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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Desconfianza


La mujer- Hay un estrépito que me lleva hacia el precipicio de las sensaciones invertidas. Aquellas que no llegan a ningún lugar o mejor aún; llegan a un lugar llamado ninguna parte. Y yo me precipito, caigo de lleno o me poso despacio… Da lo mismo. ¿O no? Donde no hay verdad, no hay nada… ¿O no?

De tendencia optimista y vital, jovial incluso… hoy estoy triste, frágil, a punto de romperme, quebrarme, diseminarme fragmentada para siempre, ¿o no? ¡Qué más dará! A mí me da igual. Y a ti seguro que también te da igual, seguro que yo te doy igual, ¡seguro!

Pero la verdad (aunque todos lo sabemos y pocos lo tienen en cuenta) es que la muerte siempre está cerca, nos acecha y nos acompaña todo el tiempo, nos da la mano en muchísimas ocasiones y nos confunde haciéndonos pensar que simplemente es una leve señal, cuando en realidad está cerca, respirándonos en la nuca o en la mejilla templada.

La muerte se nutre de nuestro anhelo de vida. Se nutre de la vida que burbujea en los capilares de la piel, en las glándulas, en los tendones, en los pensamientos, en los deseos. La muerte, es el mejor testigo testimonial de nuestra vida, de cómo vivimos, de los actos que acometemos, de nuestros distintos rostros, de lo que enseñamos a los demás y de aquello que ocultamos. La muerte, tan lejana en apariencia, permite que se opine sobre ella, que se le busquen causas, sentidos, que se la quiera convertir en vidas futuras o en lugares bellos donde pese a cómo hemos vivido o lo que hemos hecho o dejado de hacer, seremos eternamente felices… La muerte permite que elucubremos todo eso, que nos contemos historias y leyendas, que generemos mitos y creencias que sirven para disipar, disimular o encubrir… el temor que morir, tener que morir, infunde.

Y sin embargo, tomar conciencia de nuestra permanencia temporal, tomar conciencia de que disponemos de unos momentos limitados para realizarnos como seres vivos y conscientes de ello, nos hace querer vivir con mayor plenitud cada instante, intensifica nuestras cualidades y nos centra, nos dimensiona, nos aclara ante nosotros mismos y ante los demás. Nos enseña a priorizar y a escoger aquello que realmente nos nutre o nos alivia. Aquello que nos acerca un poco más a nuestra esencia.

Alicia- Deja de generar pensamientos irrefrenables, deja de agitar tu alma buscando respuestas en el misterio… Déjate tranquila. Pasará lo que ha de pasar. Como siempre… Como siempre. Quédate en silencio y mira al niño. Mira al niño que trata de escapar, que busca nuevas maneras de salir, de eclosionar, de expandirse. Todos somos como niños frente a aquello que ha de suceder por primera vez.  


Pequeños Deberes- De todo aquello que hiciste, que viviste, a lo largo de tu vida por primera vez, ¿qué es lo que con mayor nitidez recuerdas?

A.Alicianlarealidad@gmail.com

 

Imagen- Eva Davidova  




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