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Los viajes

de Sara Gutiérrez

Drottningholm y otras visitas inexcusables

OTROS DESTINOS  

Antes de echar el cierre veraniego quiero (y debo) terminar mi particular recorrido por Estocolmo.

Un paseo entre museos


Skeppsholmsbron

Después de la obligada visita al National Museum, en el que esperaba más muestras del famoso diseño sueco, cruzamos el puente a la pequeña isla, otrora base naval, en la que se asienta el Moderna Museet diseñado por Rafael Moneo. No echamos menos tiempo contemplando los barcos habitados y sus buzones en tierra, y bordear la isla para volver al mismo puente por el que habíamos entrado ofrece un interesante paseo.


National Museet         -        Moderna Museet       -          Östra Brobänken

De biblioteca a biblioteca


Tunnelgatan

Buscando una biblioteca circular que nos habían recomendado visitar caímos en la Biblioteca Nacional y valió la pena, primero porque me gusta ver cómo respira el mismo ambiente en diferentes lugares, segundo porque tiene una sala de esas que gusta contemplar. La otra biblioteca, la que nos habían recomendado, era la Pública de Estocolmo, y también valió la pena acercarse a ella. Avanzamos por un túnel peatonal entre calles que supongo muy apreciado en invierno y no evitamos el lugar en el que Olof Palme fue abatido por un tirador aún desconocido; cuando por fin alcanzamos la puerta del edificio circular quedamos en su umbral un buen rato, la imagen de los miles de lomos perfectamente alineados es de postal.


Biblioteca Pública de Estocolmo

En busca del diseño soñado


DesignTorget

No encontramos diseño abundante en los museos ni sorprendente en las tiendas, es lo que tiene la globalización. En cualquier caso, merece la pena darse una vuelta por los bajos de la enorme Casa de la cultura en Sergels Torg.

El Ayuntamiento


Ayuntamiento de Estocolmo (Salón dorado)

Porque cada 10 de diciembre se convierte en salón de banquetes para la entrega de los Nobel, porque ofrece buenas vistas de la ciudad, porque celebra bodas de segundos codiciadas por parejas del mundo entero, por lo que sea, el Ayuntamiento de Estocolmo merece una visita, y allá nos fuimos.

Tiene una Sala Azul que es en realidad rojo carmín porque una vez acabada el arquitecto decidió que era absurdo tapar el hermoso color de los ladrillos, tiene una escalera en cuyo diseño pesó más que cualquier otra cosa el afán de resaltar la elegancia de quienes hubieran de bajarla, tiene unos mosaicos mutilados porque midieron mal el espacio de la pared y llegaron al techo antes de completar el dibujo que allí debían plasmar… ¿Tiene o no una visita? Es realmente divertido.

Drottningholm

Al lado del Ayuntamiento embarcamos hacia el Palacio de Drottningholm, residencia privada de la familia Real sueca, en cuyos jardines descubrimos dos verdaderas joyas: el teatro y el palacete chino


Palacio de Drottningholm

El Teatro Real se mantiene prácticamente igual a cuando fue construido a mediados del siglo XVIII. Es más, por los riesgos de incendio se sustituyeron las velas por bombillas y cuando están encendidas oscilan cual verdaderas llamas. Además de seguir con atención la visita guiada es interesante ver el vídeo que en sesión continua emiten en la tienda de regalos que hace las veces de taquilla, no os digo nada si además podéis asistir a una de las representaciones que allí tienen lugar…

¿Os imagináis levantaros el día de vuestro cumpleaños y encontraros en el jardín —quien lo tenga— un palacete chino como regalo? Pues eso es lo que le ocurrió a Lovisa Ulrica en 1753 por ocurrencia de su enamorado esposo el rey Adolfo Federico. La alegre casita de dos plantas que hoy se visita es una reconstrucción de 1760, y forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Aunque no tenga más valor que el de la curiosidad, os recomiendo asomaros al pabellón que frente al Palacete hace las veces de comedor. En él, un precario pero ingenioso sistema de elevadores permitía a la familia Real cenar completamente a solas sin prescindir del servicio.


Tienda de vigilancia       -      Palacete chino       -      Pabellón de las confidencias

Este fue el Estocolmo colorista que viví en primavera, del cubierto de blanco os hablaré cuando lo vea, a ver si puede ser este mismo invierno.

 

La mayoría de las fotos las hizo Eva Orúe; el resto, yo. 

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