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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Caramelo académico


Ganadora del Oscar a la mejor película extranjera, Despedidas es un irregular melodrama dirigido con soltura aunque también con cierto academicismo por Yojiro Takita.

Estamos ante la azarosa historia de Daigo, un violoncelista en paro que encuentra trabajo como amortajador, lo que despierta sentimientos contradictorios en él mismo y en los que lo rodean. Lo peor de Despedidas es que se apoya en un guión sensiblero y enfático en el que los secundarios glosan de forma machacona lo que vemos, restando sutileza a las imágenes. El realizador se acaba decantando por el cine lacrimógeno y un simbolismo de postal, que lastra algunas ideas originales y, particularmente, una esforzada interpretación de Masahiro Motoki que, a pesar de su intenso y sensible trabajo, no logra salvar una película carente de verdadero encanto y sutileza.

Así, tras un comienzo prometedor, el filme se pierde por los senderos de la comedia negra sin fuste, el melodrama sin pasión, los tópicos y la filosofía de segunda categoría. El realizador no sólo parece querer reconciliar a vivos y muertos sino también al público oriental con el occidental, al cine de japonés con el de Hollywood y al gran público con el público exigente. Obviamente no consigue nada de esto, pero tampoco nos molesta del todo porque la dirección es sobria, contenida y sin demasiadas estridencias visuales.


Lo peor de Despedidas es que no se arriesga con los aspectos más delicados del relato y se decanta en cambio por un tratamiento simplista, lleno de frases acarameladas y en el que los secundarios —como la esposa del protagonista— no alcanzan ninguna entidad dramática. Un trabajo frustrante en el que la literatura estorba a la fuerza de los mejores momentos del filme como aquellos en los que el joven Diago se entrega a los muertos con delicadeza y pasión descubriendo en secreto su amor por ese empleo que lo convierte en proscrito para una sociedad en crisis y transición que queda como desdibujado telón de fondo.

Realismo poético y suave sátira de costumbres arropan un filme apreciable estropeado, no obstante, por diálogos pueriles y una resolución algo desangelada.




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