Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

Pantumaca

Sara Orúe

La pesadilla

Anoche tuvo un sueño horrible, una pesadilla espantosa. Estaba en una calle sin árboles, rodeada de photocalls

—¿De qué?
Photocalls, Tío Ra, esas láminas llenas de logos delante de las cuales se paran los famosos al entrar a un acto para que los periodistas de las células les hagan fotos.
—A, los fotocol, haberlo dicho antes.

En fin, es lo que tiene Tío Ra, que sólo habla español.

—Bueno, sigue con tu pesadilla y deja de ser tú la mía, que aprovechas cualquier circunstancia para meterte conmigo.

Tiene razón Tío Ra, aprovecho cualquiera de sus patochadas para decirle lo patochudo que es. Soy mala.

A lo que íbamos, a mi mal sueño. De momento no había nadie en la calle, sólo yo. Pero al poco, ha comenzado a llegar gente conocida.

—¿Conocida por ti o famosos?
—Pues un poco de todo, que hay famosos que yo no conozco, gente que yo conozco que es famosa, en fin, una mezcolanza muy curiosa de caras que me eran familiares.

Esta gente iba pasando por los sucesivos photocalls para posar mientras unos fotógrafos a los que no vi llegar les hacían muchas fotos. En un momento, aquella extraña calle se había llenado de gente y de flashes, y de glamour, y de vestidos de fiesta, y de escotes y de gafas de sol… De pronto ha comenzado a soplar un viento huracanado y todo el mundo intentaba protegerse y se agarraban los unos a los otros para no salir volando, y caían por el suelo en un revoltijo de piernas, cámaras de fotos y bolsos de Tous.

—Hasta aquí no da mucho miedo tu sueño.
—Es verdad. El horror ha comenzado aquí.


Cuando por fin se ha parado el aire y la gente se ha puesto de pie se ha descubierto el horror. El suelo estaba lleno de narices, de pómulos, de pechos, de culos, de dientes de porcelana… ¡Los famosos habían perdido sus prótesis… y no se habían dado cuenta!

De pronto, una legión de famosas desnarigadas se dirigía hacia mí. Allí venían, caminando con la mirada fija en el infinito, Elsa Pataki, Marta Sánchez, Paula Vázquez, Letizia, Ramoncín… A algunas les faltaba la cara entera y, sin embargo, conseguí identificar a Ana Torroja, a Eugenia Martinez de Irujo, a Carmen de Mairena, a Lara Dibildos, a Frankestein

El ser que venía brazos en jarras y diciendo «¿Me entiendes?» sin parar, supuse que era Belén Esteban, pese a que no tenía nada en su sitio. Ni el sentido del ridículo, me temo.

Había una cuadrilla de momias arrugadas a las que, por lo que deduzco, se les había escapado el bótox y los hilos de oro. Me pareció distinguir a la Preysler, a Ana Belén, a Nati Abascal, a Nicole Kidman… Reconozco que a la Kidman creí verla, no verla, en varias ocasiones, ya que de ella no quedaba nada, más que la altura.


Y, a todas estas, era complicadísimo avanzar por esas aceras llenas de napias, de tornillos, de patas de gallo, de bolsas de silicona, de dignidades…

Cuando, por fin, los zombis en los que se habían convertido los famosotes se percataron del desastre comenzaron a buscar sus órganos perdidos y, por todos los dioses, qué líos han armado.

Las narices eran todas iguales, ya no sabían a quién correspondía cada una. Kalina de Bulgaria, feliz por haber perdido su horrorosa nariz operada, ha cogido la primera que ha pillado y se ha ido tan contenta.

Las orejas tres cuartos de lo mismo, aunque los pendientes han sido decisivos a la hora de determinar a quién pertenecían.


También he visto a dos hiper famosas tirarse de los pocos pelos que les quedaban tras haber perdido las extensiones porque las dos querían la misma barbilla.

Los más lentos, los que se habían entretenido riéndose del aspecto que presentaban sus colegas tras la debacle, se han tenido que contentar con los restos. No quiero recordar los caretos que han terminado juntando, casi peores que los que tenían antes del vendaval.

Uf, menos mal que sonó el despertador y terminó con todo eso. Prometo no volver a cenar careta de cerdo, que luego me pasa lo que me pasa.




Archivo histórico