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¡Ese libro era mío!

Editores enREDados

El crimen que no cometí

por Paul Viejo, editor de La Palma

I. La escena


Recuerdo perfectamente la fecha del crimen que no cometí, 10 de octubre de 2007, y recuerdo también el lugar donde no sucedió, el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Dos amigas nos habían reunido ahí con una buena excusa y daré sus nombres para que vean que no oculto las pruebas: Viviana Paletta y María Moreno, que acababan de fundar Veintisiete Letras, habían logrado secuestrar al escritor argentino Andrés Rivera y celebraban, con alevosía, el éxito de su plan presentando un libro suyo. No, no crean que Profundo sur fue el detonante de mi enajenación...

II. Los testigos


¿De verdad piensan que podía haber cometido algo así con tanta gente a mi alrededor? Recuerdo bien, de entre las doscientas personas que podía haber allí, unos cuantos rostros sospechosos. Les doy algunos nombres por si quisieran interrogarles también a ellos: Juan Casamayor (por entonces mi jefe en Páginas de Espuma y ahora -siempre mejor- mi amigo), Enrique Redel (de Impedimenta, amigo que -siempre mejor- nunca ha sido mi jefe) conspirando con su compinche Javier Cambronero (de UDL y con el tiempo cómplice nuestro también), la coordinadora de esta sección (a quien no nombraré por miedo a las represalias) que se unió a los dos anteriores, el escritor Javier Sáez de Ibarra (Propuesta imposible) hablando con la escritora Ana Rossetti (memoricen este nombre). No sé si estaba también Pepo Paz de Bartleby, pero -por ahora- no importa. Sí recuerdo también a una periodista guapísima de una televisión digital que nunca llegó a arrancar, creo. Y más gente. Mucha más, pero estoy seguro de que ninguno sospechaba lo que no llegó a ocurrir...

III. Un cómplice

No querría que lo inculparan de nada. Él ni siquiera llegó a tener noticia de mis horribles pensamientos, al menos hasta esta confesión, pero sí fue partícipe, desde luego. Javier Vela y yo llevábamos ya unos meses maquinando ese acto delictivo que consistía en retomar el proyecto de Ediciones La Palma. Sabíamos ya de sobra que, en esta nueva andadura, La Palma no publicaría sólo poesía como había hecho desde hace años, sino que en una misma colección tendrían cabida textos de diversa índole: poemarios, sí, pero también ensayos literarios, libros misceláneos, textos escritos en español y traducciones, poemas del siglo XVII o artículos de prensa. Sin hacer distinción entre géneros, sin hacer distinción entre los vivos y los muertos. Los vivos y los muertos...

IV. El desencadenante

Todo el mundo aplaude a Rivera, y no sólo por ritual, sino porque de veras fue impresionante. La gente se levanta. Se forman grupos. Alguien, claro, dice de ir a tomar una cerveza. Ana Rossetti se me acerca para confesarme: Acabo de terminar un libro de poemas...

V. Algunos antecedentes

Durante el año 2004 realicé, codo a codo con su autora, la edición de La Ordenación (Fundación Lara), el volumen que reunía toda la poesía de Rossetti hasta la fecha. Un trabajo arduo pero sumamente gratificante con el que aprendí, entre otras muchas cosas, a sospechar del escritor que afirme que “nunca dejará de escribir”.  El conjunto se cerraba con un conjunto de poemas dispersos e inéditos y el libreto de una opera (¿alguien pone en duda que pueda ser poesía?), pero el último de los libros publicados en esa edición que recogíamos era Punto umbrío, que databa de 1995 y que, en el momento del crimen que no cometí -es decir, el día que todo el mundo aplaudió a Andrés Rivera- suponían para Ana Rossetti más de 10 años sin publicar poesía. Me consta que, apenas, sin escribirla. Empiezan a entender, ¿verdad? Por cierto, la Fundación Lara, al menos en su faceta de editorial literaria, ha muerto. Yo no tuve nada que ver en eso, yo no la maté...

