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Los viajes

de Sara Gutiérrez

Pompeya y Herculano

OTROS DESTINOS


POMPEYA 

Si como era mi caso, te hospedas en Nápoles, vale la pena madrugar por dos razones: primera, es un placer pasear por el empedrado pompeyano sin multitudes (enseguida comienza a llenarse de grupos); segunda, todas las horas de las que dispongas son pocas para curiosear en el escenario de una vida frenada en seco hace casi dos mil años. Un testimonio de excepción: las cartas de Plinio el Joven a su amigo el historiador Tácito.

Pompeya está llena de templos y grandes mansiones, de lugares de ocio y comercio; lo que no hay en Pompeya son cadáveres sorprendidos por la lava ni en las calles ni en los hogares. No sé de dónde había sacado yo que vería la desesperación agarrada a marcos de puertas y ventanas, retorcida en lechos de piedra. Apenas un par de calcos (moldes de yeso ideados por Giuseppe Fiorelli cuando dirigía las excavaciones en 1860) humanos y uno canino, expuestos en un depósito enrejado de tinajas y demás restos, muestran el efecto de la lava.



Sabiendo que muchos edificios de los que aún siguen en pie estaban siendo reconstruidos cuando el Vesubio escupió todo lo que escupió, porque un terremoto acababa de derrumbarlos, te preguntas:  ¿qué puede empujar a la gente a permanecer en un terreno evidentemente peligroso? Pero te lo preguntas allí. Y duermes esa noche a los pies del Vesubio. Y al día siguiente subes hasta su cráter… Permaneces allí, planificando volver, preguntándote una y mil veces por qué no abandonaron su tierra con el primer temblor.

A medida que avanza la mañana, la animación vuelve a las calles de Pompeya. No son políticos en campaña, ni sirvientas que vuelven del mercado, ni damas que se refugian en la casa de baños, ni artesanos que apuran un bocado en el bar… son turistas que lo miran todo, que lo tocan todo, que lo comentan todo, que lo fotografían todo. Es otra vida, pero vida al fin y al cabo, y sigue bullendo en Pompeya

Me tienta coger el plano y recordar aquí cada uno de los edificios y su historia…

 


…pero en lugar de extenderme en palabras me explayaré en imágenes:


Uno de los muchos bares de la ciudad, todos abiertos en las mejores esquinas. Y verificador de monedas tallado en las barras.


Paso de cebra.


Pintadas electorales en la fachada de una casa.


Lupanar.


Casas de baños y gimnasios para hombres y para mujeres.


Frescos, muchos frescos en las casas.


Mosaicos, muchos mosaicos en las casas.

Y templos, públicos y particulares; y teatro, grande y pequeño; y circo; y...


Cementerio.


Y muchos perros hay en Pompeya, muchos. Sueltos, y petrificados, con cara de amos.

HERCULANO

Herculano, más pequeño que Pompeya, es hoy prácticamente un parque en el centro del Herculano vivo, actual.

Aquí, que no esperaba ya calcos, me sorprendieron las decenas de ellos que en los almacenes de la playa recuerdan a los muchos herculanos que tratando de huir de la desgracia por el mar murieron allí sepultados. Un amasijo de cuerpos sobrecogedor.


Fotos alalimón de Eva Orúe y mías

 

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