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Errata

Evaristo Aguirre

Sin asomo de duda


Está bien eso de mirar al mundo y a sus habitantes, y por ello a las ideas de estos, con la superioridad de quien lo tiene todo claro. Esa es la sensación durante la lectura de Herejes, de G.K. Chesterton (El Acantilado, con traducción de Stella Mastrangelo), un libro en el que refuta algunas ideas coetáneas del autor de índole político, moral e intelectual.

Conservador, británico y católico converso, Chesterton (1874-1936) es un escritor brillante, ingenioso, inteligente, ocurrente, sutil, seguro (y un poco pagado, también) de sí mismo. Y todo esto (conservador… ingenioso, etc.) lo deja claro en cada una de las páginas, casi en cada frase, de los pequeños ensayos que componen este volumen. Y esto es un tanto molesto, la verdad, pero no deja de ser la marca de la casa, pero no le resta interés y disfrute al recorrido de las argumentaciones, durante las que hay que pararse, de vez en cuando, para decir: “cuánta razón tiene el condenado”, aunque media página después vuelva a irritarte con una de esas fintas dialécticas que le podrían servir para lo que asegura o para lo contrario.

Cuando cierras Herejes, apenas puedes recordar (hablo de mí, ¿eh?) los argumentos, ni las ideas rebatidas (exagero un poco)… pero eres consciente de que has asistido a una demostración de agilidad intelectual de la que se puede aprender mucho. Y sientes un poco de envidia de alguien que tiene tan pocas dudas.

eaguirre@divertinajes.com




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