VI. El crimen

Lo dije. Dije: ese libro es mío, o ese libro tiene que ser mío, no recuerdo. No, no lo dije. Sólo lo pensé. También pensé en la periodista de la televisión nonata, pero, ¿puede solo el pensamiento  ser culpable de algo...?

VII. Lo que ocurrió realmente

Si de lo que se me acusa es de haber fantaseado con la idea de publicar el nuevo libro de Ana Rossetti, pueden hacerlo, porque al menos durante unos minutos fui culpable. Si es de haberlo imaginado dentro de la colección que estaba a punto de nacer, adelante, acúsenme, porque lo veía en ella. Insisto, al menos durante unos minutos, tal vez unas horas, quizá una noche. Pero todo ocurrió de otra manera. Fue más o menos así:

Ella: Acabo de terminar un libro de poemas...
Yo: …

(Y mientras   pienso al mismo tiempo en que eso es todo un acontecimiento, en que me alegro de verdad mucho, en qué irá a hacer con él, en que encajaría perfectamente en nuestra colección, en que “ese libro es mío” o “ese libro tiene que ser mío”, en que, espera un momento, Viejo, en serio que esto es algo importante, ese libro tendría que ser importante, en que nuestro proyecto estaba realmente empezando, en que un nuevo libro de Ana Rossetti después de diez años no se merece la incertidumbre de un proyecto por nacer, en que debería publicarlo una editorial ya asentada, en que ese libro debería tener la repercusión que se merece, en que ni se lo propongas, Viejo...)

Ella: ...y estoy muy contenta.
Yo: …
Ella: …
Yo: Sí...

VIII. El cuerpo del delito

Se llamaba Llenar tu nombre...

IX. El culpable


Meses después, cerca de la Feria del Libro de Madrid, la chicas de Veintisiete Letras secuestraron  nuevamente a un autor imprescindible llamado Carlos Cortés. Reincidentes, vamos. Por esas fechas también, la colección de poesía que dirige Manolo Rico para Bartleby publicó el Llenar tu nombre del que se me quiere acusar. Ya durante la Feria yo mismo me acerqué a comprarle un ejemplar a Pepo Paz (el mismo que no sé si aplaudió a Rivera). Recuerdo que pagué y sonreí. Sonreí por ver ese libro, que en algún momento codicié, publicado en una colección digna de elogio, en la que uno puede toparse con traducciones de los libros más importantes de la poesía contemporánea y, al mismo tiempo, con el descubrimiento de nuevas voces. Entonces supe que había hecho bien callándome...

X. La resolución

Alguna vez pensé que ese libro es mío, pero, de verdad, es un crimen que yo no cometí...

Algunas propuestas de La Palma


El minuto y el año
Antonio Cabrera

El minuto y el año reúne un conjunto de textos en prosa aparecidos en prensa entre octubre de 2003 y septiembre de 2006, en los que se combinan con asombrosa naturalidad el ensayo y la prosa poética. Antonio Cabrera (Premio Loewe y Nacional de la crítica) configura de este modo su personal "historia de la eternidad" por medio de un lenguaje elíptico y níidamente introspectivo, desentrañndo las claves esenciales de un universo simbóico en pleno proceso de expansión.

 


Pierrot lunar
Albert Giraud
Traducción de Luis Alberto de Cuenca 

A día de hoy, el Pierrot lunar goza de una paradójica notoriedad gracias a la pieza homónima del prestigioso compositor austríaco Arnold Schönberg, compuesta en 1912. Este volumen, en edición bilingüe incluye  los veintiún rondeles inspirados en el marco de la commedia dell’arte que Schönberg empleó para su obra

 


Cuerpos
Miguel Florián

En Cuerpos, Florián nos aproxima al luminoso universo de la experiencia erótica mediante una colección de textos en prosa que aúna la fuerza reconcentrada de su mejor poesía con una lucidísima reflexión filosófica. Una escritura tensa y vibrante a medio camino entre el aforismo y el diario íntimo, e inscrita en la mejor tradición del pensamiento poético contemporáneo. 

 

 

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