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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

She is she


Ella es de la misma estirpe que Judith la de Holofernes; que Helena la de Troya; que Salomé la de Judea; que Semíramis la de Babilonia, que Cleopatra la del Nilo, y hasta de la de Ayesha, la inmortal reina de África; así como de la misma de otras tantas mujeres a las que su belleza o sus artes las hicieron capaces de cambiar el rumbo de la historia con un simple pestañeo o movimiento de caderas. Si ella quisiera acabaría en un pispás con la crisis esa que tan comida nos tiene la moral últimamente.

Ella es… Ella, que es tanto como decir que es una especie de agujero negro de la música actual que fagotizó con su ritmo a los más de quince mil espectadores que llenábamos el Palacio de los Deportes de Madrid hace unas noches y nos sumió en un éxtasis compartido a base de calidad, espectáculo y derroche de voz.


Hacía mucho tiempo que este nexus no iba a un concierto de multitudes (mis circuitos neuronales hace tiempo que no vibran con los nuevos ritmos y, posiblemente, necesito ya un reciclaje aunque me da pereza volver a mi fábrica de origen para un ajuste de circuitos, ¡qué queréis!), pero la insistencia de un amigo que tenía acceso a las entradas y el visionado no hace mucho tiempo del biopic de Las Supremas en el que Ella interpretaba muy ajustadamente el rol de doña Diana Ross, me decidieron a asistir, y debo reconocer que aún ando bajo los efectos de ese huracán fuerza diez que es Beyoncé que me dejó tan descuadernado como el Katrina dejó a Nueva Orleans y tan fascinado que va a pasar mucho tiempo para que yo olvide el espectáculo que nos ofreció doña Beyonce Knowles, ex Destinity´s Child.

Empezó a lo grande con Crazy in love, que he adoptado para cuando realizo mis quehaceres domésticos, y fue un no parar. Durante dos horas un subidón tras otro que hizo desaparecer mi lumbalgia como si me hubiera tomado triple dosis de ibuprofeno con arginina y que me hizo realizar piruetas que no intentaba desde los tempranos ochenta.

El escenario era como la chistera de un mago: un lugar donde todo era posible y que nos mantuvo con la boca abierta de admiración. Y moviéndose por él, una alien salvaje derrochando sensualidad y maravillosamente desvestida por el insoportable del Thierry Mugler, repartiendo caña y calidad, electrizando hasta el último centímetro cúbico del recinto y sus ocupantes.


Y esa voz que es como una vía láctea de sonidos con ecos de galaxias profundas del soul donde brillan como supernovas mis admiradas Etta James, Diana Ross, Tina Turner, y alguna más, aunque pasadas por el tamiz de su estilo personal e inimitable.

Diez chicas, diez, forman su orquesta a lo salón Kitty berlinés, y diez bailarines que bordan las coreografías y arropan a la dama y la trajinan como una pluma.

La gira se llama I am…Tour y en ella caben todos los temas de su último disco doble I am… Sasha Pierce, mezcla de su música más personal, el primero, y un delirio disco, el segundo.

Y ver a Ella reptando por el suelo embutida en un corsé de guerrera de la autopista mientras cantaba If a were a boy fue la guinda que coronó el plato.

Definitivamente Ella es… Ella.




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