7 de julio de 2003

Si es que van como motos

Como dicen en los medios, estos días Barcelona era una fiesta. Entre el desfile del orgullo gay, la concentración de Harleys y el concierto de los Rolling, no había en toda la ciudad nadie que no tuviera ganas de jarana. Y el colorido que estas cosas dan a la rutina diaria. Normalmente, y a pesar del verano, los barceloninos son sobrios en sus maneras de vestir, en los colores, en los adornos. Estos días no quedaba nadie con ese aspecto: plataformas, pelucones, mallas... barbas, bigotes melenas, tatuajes... vaqueros, camisetas con la lengua fuera, Levis de toda la vida, pelos como esturriados. Un look para cada acto, un acto para cada look.

Tengo un amigo (en realidad no es amigo mío, sino de mi tío RA, mucho más en esta onda por la edad que gasta) que no se ha perdido ninguna de las tres fiestuquis, y ha pasado de la bandera del arcoiris a Satisfaction y de ahí al pañuelo pirata y las greñas con toda soltura, sin arrugarse. Entre otras cosas porque, quien está en la onda de celebrar los 100 años de la moto y los 60 de Mick Jagger, probablemente ya se arrugó todo lo del mundo. Y porque, sin duda alguna. divertirse alisa el alma, ¿o no?

Julieta dice que los Rolling son como caricaturas de ellos mismos y que a ella, el guitarrista le da miedo. La verdad es que pinta de buena gente como que no tienen con esos pelos, esas delgadeces, esas arrugas que no las arreglan ni todos los serums con cerámida del Sr. Dior... Dan un poco de miedo es verdad, pero, sobretodo, lo que dan es envidia. Nacieron cuando no existía la gimnasia y dan unos saltos y se pegan unas carreras a grito pelao que ya me gustaría a mí. Bueno a mí, a Julieta y a casi todos ustedes.

Lo de los moteros es otra cosa. Allí lo único que se mueve con ligereza son las máquinas. Los conductores (no todos, ¿eh? algunos están de buen ver y mejor tocar) tienen unas barrigas cerveceras que parecen mochilas puestas delante. Eso sí, entusiasmo no les falta. Y las motos relucen más que la vitrocerámica de mi madre. Estuve a punto de parar a uno y preguntarle con qué limpiaba su burra. Con esa peña, el mayordomo del algodón se frustaría para siempre. Además no dejan de tener un toque tierno estos melenudos, algo trasnochados, con sus señoras detrás y la prole en el sidecar rugiendo Ramblas arriba, Ramblas abajo.

En cuanto al desfile del orgullo gay, ese sí que mola. Una alegría, una juerga, un coraje, unos tacones, unos tipazos... ¡Señor! ¡Qué músculos gastan los colegas! Y a la última moda que van... me frustro más que el mayordomo. Hombres, mujeres y algún indefinido, a ritmo de salsa, reivindicando lo que debería de ser un hecho, pero con una marcha que vaya, vaya. Además, momento Maruja Limón, ¿no se fijaron nunca que los travestis y las Dragqueens no tienen celulitis? Yo sí me fijo y, sinceramente, me da una rabia...

Y con todas estas emociones se me olvidó la llegada a Madrid de Beckam y me la perdí en la tele. ¡Mi madre! Esta sosada del fútbol se pone interesante. El chiquillo ya pasó la revisión médica. Los doctores que lo examinaron dijeron que estaba delgado y que tenía buen físico. Pues vaya, si me hubieran preguntado a mí habría dicho exactamente lo mismo, y más, sin estudiar una carrera de 6 años. ¡Animalico! Lástima que no haya venido a jugar a Can Barça, lo que sería coincidir con la Spice Pija en la cola del Caprabo, una locura.

Una vez vez terminados los días de excesos, la ciudad recupera su normalidad y, cuando estábamos a punto de amuermarnos comienzan las rebajas. Pero eso será, si es que la autora lo considera oportuno, motivo de otro mail.




sorue@divertinajes.com
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