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Errata

Evaristo Aguirre

NY, 1916


Como corresponsal del diario ABC, llegó Julio Camba a Estados Unidos, a Nueva York, en 1916, y allí escribió una serie de artículos en los que reflejó sus impresiones sobre el terreno, artículos que dieron lugar a un libro, Un año en el otro mundo, que se publicó en 1917 y que ahora recupera Rey Lear, con un prólogo del periodista, también conocedor de aquel país, Ignacio Carrión

A Julio Camba (1884-1942) ya le dedicamos una Errata antigua, cómo no, pues es uno de esos buenos escritores que pese a no estar en la primera fila del canon de la corriente dominante son muy representativos de la manera de escribir y de pensar de una época. En el caso de Camba, su trabajo como periodista hace que esa representatividad tenga más peso. 

Este Un año en el otro mundo me ha recordado al libro de Enric González sobre su experiencia en Nueva York como corresponsal. Con casi un siglo de diferencia, la actitud de Julio Camba se parece a la de González, pero el Nueva York de 1916 era, al menos para un español, “otro mundo”, como reza el título. Mientras que los textos de Enric González estan dirigidos a unos lectores a los que se les supone el conocimiento de las principales particularidades de los estadounidenses y de su sociedad, Camba comenta cuestiones básicas, como la importancia del dinero, las prisas, los rascacielos… 

Los artículos este libro ponen sobre la mesa todos los tópicos que sobre Estados Unidos en general y sobre Nueva York en particular han circulado a lo largo de todo el siglo XX, tópicos no solo manejados por los extranjeros sino lugares comunes utilizados en el cine, la música popular, el cómic o la literatura hechos en EE.UU. Camba juega con los tópicos a veces con una mirada despreocupada, otras con un cierto toque conservador, pero lo hace con el elemento fundamental de su literatura, el humor. Hay quien dice que estos escritores (Camba, Jardiel Poncela…) están relegados precisamente por el humor, percibido desde la ancestral gravedad de la cultura española como indicio de superficialidad, de frivolidad. Pues sí, en este libro hay un toque de frivolidad y unas maneras superficiales (o al revés), y es una de sus claves, porque en origen fueron artículos para leer en el periódico del día, ese que luego va a la basura, aunque la muestra, casi irrefutable, de que tienen contenido y cierta profundidad es que leídos casi cien años después se conservan muy bien. 

Y nos volvemos a ver el 31 de agosto…  

eaguirre@divertinajes.com




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