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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

Laberintos y ferragosto


Interesante, ameno, bien documentado, y para nada laberíntico, es el brillante ensayo escrito por Marcos Méndez Filesi, licenciado en Historia, arqueólogo, y apasionado por la mitología en general y los laberintos en particular, que lleva el título de El laberinto: historia y mito y ha sido editado por Alba en su colección Freak.

Ya muy al principio del libro el autor nos avisa que su intención no es la de abordar todas las formas posibles en las que el mito del laberinto se ha ido conformando a través de la historia (necesitaría una enciclopedia para ello y no es el caso), sino la de servirnos de guía en el intrincado mundo de aquellos derivados del mito por excelencia: el de Teseo y el Minotauro, que tal y como lo conocemos, tomó forma con la cultura helénica pero que, como tantos otros, extrajo sus nutrientes de culturas y civilizaciones más antiguas como la mesopotámica o la egipcia, o de la más cercana geográficamente: la minoica desarrollada en la isla de Creta, su lugar de origen.

De la mano de Méndez Filesi, recordamos la historia de Minos, rey de Creta y su mujer, Pasifae, madre del Minotauro; de Teseo, su verdugo ateniense; de Ariadna, hija de Minos y enamorada de Teseo al que le dio la clave para entrar y poder salir del laberinto construido por Dédalo, y de un sinfín de personajes secundarios, entre los que hay dioses, héroes y humanos en una trama que nada tiene que envidiar en inventiva y acción a las mejores sagas de la literatura universal.

Este es el nacimiento de un mito que siglos más tarde Roma se encargó de exportar hasta el último confín de su imperio, al utilizarlo como un talismán contra las fuerzas malignas y, tras la caída del imperio, supo reciclarse disfrazado en alegorías cristianas de oscuro significado.

Ya en la baja Edad Media, fruto de la misma labor de sincretismo religioso que fue despaganizando y fagotizando la cultura clásica, el laberinto aparece, como otros tantos mitos, completamente imbricado en la trastienda religiosa cristiana como una alegoría de la dificultad que entrañaba seguir el buen camino, lejos de los errores, herejías y pecados que rodeaban a los fieles y a los que la fe, como único hilo conductor, les guiaría a través de los intrincados caminos del laberinto para alcanzar la salvación eterna. De ahí a convertir a Jesús en el nuevo Teseo, al Minotauro en Satán, y al laberinto en el infierno no hay más que un paso. No me negarán que es uno de los mejores ejemplos de manipulación de las ideas en los que la iglesia siempre ha sido pionera y maestra aventajada.

Con el Renacimiento, y la recuperación del mundo pagano, el laberinto vuelve a tomar un nuevo rumbo más lúdico y erótico, a la vez que se llena de simbolismos y sentidos ocultos en la construcción de numerosos jardines por todas las cortes europeas (había que engañar a un enemigo que, a la mínima desviación, te socarraba en la plaza pública) y siguió en auge hasta finales del siglo XVIII, cada vez más sofisticados y herméticos.

Méndez Filesi, a la vez que nos va explicando el desarrollo del mito a través del tiempo, nos pasea por los lugares donde se encuentran los más famosos laberintos que en el mundo han sido con la ayuda de un abundante material fotográfico y de reproducción salido de archivos de medio mundo, organizado de forma clara para que el profano en la materia no se pierda a su vez en ese entreverado mundo donde se mezcla arte, antropología, historia, literatura, pensamiento y mito de una manera que elude el academicismo en aras de la sencillez en la exposición y la claridad de criterio que entretiene e ilustra. ¿Hay quién de más?


PD.- Dejadme recomendaros una extraordinaria delicia italiana llamada Vacaciones de Ferragosto dirigida por el guionista de la implacable Gomorra Gianni di Gregorio y que es su primera obra como realizador.

Su tema, qué hacer con una madre de noventa años y unas cuantas vecinas de la misma edad abandonadas por sus respectivas familias que han dejado Roma en el largo fin de semana del ferragosto y que él ha recogido como pago por favores recibidos anteriormente. La convivencia de estas supervivientes durante veinticuatro horas en la casa del protagonista da para mucho, y di Gregorio lo aprovecha de forma admirable con ayuda de unas actrices impagabables. Perfecta comedia de costumbres que destila buen rollo por todos lados y de una sencillez que desarma, nos viene a contar que otro mundo puede ser posible para nuestros mayores si todos aprendiéramos de Gianni, el protagonista. Desgraciadamente hay pocos como él.

No dejéis de verla. Me lo vais a agradecer.




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