los malos, es decir, los de la cesta de la empresa). O la boca permanentemente abierta que se te queda cuando te dicen el precio de los langostinos, de la Barbie equilibrista, de la Play Station...

Se pone enfermo hasta el más pintado (que suele ser el que hace de Baltasar).

Y eso no es todo. ¿Algo gracioso que decir a la invasión de Christmas virtuales, animados y con sonido? No hay mañana, te lo juro por los renos de Papá Noel, que no abra el correo electrónico y no aparezcan doscientas felicitaciones con muñecos de nieve, abetos de Navidad, estrellas celestiales, copos de nieve y otras tonterías de la época. Estoy más harta...

Si a eso añadimos que este año tampoco me ha tocado el gordo (ni el flaco), pa rematar la jugada, se entiende que esté medio pachucha, ¿o no? Pero, ¿qué suerte nos va a dar esa mala imitación de Yul Brinner, con guardapolvo negro, soplando a la nieve en un Madrid de la posguerra? Pues ninguna. Ese anuncio, más que ilusión me da como miedo, con esas haditas aladas que revolotean y se llevan el gordo a una casa en el campo, ¡bah! Paparruchadas.

Lo que mola más es el cuento de Navidad que corre este año por el Reino Unido (jamás será vencido, je, je). Parece ser que unas cámaras del circuito cerrado de vigilancia del palacio de Hampton Court han filmado la imagen de una figura con aspecto de señora, vestida de un modo rarísimo, como del siglo XVI, que salía por la puerta de emergencia.

- ¿Por la puerta de emergencia del castillo? –pregunta Julieta que nunca se entera de las cosas a la primera.

- Por la puerta de palacio, Julieta.

- Qué más da palacio que castillo. Pues no sé de qué presumen. En España tenemos lo mismo en el gobierno y no presumimos. Tenemos una Señora de Palacio, con aspecto femenino y extraños ropajes, y una Señora del Castillo, tres cuartos de lo mismo. Y ambas dos deberían de salir, aunque fuera por la puerta de atrás.

- Pero qué ocurrente Julieta, yo es que me troncho. La fantasma británica tenía una cara que no parecía humana...

- Mejor me lo pones.

- ¡Julieta, por todos los dioses! Los ingleses han gastado una broma de mal gusto para hacer creer que eran personas reales.

- Afortunados ellos. Lo nuestro son personas reales y a todos nos gustaría pensar que son una broma de mal gusto.

Esto no está quedando muy navideño que digamos pero, qué caray, Julieta, como el fútbol es así.

Y es que me supera lo del espíritu de la Navidad. Ya lo siento, ¿eh? Que dicen que es muy bonito, pero a mí me pasa con la Navidad como con el arte moderno, que no lo entiendo. Y como no lo entiendo, no me implico. Y como no me implico, no me gusta. Y como no me gusta, me molesta. Y como me molesta, no le hago caso. Y como no le hago caso, no lo entiendo.

- Tú es que eres una desarraigada –mi tío Ra, de nuevo. Es peor que la Amenaza Fantasma este tío mío-. No te gustan las Navidades, ¿verdad?, pero los regalos sí que te gustan.

- No te jode, soy desarraigada, pero no boba. Los regalos me encantan, sobre todo los que no me espero, como la regularización del recibo de la luz, que estará a punto de llegar.

- Mira que hablo con Papá Noel y con los Reyes Magos y les digo que eres una descreída y que no te traigan nada.

Tengo que hacer un hueco en mi agenda para explicarle al tío Ra el asunto ese de Papá Noel y de los Reyes. De paso le nombraré a la cigüeña y al ratoncito Pérez, por si acaso tampoco sabe de qué van esos cuentos.

No quiero amargarles las fiestas, ¿eh? Coman, beban, bailen y brinden. Compren y regalen. Hagan colas, saquen la vajilla de los domingos, reúnan a la familia. Vayan al cine con los niños, decoren el belén, pongan el árbol. O si no, disfruten. Lo que ustedes prefieran siempre que sean felices.



sorue@divertinajes.com
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