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Desde la sexta fila

Bamba & Lina

El policía de las ratas


EL POLICÍA DE LAS RATAS

Autor
Roberto Bolaño

Dirección
Àlex Rigola

Intérpretes
Andreu Benito y Joan Carreras

Producción
Teatre Lliure y Heartbreak Hotel, en colaboración con Teatro de La Abadía, Temporada Alta, La Biennale di Venezia y Trànsit Projectes

Teatro de la Abadía
Hasta el 23 febrero

La opinión de Bamba

Adaptar a Bolaño no debe ser fácil. Sin embargo, Àlex Rigola ya salió airoso de la adaptación de 2666, un proyecto mucho más ambicioso que este El policía de las ratas, un thriller que el chileno ideó inspirado por Kafka (Josefina la Cantora o El pueblo de los ratones).

Todo es desnudez en escena: dis sillas, dos micros, dos actores vestidos de negro. Y un cadáver enorme, el de una rata gigantesca.

"Me llamo José, aunque la gente me llama Pepe el Tira", se arranca Andreu Benito, dolido y sobrio. Un indignado, que pasa a narrarnos su peripecia detectivesca que, como en toda buena novela negra (incluso una protagonizada por roedores), es una inmisericorde crónica social. A su lado, Joan Carreras, con su dicción precisa, luminoso en todos los personajes que le sirven de contrapunto. Hacen de ratas... y nos vemos reflejados en ellos.

Es un ejercicio teatral extraño, desde luego. Y en mi opinión no del todo satisfactorio. Pero la angustia que transmiten aún me dura. Y confío en que, llegado el caso, haya un Pepe el Tira cerca, para no dejarse convencer, para no dejar de indagar.

La opinión de Lina

La rata del cartel me hizo dudar sobre la conveniencia o no de asistir a la representación, una valoración absurda por mi parte, lo reconozco. Si bien, el chillido lanzado por una espectadora despistada en respuesta a la visión del monstruoso cadáver en cierto modo me reconcilió conmigo misma.

Una rata que acaba siendo todas las ratas, perdidas por un sinfín de túneles que no son más que un único agujero.

La muy sentida actuación de Andreu Benito me resultó excesiva, quizás porque me hizo recordar inmediatamente una actuación similar del mismo actor en una obra diferente, tanto como me maravilló la versatilidad de Joan Carreras que trae a escena un dispar manojo de personajes casi casi simultáneos.

Podría haber sucedido algo más, por eso tardamos en aplaudir. Si no hay final claro, si no cae el telón… la oscuridad no es suficiente, la claque debe irrumpir con entusiasmo y rapidez.




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