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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Una lección de anatomía


La anatomía es definida por el diccionario de la RAE en su tercera acepción como el análisis, examen minucioso de alguna cosa.

Javier Cercas, en su último trabajo, un ensayo nacido de una novela abortada, acerca su sabiduría literaria a un hecho transcendental de la reciente historia de la democracia para minuciosamente, minuto a minuto, diseccionar todos los músculos, tendones, vísceras, arterias que formaron el cuerpo del fallido golpe de estado que un salvapatrias con tricornio lideró durante unas horas, secuestrando al parlamento español reunido en una sesión extraordinaria de investidura.

Anatomía de un instante es el título de este ensayo que debería ser de obligada lectura en todos los colegios del país por dos motivos principales: el primero, por su fidelidad a los hechos tal y como sucedieron; y el segundo, por la ejemplar estructura literaria que Cercas ha armado para dotar de cohesión y ritmo a todo el farragoso material bibliográfico que sin duda alguna ha tenido que manejar durante su escritura, y donde las voces de Maquiavelo, Borges o Sthendal, entre otros muchos, suenan de vez en cuando en las páginas como un coro de notables en los que apoyar algunas de las conjeturas éticas que aparecen a lo largo del texto.

El escalpelo que maneja Cercas con sabiduría y técnica de forense extraordinarias hurga hasta los más recónditos tejidos del cadáver del golpe en busca de la causa del tumor que lo llevó a esa mesa de operaciones de la historia, no olvidando sus antecedentes y consecuentes y completando su historial clínico con análisis exhaustivos de los distintos adeenes políticos ultraderechistas que fueron necesarios para la gestación de ese tejido infectado que intentó llevarse por delante a la lactante democracia española.

Pero no nos confundamos, Anatomía de un instante no es un ensayo más sobre política o sobre un hecho político. El 23 de Febrero es utilizado más bien como un sofisticado mcguffin del que el autor se sirve para armar un deslumbrante artefacto literario destinado a tensionar el lenguaje narrativo hasta el límite de sus posibilidades. Lo importante, y lo es mucho, no es lo que cuenta –y que casi todos creemos conocer— sino lo que no cuenta y queda apuntado. Por mucho que sepamos de ese acontecimiento, es una regla general de la historia de la Historia, siempre será mayor lo que desconocemos.

Para Cercas, el momento, el instante cumbre del golpe es aquel en que tres hombres, Adolfo Suárez, el general Gutiérrez Mellado y Santiago Carrillo decidieron por propias y desconocidas razones hacer caso omiso de la orden de tirarse al suelo dada por un energúmeno pistola en mano y coreado por el racataca de las ametralladoras de sus sicarios ante los testigos mudos de unas cámaras de televisión abandonadas que siguieron grabando treinta y cinco minutos de aquel impagable trozo de irrealidad televisada, y del que el público en general apenas si hemos visto cinco minutos. Ahí está el meollo del asunto, en ese gesto que define a esos tres personajes. Algo que ya apareció en Soldados de Salamina, cuando toda la novela nacía también de aquel gesto definitorio del soldado republicano de bajar su fusil y no disparar sobre un Sánchez Mazas indefenso.

Si, como dice Cercas, la función del escritor es mirar la realidad de un modo distinto, nuevo, pero a partir de todo lo que el mundo ve, su ensayo, no hay duda alguna, es una prueba palpable de ello. Posiblemente a muchos de los que sólo leen las cosas que les gusta leer no les va a gustar, pero son los de siempre, y su ceguera ya es su castigo, así que ¿por qué preocuparse?

A los demás, a adaquellos para los que la literatura es el arte de disfrutar y comprender, Anatomía de un instante ofrece uno de sus ejemplos mejor logrados.




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