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Pantumaca

Sara Orúe

Flashes navideños


He leído que el regalo estrella de estas Navidades podría ser una cámara de fotos digital con sensor de sonrisas.

—Y eso qué es lo que es.
—No estoy muy segura, entiendo que, cuando el fotografiado sonríe, la cámara se da cuenta y dispara.
—¿Y lo mata por sonreír?
—No hombre no. Le hace una foto.
—¿Por sonreír?
—Joer no, por sonreír no, digamos que aprovechando que sonríe.
—Y cómo funciona.
—Ni idea.
—¿Medirá la longitud de la boca y, cuando aumente, ¡flash!, foto que te crió?
—Quizá.
—O cuando vea en medio de una cara de color carne una fila de cositas blancas, ¡flash!, foto que te crío.
—A lo mejor.
—O… o…. no se me ocurre ningún otro sistema para que una máquina  identifique una sonrisa. Sí, sí, uno más. Cuando los ojos se achinan, ¡flash!, foto que te crió.
—Puede ser, pero no lo sé Tío Ra, no me rayes con esto.
—Esto no. Si fuese así a los chinos no dejaría de hacerles fotos.
—Si llego a saberlo no te lo cuento, que pesadito te estás poniendo.
—Claro que si es por el color de los dientes, el que tenga ortodoncia lo tiene difícil.
—De verdad Tío Ra, déjalo ya, por favor.
—Al final va a ser por el tamaño de la boca, fijo. Claro que, ¿Y Julia Roberts?
—VALE. STOP. ALTO. Jesús, que cruz.
—Bueno sobri, hay que ver como te pones por un comentario de nada. ¿Sabes qué te digo? Que si no quieres conversación no saques temas.

Lo que me faltaba por oír. Menos mal que estoy inundada de espíritu navideño y no pienso enfadarme por nada.


—¿De veras?
—De veras Julieta, estos son días de paz, amor y regalos, jejeje. No conviene enfadarse con la peña.
—Pues sabiéndolo te digo mucho más tranquila lo que he venido a decirte.
—No me asustes.
—Que no es nada bobona. Es sólo que el top de lentejuelas que me prestaste para mi fiesta de Navidad de la empresa…
—Se ha quemado.
—Noooo.
—¿Manchado?
—Nooo.
—¿Roto?
—Que no, no seas plasta.
—Uf, menos mal. Continúa.
—Perdido. Se ha perdido.
—¿Has perdido el top que llevabas en la fiesta? Pero cómo se puede ser tan torpe.
—No te preocupes. La última vez que lo vi estaba en perfectas condiciones.
—Eso me tranquiliza… JULIETA, dime qué pasó.
—Nada mujer. La chiquita de contabilidad que estaba dándome la matraca toda la fiesta con lo bonito que era el top y se lo quiso probar.
—¿Y?
—Pues que me metí en una cabina del lavabo de señoras y ella en la de al lado. Me quité el top para que se lo probara y ella… salió corriendo.
—¿Huyó?
—Sí, con mi top.
—Perdona bonita, salió corriendo con MI top. Y tú, ¿qué hiciste?
—Poca cosa, estaba desnuda de cintura para arriba… Hasta que entró Adela, la de compras, le conté la historia y me trajo el abrigo no pude salir, ni hacer nada.
—Bueno, pero esa contable graciosilla estaría fuera esperándote, ¿no? Sólo habría sido una broma.
—Va a ser que no. Se había marchado.
—¿Y no te lo puede llevar a la oficina?
—Se ha despedido.
—¿No hay dirección, teléfono o algo?
—Nada de nada. Missing total.
Julieta, te mato.
—¿Y tu espíritu navideño?

Agggggggggggg, qué poco me gustan estas fiestas…




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