8 de septiembre de 2003

¡Y vuelta a empezar!


Banderín de enganche
Si a alguno de ustedes le suena la frase “Septiembre, el mes de los niños en El Corte Inglés” es que alguno de ustedes es de mis tiempos. Si además recuerdan la avioneta que pasaba la última semana de agosto por las costas españolas, con el lemita de marras en banderola, amargándonos a todos los niños del momento el momento, quiere decir que veraneaban cerca de donde yo lo hacía. (Es posible que también recuerden los helicópteros que lanzaban pelotas de Nivea...) Qué tiempos aquellos.

Toda esta nostalgia de los veraneos de mi infancia se debe a que cada vez soy más consciente de que las cosas, incluso las que parecían inalterables, cambian. Y no siempre para mejor. (“Ya lo creo, y hay que ver como se estropean los cuerpos”. Es Julieta, que ha venido de Estepona hecha una fiera). De hecho, septiembre ya no es más el mes de los niños. Que los niños comiencen el curso es secundario (excepto para los niños y para sus aliviados progenitores. Para ellos es materia preferencial).


¡Señalar está feo!
Ahora septiembre es el mes de los adultos: Vuelta al curso, sí, pero al político. Los ministros dejan sus lugares de veraneo, léase Menorca, finca en Toledo o chapa-playa del norte y vuelven al ruedo aunque sea a dimitir... o a ascender, que de todo hay. Los telediarios se han llenado de nuevo de sus caretos circunspectos, de sus figuras cabizbundas y meditabajas. ¡Dan más pereza que sacar la basura! Tras casi cuatro semanas de paz ministerial, de nuevo en las tertulias de las radios se oye hablar de crispación, de la intención de voto de los ciudadanos, del candidato (Rajoy... Rajoy... Rajoy... ¿dónde está la novedad?).

Ahora septiembre es el comienzo de la liga, ¿qué digo?, Dios me perdone, de la Mejor Liga del Mundo. Aunque ellos han seguido saliendo en la tele todo el verano, sobre todo él, el inconmensurable Beckham quien, cual reina de las fiestas, inauguró la competición con un gol de honor. Han empezado todos, ¿eh?, los grandes de primera y los pequeñines, es decir, los ricos y los pobreñines, aunque en un tris estuvimos de que no. Lástima, hubiera estado bien un septiembre sin fútbol, ¿verdad amiguitas?

Pero esto son niñerías. Lo verdaderamente importante en este mes es que empiezan, por fin, las colecciones por fascículos. ¿Que no las han visto? No me lo puedo creer, ¡si es como una epidemia a plazos! Cuando bajé al kiosco el lunes pensé que lo habían quitado y habían puesto en su lugar un contendedor de plásticos y cartones. Estaba lleno de colecciones de todos los tipos, cada una en su estructura de cartón cuatricolor y envuelta en papel de celofán:


Cualquier cosa
- Sra. Merçé, (la dueña del puesto de prensa de mi barrio) ¿está por ahí?
- I tan nena, estoy detrás del primer fascículo de Cascos de guerreros, probándome el de Alejandro Magno. No, reina, al otro lado, a la izquierda del primer fascículo de la Mariquita Pérez y su vestido de ir a las carreras.
- ¡Ah sí, ya la veo! ¡Qué susto! ¿Y el Sr. Joan (el marido de la señora Merçé) no está con usted?
- Ahí anda, colocando la primera entrega de Dedales del mundo, primer fascículo y el dedal del sastrecillo valiente, 1,95 €.

Dioses, el kiosco parece un todo a cien... por fascículos.

Los hay de todo lo que nos podamos imaginar e incluso de cosas que jamás hubiéramos imaginado y si no, fíjense en los anuncios de la tele: Colecciones de abanicos, de coches lujosos en miniatura, de cutrecoches de andar por casa (también en miniatura), de gafas de sol, de muebles para casas de muñecas, de plumas estilográficas (de imitación), de relojes de pulsera de las distintas épocas (también de imitación)... Como dice mi tío Ra, “un método carísimo de ir acumulando basura con una periodicidad mensual”. Mi tío Ra tiene sangre de estadista, y se le nota en sus afirmaciones. Eso sí, con todas ellas te regalan el mueble para colocar los cacharricos. Un detalle, se mire por donde se mire.

A estos que, claramente no sirven para nada, unimos los de siempre, los didácticos, los que, sinceramente, tampoco sirven para mucho: La primera lección de Hacer punto de cruz es fácil y una aguja enhebrada; clases de inglés, francés, alemán y ruso (ración de ensaladilla típica de regalo); los Cómo hacer bellos mosaicos, calcetines de perlé o encajes de bolillos (Primer fascículo y un bolillo, 1,25€)... Aquel de ustedes que conozca a alguien que aprendió a tocar la guitarra con una colección por entregas que levante el dedo. (Que no, Julieta, que no le daremos un donut, no seas plasta).

No sé por qué me extraña el tema si la vida entera es por entregas, por capítulos, con diferentes periodicidades: Ustedes me leen (al menos, yo les escribo con esa intención) una vez por semana. Pagamos la hipoteca una vez al mes, la contribución una vez cada semestre, y a Hacienda una vez al año. Y ni siquiera nos dan el mueble de cajones para poner las facturas.

Ahora mismo bajo donde la Sra. Merçé a que me apunte a la colección de Huevos de Pascua y me reserve mi huevo cada semana.




sorue@divertinajes.com
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