23 de junio de 2003

Barcelona es molt bona

¿Saben? Yo, hasta hace poco tiempo, vivía en un pueblo. Nacer no, nacer nací en capital, de provincia, pero capital. A lo que iba, que vivía en un pueblo. En un pueblo turístico en la costa, eso sí, que es un pueblo casi normal pero con mucha arena, mucho tipo rubio en bermudas, muchas sandalias con calcetines y mucho mar. Bueno y el tren, que pasa por el medio cada dos horas. El mío es uno de esos pueblos en los que en invierno no hay nadie y, en verano, desearías que no hubiera nadie. No sé si saben lo que les digo.

En general, la vida de pueblo carece de todos esos inconvenientes de la vida urbana que la hacen tan atractiva: en un pueblo no hay atascos, ni coches... casi ni calles. No hay aglomeraciones a la puerta de El Corte Inglés, pero tampoco hay Corte Inglés. Puedes salir a la calle con cualquier trapo y, menos mal, porque la boutique se las trae. Nunca te sientes solo, todos tus vecinos te conocen y tú conoces a todos tus vecinos... incluso a los que querrías no haber visto en toda tu vida. Cuando sales de trabajar no tienes ninguna necesidad de ir corriendo a hacer miles de cosas... porque no hay nada que hacer. Mi amiga Julieta dice que aburrirse por aburrirse, mejor en un pueblo, que parece que no es culpa tuya, sino de la carencia de lugares de diversión. Ella es así de sencilla.

Por todo eso y porque la vida es así, te pongas como te pongas, hace unos meses me trasladé a Barcelona. Ahora soy feliz sumida en atascos casi continuos, manifestaciones en contra de esto y de lo otro, paseos por la Villa Olímpica, las obras del tranvía, las vueltitas en Golondrina, los andamios del Barcelona posat guapa, los 35 minutos de transporte público de mi casa al trabajo.... soy feliz con cualquier cosa, ya me ven.

Este sábado último decidí aprovechar la tarde para culturizarme. No sé, un cine, un museo, un teatro, hay de todo acá. Compré La Guía del ocio, bueno, La Guia del Oci, me senté con un café en un idem y empecé a ojearla.

Lo primero que llama la atención es el volumen, ¡si parece el listín de mi pueblo! En realidad, en mi pueblo también había guía del ocio, era una cuartilla, tamaño DIN A3, a una sola cara y doble espacio, suficiente para poner el horario de misas.

La de Barcelona, bueno, son palabras mayores. Hay tantas cosas para hacer que corres el peligro de no decidirte en toda la tarde y no hacer nada. De hecho, el primer sábado que la compré empleé todo el fin de semana ¡en leerla! ¡Mare de Deu! Para que luego digan que los catalanes son aburridos, mentira y gorda. (Julieta, que, como ya sabemos, siempre tiene algo que decir, dice que los catalanes no visten de gris por aburridos, sino por modernos. Aquí hay tema para otra disertación. Me lo reservo)

Unas cuantas decenas de museos y exposiciones varias, sesenta y tantas pelís, casi cien chows nocturnos para adultos, espectáculos para niños... No me inspiraba. Cartelera de teatro, ahí quería yo ir a parar. Y me paré, ya lo creo que me paré. Entre los infalibles (y, a veces infumables) teatros alternativos, algún clásico, las comedias de toda la vida, y los monólogos. (Por cierto, tras el éxito de 5hombres.com, ponen 5mujeres.com. ¿Qué será lo próximo? ¿5caniches.com? Encima el temita de los cinco monólogos, monólogas, en este claro caso, es: ¿Por qué los hombres duran tan poco? -¿Y las óperas tanto?, añade Julieta, que no pierde comba-. Es verdad, seguro que duran más algunos monólogos que algunos hombres...) A lo que iba, que pierdo el hilo, entre toda esa oferta encuentro dos opciones que me hacen dudar, me alucinan, me dejan ojiplática:

Monólogos de la vagina. Pero qué coño me dices... (Perdonen el chiste tan fácil como inevitable). Una vagina parlante... muy útil, aunque diría que pelín engorrosa. Claro que la mía, si pudiese hablar, no tendría muchas cosas que decir, la verdad, porque hablar a lo mejor, con un buen entrenamiento, hablaría, pero, para contar miserias, mejor estarse callado, ¿no? Cuando no pasa nada, no hay nada que contar. Y punto pelota. Además, y rizando el rizo.... púbico. ¿De qué monologará una vagina? ¿De por qué los hombres duran tan poco? No, eso debe ser secreto genital, ¡pero qué ocurrrente estoy hoy! Si ella les contara... dejaría de ser la Sonrisa Vertical para convertirse en la Mueca de Decepción Horizontal. O no. Y es que la vida es muy dura, incluso para las vaginas parlanchinas. Rectifico, incluso más para las vaginas parlanchinas.

Y lo último, lo increíble, lo inconmensurable........ ¡Marionetas del Pene! ¿Es acaso un monólogo nuevo? NOOOOOOOOOO. Es un performance, una representación, TEATRO con mayúsculas. Son dos tipos que, con sus “cositas” (¿qué quieren? ¡Estudié en colegio de monjas, yo!), hacen formas extrañas, y te las enseñan en pantalla gigante. Espero que no sea lo único gigante de todo el espectáculo (sería más propio decir “espectápolla”, ¿no?). Más o menos como la vida real, se ayudan con las manos para lograr lo que no logran con ... Bah, déjalo Emilia, que te pones obscena. Marionetas del pene. Yo he visto algún pene que daba risa, eso sí... En la foto salen dos tipos con sombrero y gabardina (mira tú, qué disfraz de exhibicionista callejero tan total. En realidad, es lo que hacen, se abren la gabardina, y te la enseñan mientras se la tocan... Emilia, que te pierdes) En mi guía ponen que, con ellas, hacen formas como, por ejemplo, la Torre Eiffel. (¿Cómo? ¿Con una buena base pero estrecha por la punta?), la Torre de Pisa (¿Toda torcida, como la de los toreros?), una hamburguesa (¿rápida y poco satisfactoria, como la comida basura?)... ¡Lo que no inventen los americanos!

Lo que sí está claro es que, las dos representaciones, son un real reflejo de la real realidad: mientras nosotras hablamos (diciendo tonterías), ellos actúan (haciendo gilipolleces).

¿Saben qué les digo? Que me voy al Zoo a ver a Copito de Nieve.

Adeu, hasta la próxima semana.




sorue@divertinajes.com
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