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Errata

Evaristo Aguirre

Empanada política

Proclama –sin sonrojo, parece– un escritor español y columnista de la prensa, en el suplemento ABCD del sábado 27 de junio de 2009: Foxá fue lo que en el Matrix progre se llama un facha; y ya se sabe que los fachas están vetados en las aduanas de la consideración literaria”. Jo, es que lees estas cosas y te quedas así como con ganas de algo… sí, de tirar el suplemento a la papelera más cercana. Pero no sería justo, porque en estos papeles te sueles encontrar con buenas ideas, comentarios atinados, opiniones razonadas. Sin ir más lejos, en este del 27 de junio, y sobre el mismo asunto, los cincuenta años de la muerte de Agustín de Foxá (1903-1959) que se cumplen el 30 de junio, hay dos recomendables, los de Ignacio Ruiz Quintano y de Santiago Castelo, que desde luego no pertenecen a ese “Matrix progre” (me van a perdonar pero no entiendo lo ingenioso de esta expresión, que debe serlo, y mucho), pero que tampoco tienen la empanada política del escritor arriba mencionado.


Hace unas semanas, les hablé por aquí de una editorial que estuvo en marcha en los años ochenta, Trieste. Uno de los cerebros de aquella casa era Andrés Trapiello, que me da la sensación de que tiene muy poco de facha o similar. Y en aquella editorial se publicaron, se rescataron del olvido, obras de tremendos fachas como Rafael Sánchez Mazas. ¿Dónde están, entonces, esas “aduanas de la consideración literaria”? Dale con la empanada…

De todas formas, también es verdad que “facha” me parece poca cosa para estos fascistas (Sánchez Mazas, Foxá y otros), unos tipos que fundaron la Falange, aportando unas ideas –ideales, decían ellos– de desprecio absoluto hacia el prójimo, que apoyaron el felón golpe de Estado de Mola y Franco, que se aprovecharon de todas las sinecuras posibles de un régimen corrupto, como son todos los regímenes dictatoriales. El alabado Foxá es el presunto autor de una frase tan espiritual como que el ideal es ser embajador de una dictadura en una democracia… A mí, estas cosas me retratan bien a un tipejo, la verdad.


Pero a pesar de todo, Agustín de Foxá tiene un sitio en mi canon (ups, que pedante) literario, y un buen sitio. Tengo bastante a mano los tres tomos de sus obras completas, publicadas por Prensa Española en los años sesenta. Y no hay duda de que Madrid de corte a checa está entre las grandes novelas sobre la Guerra Civil española, con las barbaridades, cuando no simplezas en las que incurre, a veces, cuando habla del enemigo. Sí, amigo escritor, Foxá es uno de los buenos y, salvo usted, creo, una mayoría de gente leída le considera así, más allá de gustos personales: a mí, por ejemplo, me parece mejor novela sobre la guerra desde el punto de vista golpista El rompimiento de gloria, del Marqués de Tamarón; quizá no es tan brillantemente apabullante como la de Foxá, pero sí es más sutil, entre otras diferencias.

¿No hay mejor forma de defender una causa –aquí a un creador– que queriendo echar toda la mierda en los contrarios y buscando enemigos? Que sí, hombre, que sí la hay.

eaguirre@divertinajes.com




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