14 de julio de 2003

Para gustos están hechas las sandías de colores

Definitivamente nada es lo que era. Ayer mi tío Ra compró una sandía y, al abrirla, ¡era amarilla! El hombre estaba horrorizado:

- Pero Tío Ra, ¿por fuera era normal, verde y redonda, quiero decir?
- Claro, de las de sin pepitas
- Sandías sin pepitas, Jesús, ¿y por dónde se las sacan?
- No sé, pero a la mía por algún sitio inconveniente porque se puso amarilla.

Y no, señoras y señores que me leen (o eso espero). Es que, ahora (quizá haya sido siempre, y yo me he enterado ahora, Las cosas que no conoces es como si no existieran, ¿no? ) hay sandías amarillas. Verdes por fuera, amarillas por dentro y sin pepitas, como diseñadas por Ágatha Ruiz de la Prada.

“¿Pero tú no has visto las sandías cuadradas que cultivan los japoneses?”, me pregunta mi amiga Julieta. “Las hacen cuadradas para que se almacenen mejor”. Qué gran idea y qué gran contradicción. Lo lógico, si es que todo esto tiene alguna lógica, sería que los japoneses inventaran las sandías amarillas y los alemanes las cuadradas. Además, hubiera sido más fácil inventar las cajas apilables redondas... o no, vaya usted a saber. No debe ser tan sencillo si todavía no las ha inventado IKEA.

Para los que estén interesados les cuento, y con esto termino mi historia sobre sandías con ictericia, que, las sandías amarillas son una variedad de sandía de color impactante y dulce sabor, según he leído en la revista del mes de Caprabo. Mira tú que cosa. Y que quedan guay en una ensalada de frutas.

Por eso les remito al primer renglón, nada es lo que era.

En el momento que abres una sandía y te llevas esa sorpresa comprendes que el mundo cambia a gran velocidad. El domingo pasado, sin ir más lejos, una joven peatona fue severamente reprendida ante mis atónitas narices (pequeñas y respingonas, pero atónitas en ese momento) por una abuela conductora que casi la atropella en un paso de cebra:

- ¡Señora, que esto es un paso de cebra!

- ¡Qué poca educación, jovencita! ¿No te enseñaron en la escuela que hay que ceder el paso a los ancianos?

La jovencita se quedó tan amarilla como la sandía. Pero a mí me surgió la duda. Las normas de educación y sus jerarquías. Me explico, por si no me entienden, con unos ilustrativos ejemplos:

- ¿Quién tiene derecho al asiento del metro un anciano o una embarazada? Un, dos, tres, responda de una vez

- ¿Puntúa más, educacionalmente hablando, una abuela conductora que un joven peatón? A los hechos me remito.

- En caso de naufragio, mujeres y niños primero, eso está claro. Pero, dentro de este subgrupo de “seres débiles”, ¿primero las niñas (por cumplir los dos requisitos de debilidad, luego los niños y luego las mujeres, o viceversa?

- Antes de entrar, deje salir. ¿Esa norma se mantiene en el caso de que la entra es una embarazada (o una anciana, o un abuelito) y la que sale no? (o sí, pero todavía no lo sabe)

- Los varones jóvenes y sanos, ¿no tienen nunca preferencia para nada? (aparte de para encontrar trabajo y cobrar más, por ejemplo)

- Cuando los mayores hablan los niños se callan. ¿Incluye esta norma al señor que nos lee el periódico todas las mañanas a voz en grito en la parada del bus de mi calle, comentando todas y cada una de las noticias? Es que me tiene hasta el gorro, oyes.

“Piensas demasiado -mi amiga Julieta de nuevo- y eso te confunde. El mundo cambia tan deprisa que ahora, ante cualquier circunstancia, tiene preferencia el que llega antes, y trato preferencial el que más paga”. Ella es un pozo de conocimiento de la vida cotidiana. “Y también de horas de cola en los puestos del mercado, bonita –apostilla-, que, como no espabiles, se te cuelan hasta los que no están, seas embarazada, terceraedadhabiente o mediopensionista”.

Cómo se pone Julieta cuando se trata de reivindicar su sitio en la cola del ultramarinos. Es que da miedo.

Resumiendo, que es gerundio, y a mi se me acaba el tiempo. Que en el colegio se volverán locos cuando, a los niños les enseñen las frutas, con todas estas novedades. Cuando les expliquen los colores, deberán tener cuidado con los ejemplos que pongan, ¿no es cierto? Y, ahora, entiendo porque ya no les enseñan educación cívica, porque todos tenemos la picha hecha un lío. Y si quieren más ejemplos, salgan a la calle y miren. Y ya verán.




sorue@divertinajes.com
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