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Las críticas cítricas

Maruja Limón

Hija, qué quieres…


—Tengo un mal día. Tita sigue sin hablar de mí en sus memorias.

—Hija, qué quieres…

—No sé, que me mencione. Una palabra suya bastará para lanzarme al estrellato, no sé, algo del tipo «la siempre cítrica Maruja Limón dijo de mí que…» o «Con su proverbial gracejo, la señora Limón afirmó…» o «Maruja, a la que casi considero de la familia porque la visito todas las semanas, osó proclamar…». Una mención, como las que me daban en el colegio. Pero nada. Tampoco se acuerda de mí la mujer del rey de Jordania…

—La reina Rania

—Evitaba decirlo porque mira que queda feo, qué cacofónico: la reina Rania. Es como un desodorante roll-on…

—¿Mande?

—Sí, de hacer rodar las erres: reina Rania. Pero los de ¡Hola! no escarmientan: «La reina Rania, una de las mujeres más influyentes del mundo, nos recibe en exclusiva en el décimo aniversario de su llegada al trono; "Lo que hago es una gota de agua en el océano"». Olvidemos que, viniendo de donde viene, lo adecuado habrá sido hablar del grano de arena y olvidarse de la mar océana. Lo esencial es que tampoco me cita…

—Hija, qué quieres…

—Pues que me mencione. ¿Tú sabes cómo cambiaría mi vida si dijera: « Lo que hago es una gota de agua en el océano… afortunadamente, cuento con la inestimable ayuda de Maruja Limón».

—Pero eso es mentira…

—¿Quién está hablando de sinceridad? Yo me refiero a triunfar en la sociedad, que llevo ya muchos años bailándoles el agua y ellas nada, ni un detalle. La Infanta doña Cristina, otra que tal: «Nos trasladamos toda la familia, por mi marido». Dejemos de lado que para exclusivas como estas no nos hacía falta el ¡Hola!, bastaba con un breve en El Oriente de Asturias. Pero, una vez más: nada, ni una velada alusión…

—Hija, qué quieres…

—Pues no sé, algo del tipo: «Lo que echaré de menos es las crónicas de Maruja Limón».

—Internet se lee en el mundo entero.

—No me fastidies, no me leía aquí, me va a leer el los Estados Unidos.

—Hija, qué quieres…

—¿Te lo digo? Ya que nadie valora mi callada labor de cronista social…

—Será por eso.

—¿Por qué?

—Porque una «labor de cronista», sea social o laboral, que es «callada» no llega a amucha gente. A lo peor no se han enterado.

—No se me ponga estupenda, y desde luego ni se te ocurra echarme en cara mis propias contradicciones.

—Yo sólo digo lo que es evidente.


—Para evidencias, las de Semana. «Irene Urdangarín ya tiene 4 años.» Vale, redactor jefe, yo también sé contar. En cuanto a lo de: «Letizia pisa fuerte» para unas fotos de la princesa sobre unos zapatos de plataforma que hubieran hecho las delicias de la novia de Frankenstein, pues, qué quiere que le diga…

—Hija, qué quieres…

—De momento, que Letizia se reivindique como lo que es: bajita. Porque Felipe ya medía 2 metros cuando la conoció, y a pesar de la diferencia de estatura se casó con ella. Que deje de subirse a esos zancos, que un día le va a dar vértigo y se va a matar. Y ya puestos a pedir, pido a los señores de Semana que no lleven a portada, para acomplejar más a la princesa acomplejada, a Fran Murcia, por muy romántica que fuera su boda.

—Está en todo.

—Es que me ponen del hígado: «Entrevista a David Bisbal en Bruselas, el corazón de Europa». ¿Ha dicho algo que no hubiera dicho en Alcalá la Real?

—…


—No tengo nada más que añadir. O sí. Si es que me erizo toda. Abro Lecturas. «Dulce paseo de Suri Cruise. La niña, de tres años, es muy golosa. A punto de ir a Australia a rodar una nueva película, Katie Holmes disfrutó de una divertida tarde con su hija.» Pero, ¿de verdad cree alguien que una niña que se pasea con su madre-escoba vigilada por el maromo que vemos detrás puede pasar una tarde muy divertida?

—A mi hija, de pequeña, le gustaba subirse al tren de la bruja.

—Ahí me has dado. No sé, será que estoy hipersensible, porque he leído en
Diez Minutos que «Mar Flores viajó a Colombia para conocer y apoyar la llamada Universidad de los Pobres» y me he preguntado: ¿los pobres tienen que aprender a serlo, no vienen con los conocimientos básicos de serie?

—Qué bruta…

—Oiga, sin faltar.

—Me refiero a que me imagino que se trata de un proyecto para sacar adelante a comunidades indígenas que viven de su artesanía…

—La veo informada.

—Más de lo que parece…

«¿A quién atiendo?»

—Es su turno, doña Maruja.

—A ver si compro la fruta y me voy para casa… ¡Un kilo de peras de agua!… que me queda mucho que hacer… ¡Ponme una bolsa de naranjas de zumo!… ¿A usted también le da la sensación de que su familia la exprime?

—Hija, qué quieres…




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