Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Coppola desatado


No cabe duda de que Francis Ford Coppola es un director ambicioso y sin temor al exceso. Quien ha firmado alguno de los filmes más famosos —no necesariamente mejores— de las últimas décadas se decanta con Tetro por el cine espectáculo, convirtiendo una premisa argumental endeble en una ópera visual rodada en blanco y negro y con insertos en color que glosan —más que cuentan— el pasado y las fantasías de los protagonistas.

Coppola ha realizado un filme molesto y desmesurado aunque fiel a sus constantes temáticas como lo son la familia con mayúsculas frente a las familias con minúsculas, los vínculos grupales, la rivalidad, el viaje y la búsqueda del éxito o de una identidad incierta. Tetro es una película de difícil digestión porque fracasa en algunos de los puntos más importantes de la narración y en cambio triunfa en algunos aspectos colaterales de un melodrama familiar que transcurre en Argentina, pero que tiene un indiscutible sabor norteamericano.

La historia de Bennie en busca de su difícil y atormentado hermano y su lucha por reconstruir un pasado lleno de secretos está dada por Coppola sin el menor atisbo de contención fílmica, recurriendo desde el primer momento a encuadres forzados, iluminación afectada, diálogos altisonantes, escenarios poco verosímiles y secundarios reducidos a la caricatura para que los protagonistas puedan brillar con luz propia.

Tetro es un filme deshonesto en su conjunto pero apreciable por algunas ideas hermosas que no acaban de cuajar a causa de la necesidad del director de epatar al respetable con una orgía visual en la que todo puede suceder. El realizador, no obstante, no se atreve con la abstracción total y se apoya en un trío de personajes sólidos —sostenido por esforzadas interpretaciones de Vincent Gallo, Maribel Verdú y Alden Ehrenreich— que van perdiendo el interés a medida que avanza la historia y el director coquetea con referentes cinéfilos que no se ajustan a su universo como los grandes maestros del cine italiano, el musical o el melodrama añejo de Hollywood.

El gran mérito de Tetro es que, a pesar de sus agobiantes pretensiones, es un filme obsesivamente personal en el que el realizador da la espalda al público y a la crítica.




Archivo histórico