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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Back to basics


Con casi dos años de retraso y precedida por el relativo éxito de Mi nombre es Harvey Milk llega a las carteleras españolas Paranoid Park, una de las películas en las que Gus Van Sant, el director de Mala noche, se adentra nuevamente por los senderos de la experimentación lingüística y el retrato de una juventud desorientada.

Incluida, algo a la ligera, en el bloque de obras que forman Elephant, Last Days y Gerry, todas realizadas con pocos actores y presupuesto, Paranoid Park es, seguramente, la más brillante de todas en su disección de los males que acechan a la sociedad estadounidense contemporánea y en el equilibrio entre sus ambiciones y logros artísticos.

De nuevo, un escenario muy querido por Van Sant: los institutos de enseñanza media donde esos jóvenes mimetizan los peores valores de una sociedad enferma, y nuevamente una propuesta formal anti-narrativa apoyada en un esquema argumental más o menos coherente (aquí basado en una novela policiaca de Blake Nelson), que se desorganiza para que el relato adquiera su forma obsesiva y logre su sentido dentro de la mente de los actores. En esta ocasión el protagonista absoluto es Alex, un joven squater, hijo de padres divorciados, que ve su vida solitaria desbaratada cuando mata accidentalmente a un guarda de seguridad después de una noche de juego.

Van Sant de nuevo combina imágenes hiperrealistas con otras de carácter onírico, aunque su apuesta es más contenida que en otras ocasiones y logra hacer un nudo en la garganta del público con ese diario íntimo de un adolescente embotado intentando dar sentido a un suceso que marcará su vida para siempre, pero que él no puede contar a nadie. La cámara se encandila por igual con las escenas semidocumentales de esos jóvenes patinadores en acción que con el deambular de Alex por las casas, los caminos, los parques de cemento y los pasillos del colegio donde estudia y descubre el sexo y la muerte con una extraña frialdad y desapego.

La incomunicación, la pandilla, la búsqueda de afecto y la violencia soterrada en la sociedad norteamericana contemporánea son algunos de los temas de esta pequeña, pero bella y estremecedora, fábula sobre el asilamiento espiritual, la alienación y la pérdida de la inocencia.





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