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Sara Orúe

Semana de San Juan


Esta semana he trabajado un día menos.

—¿Cómo puede trabajar un día menos una persona que no trabaja nunca?
—Oye, oye, que yo curro mucho.
—¿Qué te ha hecho pensar que hablaba de ti?
—¿De quién hablabas?
—De ti, de ti, pero ¿qué te ha hecho pensarlo?
Julieta, que te vayan dando.

He trabajado un día menos porque el miércoles era fiesta en Barcelona, se celebraba San Juan.

—La noche mágica, la noche de las hogueras.
—Sí, y la de los petardos por las calles
—Petardos hay siempre por las calles, y de todos los tipos: altos, bajos, morenos, rubios, gordos, delgados…

Hay que ver lo bien que sienta un día de fiesta a mitad de semana, aunque, he de decirlo, descoloca un poco el trabajo:

—¿Quieres decir que vas a trabajar colocada? Nunca lo hubiera pensado de ti, de verdad te lo digo.
Julieta, te has pasado 4 pueblos.
—Era una broma, alma cándida.
—¿Qué tienes cándidas? Jesús, lo que se entera una sin querer.
Touché.

Es maliciosa, pero justa, y eso me gusta de ella. Bueno, eso y que me presta sin rechistar sus vestidos para ir de boda, me pasa sus recetas de cocina triunfadoras, me presta su hombro para llorar o para partirme de risa y la adoro.


Además de San Juan y sus cien mil petardos explotando a la vez, esta semana he ido al dentista.

Mi dentista, esa mujer estupenda que siempre me pregunta por mis cosas y mi gente, se acuerda de que me dan miedo los pinchazos y alaba el color de mi sombra de ojos…

—¿Hace eso?
—Claro, con ese paño que te ponen por encima, la boca abierta y llena de cosas extrañas, la sombra de ojos (y, en verano, la laca de las uñas de los pies) es lo único que ve de mi persona.

También he tenido revisión ginecológica.

—Por todos los dioses, vaya semanita de sufrir.
—Sufrir, sufrir no diré yo, pero, desde luego, no se trata de una de mis citas favoritas.
—Y eso que tu ginecólogo está de buen ver.
—Lo malo es que no vas allí a mirar, sino a que te vean. Y no precisamente la cara bonita.
—Quita, quita, esa bata de papel abierta en canal, esa camilla con soporte para poner los pies, esos utensilios como de cocina sádica, ese relájate, no “me” hagas fuerza… Paso palabra, ¿qué más has hecho?


Me fui a comprar un bañador y…

—No me lo digas, y te compraste cuatro. Con las rebajas ya iniciadas, están los trajes de baño de locura.

… no sólo no me lo compre, sino que me puse a régimen. Casi dos kilos he perdido ya.

—¿En una semana? No me creo nada.
—Pues es verdad.
—Fíjate si te sobraban…. Que se te han caído.
—¡JULIETA!
—Nena, si es que me lo pones muy fácil.
—Hablar contigo se está convirtiendo en un deporte de riesgo.
—Más riesgo tiene tu cintura recién recuperada, tontuela.
—¡JULIETA POR FAVOR!
—No puedo evitarlo, meterme contigo me divierte, Pero lo hago desde el cariño.
—Con tu cariño cargaron los cañones de Navarone, me temo.
—Qué antigua, amiga, que antigua. ¿Y qué más has hecho esta semana?
—Así, digno de ser contado, nada más.
—Digno de ser contado no era ni lo que nos has explicado con todo detalle. Pero lo que me preocupa es que, si no has hecho nada más, sigo sin encontrar el motivo.
—El motivo de qué.
—De que cada día escribas tu página de Divertinajes más tarde, guapa. Esta semana salimos después de Maruja Limón y sin nada que decir, el acabose.
—Pues, para no tener nada que decir, hay que ver lo que hablas, a-mi-ga.




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