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Pantumaca

Sara Orúe

Consúltalo con la almohada


Napier University

Nekane Guezala

—¿Qué te pasa en la boca?

… una estudiante bilbaína de la Napier University de Edimburgo

—¿La Napier? Es universidad debe ser buena de narices, juas, juas…

… ha inventado una almohada…

—¿Otra Butterfly Pillow? No puedo con mi vida.

… con un software que recoge las preocupaciones que nos quitan el sueño para reflexionar sobre ellas a la mañana siguiente.


—¿Te lee los pensamientos? Qué mal rollito.
—No exactamente. La almohada tiene un micrófono que recoge lo que dices. Es decir, has de exponer tus preocupaciones en voz alta.
—Pues entonces Nekane no ha inventado nada. Yo me compro una grabadora en los chinos, grabo todo lo que me preocupa y tiene el mismo efecto.
—No exactamente. La almohada usa un software de reconocimiento de voz, graba así los discursos nocturnos y, a la mañana siguiente, los encuentras impresos en una hoja. O en varias, depende de cuanto pienses.
—Si todo el mundo es como yo, las hojas saldrán en blanco. Aún no he puesto la cabeza en la almohada y ya me he dormido. No pienso en nada.
—No exactamente. Se estima que, de promedio, la gente dedica 40 minutos previos al sueño a pensar.
—Y hay gente que no pensaría 40 minutos seguidos ni aunque el día tuviera 48 horas. Será porque piensan todo lo que han pensado en el trabajo, por ejemplo.
—No exactamente. Es en los momentos previos a conciliar el sueño cuando la mente vaga libre y vienen a tu cabeza cosas que te preocupan.
—La mente divaga.
—No exactamente. Hay veces que vuelve insistentemente a un tema, a ese que te preocupa y al que no le dedicas el tiempo suficiente durante el día.
—Como vuelvas a decir “No exactamente” te tiro al agua.
—Pues me harías un favor, que hace un calorín que lo flipas.
—No me tientes, no me tientes.

Con este invento, no sólo identificas claramente lo que te preocupa sino que, para mas INRI, al tenerlo por escrito lo puedes…

—Leer, no me digas más.

… estudiar con calma ya a plena luz y encontrar posibles soluciones.

—Vamos, que Nekane Guezala ha dado sentido literal a eso de “Consultar con la almohada”.
—No…
—¿Vas al agua?
—Iba a decir que no lo hubiera expresado yo mejor, Julieta, no me estreses que casi es veranito.

A este invento le veo yo un inconveniente serio.

—Yo le veo varios. A ver, dime el tuyo.
—Si de verdad piensas durante 40 minutos, y has de pensar en voz alta para que funcione, la persona que duerme a tu lado te molerá a codazos, ¿no? : “Shhhh, calla coño, así no hay quien duerma”.
—No sé. A mi lado duerme un panda de peluche y ese no se queja de nada. Depende, supongo, del volumen al que has de hablar. Si en una cama donde duermen dos, ambos utilizan el sistema, más vale que la almohada sepa de quién es cada pensamiento, si no, a la mañana siguiente, vaya lío.
—Además, si has de hablar en voz alta, no puedes pensar en cosas secretas.
—Y cuando ventilas la almohada, a lo mejor salen todos tus pensamientos y se esparcen por el patio de luces.
—No creo.
—Con las cosas que tú no crees se escribe una novela. O dos.
—Esto es ciencia Julieta, no realismo mágico.
—Sería bonito amanecer una mañana y leer en el viento pensamientos de personas que no conoces.


—No estoy de acuerdo. Los pensamientos, de conocidos y de desconocidos indistintamente, pueden ser muy desagradables: Hipotecas, embargos, infidelidades, exámenes, enfermedades, paro, celulitis… esas son las cosas que le quitan al sueño a la mayoría de la gente. Y, sinceramente, no las quiero enredadas con la ropa de mi tendedor.
—Vale, pero yo me encontraría con los pensamientos de la alegre minoría: amores, fiestas, viajes…
—Eso no le quita el sueño a nadie.
—Eres una siesa.
—Y tú una ilusa. Anda, vamos a quitarnos del sol que empiezas a decir tonterías. ¿Nos vamos al agua?
—Mejor al chiringuito a por una cerveza.

Verano, cómo me gustas.




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