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Pantumaca

Sara Orúe

Tan jodidamente


No estamos ni a mitad de semana y ya se me acumulan las noticias en la cabeza.

—Eso es porque tienes el cerebro pequeño. Y digo el cerebro, porque la cabeza salta a la vista que es más bien grande.

Todavía con el eco de la infutación de la impanta...

—La imputación de la infanta querrás decir.

Fíjense, que todavía me dura la conmoción. Todavía, decía, con la sorpresa, empezábamos esta semana expectantes pero, ya se lo digo, no preparados para estas noticias.

El martes fue de locura, venga de titulares en los periódicos, que si se muere Sara Montiel, que si se muere Margaret Thatcher

—¿Quién se ha muerto,  mami?

A mi hijo de 6 años 6, lo de la muerte le fascina y acojona en la misma proporción

—Dos señoras  muy conocidas.
—¿Conocidas por quien?
—Por todo el mundo.
—Caray, serían importantes.
—Bueno… uf… digamos que, cada una en su estilo, sí.
—¿Eran muy mayores?
—Sí
—¿Cómo de mayores? ¿Más que la abuela?
—Sí, más que la abuela.
—Pues ya tocaba lo de morirse, ¿no?
—Eeeeeeeeh… vete a jugar, anda cariño.

Casualidad  irse a morir las dos, la Dama de Hierro y la Dama del Puro, el mismo día. Porque,  salvando las distancias, esto me recuerda a cuando se murió Farrah Fawcett, que todos dijimos ¡Uala! Y lo comentamos, y lo hubiéramos seguido comentando, pero  va y se muere Michel Jackson, con lo que ya de la pobre Farrah no se habló más, ¿se acuerdan?


Pues eso, que Saritísima era mucha Sarítisima y ella sí ha aguantado el tipo y casi ha empatado con la Thatcher en portadas y necrológicas en la prensa española.

Y, entre estas dos noticias, salta la liebre.  Urdangarín se pira a trabajar a un país del Golfo.

—Al  Golfo, qué propio
—No seas mala Julieta.
—Perdona bonita, pero el malo es él. Presuntamente, un golfo apandador.

Parece que el Rey ha hecho un par de llamadas y le ha conseguido trabajo al yerno. ¡Cuánta gente querría poder decir esto hoy en día! Y, ya puestos, se lo ha encontrado muy lejísimos.

Total, que el muchachote se va a Catar a Qatar, que de todo lee una en los periódicos.

—¿Ande?
—A Catar.
—Pero, ¿ese no es un país islámico?
—¿Y?
—Manda huevos que no puedan comer jamón pero sí contratar chorizos.
Tío Ra que te pierdes.
—Mientras no se pierda Urdangarín.

Se marcha a entrenar a la selección de balonmano de Catar. Claro, con su pasado...

—¿Hay ser sospechosos de delitos varios para entrenar a los equipos de Catar?
—Me refiero a su pasado como deportista de élite.
—Ya me extrañaba a mí.

Creo que es la persona adecuada  para ese trabajo. El físico le acompaña, desde luego, no  olviden que  era  jugador de balonmano. Tan alto, tan atlético, con esas manos tan grandes…

—… y tan largas…

Parece que, más que de entrenar, se responsabilizará de las relaciones institucionales.

—En su salsa, vaya.

Todavía no se sabe si, cuando termine el curso escolar, su mujer y sus hijos se trasladarán a vivir con él o si se quedarán en Barcelona. Que no quiero pensar la de viajes en primera que vamos a pagar entre todos. En fin.

Cuando pensaba que nos daba la semana un respiro, me entero de que ha muerto Sampedro. Y esto sí que lo siento, de verdad, de corazón, porque, aunque era todavía más mayor que las dos señoras muy mayores, aunque, como dice Juan, lo de morirse ya tocaba, pues era un gran tipo.

Y luego ya, pues más de lo mismo: que si Camps era inocente, que si los escraches son caca, que si Jordi Pujol Jr. movía dinero por el mundo con más salero que usted mueve su cucu… Vamos, que si alguien me pregunta cómo van las cosas, emularé a Don José Luis, y contestaré:

—¡Tan jodidamente!





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