11 de agosto de 2003

Pollo a la Pantoja


¡Maruja!
Dice Julieta que Maruja Limón es como su ginecólogo (¿alta y calva?, ¡Dioses!), que trabaja allá donde los demás disfrutan. Y lo dice ella porque no es lo mismo ir a la peluquería y, mientras te suben las mechas, con la cabeza envuelta en papel de albal, echar un ojo, o los dos, a las revistas del corazón y comentarlas con las compañeras de trance, que, por obligación y para luego explicárselas al personal, bajar todos los jueves al kiosco del Domi, y leerse de cabo a rabo las susodichas revistitas. Porque, entre ustedes y yo, ¿leen las revistas o sólo miran las fotos? Ahí quería yo llegar. Para leer revistas rosas no hace falta ni saber leer, que decimos que las leemos cuando sólo las miramos, y, a veces, con aprensión. Sin embargo, Maru las lee todas, enteras, y si no, a las pruebas me remito.

Aprensión es la que me produce a mí, vaya usted a saber por qué, ver a la Pantoja de la manita de don Julián. Y es que hay más fotos de la parejita que hongos en las duchas de la piscina municipal y, si un par de ellas se toleran, dieciséis mil o más, dan caguera.

No es que me importe con quién se da el pico la Pantoja, allá ella con sus hábitos higiénicos. Es que, no me vayan a decir que no, Don Julián da un poco de grima. Y más grima da verles a todas las horas, de todos los días, que parecen los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él, como decíamos de pequeños, paseando su enamorada madurez por calles y plazas, ayuntamientos y romerías, como si fueran los únicos tipos que se acuestan juntos del planeta.


¿Gil Kong?
Y éramos pocos y parió la abuela. Como la calaña moral y política del amado de Isabel, no es para tirar cohetes, apareció King Kong, digo Jesús Gil, y dijo que el menda era un matado cuando llegó a Marbella y que confiese cómo ha hecho el dinero y que, para alcalde corrupto, ya estaba él, que por eso le sacaron, bla, bla, bla, bla. Y, sorprendemente, que un ladrón llame ladrón a otro me provoca un desasosiego nada normal, ya que no sé si no debo desconfiar porque estará mintiendo o si debo desconfiar el doble. Si hay alguien del que Jesús Gil opina que es un corrupto y un aprovechado imaginen el nivel al que debe serlo. Se me asustan hasta las meninges.

Y luego llegaron los socialistas, con Barbie cirugías a la cabeza, diciendo que ahora apoyaban a Gil, cuando antes le odiaban, en su lucha contra Julián Muñoz quien, a su vez, opinaba cuatro cosas mas de la panda de “rojos” con la que el altísimo le castiga y, para relajarse, coge de la mano a su novia y se va a pasearse por el Lecturas, el Hola, el Corazón de verano y similares, que de algo tienen que vivir los periodistas del órgano palpitatorio.

Y es que mezclar política y corazón no da buen resultado. Que se lo digan si no a los periodistas de Salsa Rosa que vieron cómo King Kong y el Chulo de Mi Barrio, se decían de todo menos bonito, parapetados detrás de sus respectivas barrigas y bigotes. Que parece mentira, Julián, que, después de trabajar con Gil tantos años, todavía no sepas que miente más que alienta un tocino y, sobre todo, que con él no se puede discutir, no hablemos ya de dialogar, porque sólo habla él, y se pregunta y se responde y siempre se da la razón.

Que no, que no. Que no se puede mezclar el culo con las témporas, la política con las relaciones amorosas, y si no que le pregunten a Clinton lo que le ocurrió por mezclar la política internacional con la becaria intersideral, o así, que se armó la gorda (nunca mejor dicho) y todo por un quítame allá esas pajas (nunca mejor dicho).

Pensándolo con la cabeza (envuelta en papel albal), la política no combina bien con casi nada. Recuerden lo que pasó también en EEUU por mezclarla con el séptimo arte, que tuvieron a Reagan de presidente.

¿Y Palito Ortega? El famoso cantante que nos deleitaba con aquella de “La felicidad, ah, ah, ah, ah, me la dio tu amor, oh, oh, oh, oh” a finales de los sesenta o así. Hoy es gobernador de un estado argentino. Cualquier comentario está de más.

En Italia, tan gastrónomicos ellos, han mezclado la política con el embutido y ha salido Berlusconi, el increíble primer ministro chorizo.

¿Y la celebérrima segunda dama concejala? Ésa resulta de mezclar... todo, de mezclarlo todo.

La política, señores, corrompe lo que toca. El último y definitivo ejemplo: A una madre, lo más tierno y entrañable de este mundo, le unes la política y sale... ¡UNA SUEGRA!

Y es que, volviendo al tema que me estomaga, yo creo que a la Pantoja, estos amoríos de administración pública le enturbian. No, a ella no. La verdad se la ve resplandeciente cual zagala ilusionada. La que sufre es su imagen. Hasta ahora, Isabel podía salir sin peinar, engordarse unos kilitos, ir de compras en chándal, pegar a los fotógrafos, poner espantosos restaurantes, inventarse novios, escribir libros de cocina sin dominar ninguno de los dos artes... en fin, podía hacer lo que le venía en gana que siempre alguien le sacaba la cara: "Pero es un pedazo de artista", "Tiene una sonrisa que parece la de un ángel", "Pobrecita, con todo lo que ha sufrido en esta vida". Cada una de sus meteduras de pata se perdonaba. Pero esto es diferente: Isabel alcaldesa, como que no.

Y, claro, lo mismo le sucede a él. Uno puede pertenecer al partido político más turbio del país, enriquecerse con el dinero de todos (bueno, antes de todos, ahora de él y unos colegas), dar licencias o quitarlas, vaya usted a saber, y poner la mano, deshacer familias... pero mancillar el buen nombre de nuestra folclórica por excelencia, de la viuda de España, eso no, por ahí no pasamos. Con lo guapo y lo buena gente que era Paquirri.

En fin, Pilarín, que ya lo he dicho. Me he desahogado y liberado mi alma de este peso. Así que, tranquila de conciencia y espíritu, me bajo a las Ramblas a beberme una horchata, que al verano aún le quedan algunos calores.




sorue@divertinajes.com
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