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Sara Orúe

Yo no soy «ona», soy «ñera»

Una de mis amigas anda preocupada porque entra en la cuarentena.

—¿En cuarentena? ¿Está enferma?
—En cuarentena no, tío Ra, en la cuarentena. Cumple 40 años.
—Ajá, entonces lo que está es mayor.
—Ni de coña. Está fenomenal, estupenda, guapísima. Mira esta foto.
—Caray, tienes razón, magnífica cuarentona.
—¿Cuarentona? ¡Qué tontería!
—Pues no me estás diciendo que cumple 40 años.
—Por eso. Mi amiga es una magnífica cuarentañera.

Y como esta amiga mía, la mayor parte del resto de mis amigos y yo misma nos consideramos cuarentañeros.

Con los cuarenta recién, o no tan recién, cumplidos, activos, enamorados…

—Cursi más que cursi

… luchadores, padres, deportistas, viajeros, gourmets…

—¿No hay nadie más normal, menos ideal, en esa edad?

… solidarios, ilusionados, llenos de vitalidad. Así nos sentimos y no nos gusta que nos llamen cuarentones. Es despectivo y feo.

Que no digo yo que, algunos días, no muchos, yo no me sienta cuarentona. Cuando estoy tan cansada, cuando se me dio mal el día, cuando no aguanto los tacones. Pero eso me pasaba también a los treinta, incluso a los veinte, y nadie me llamaba treintona, ni veintona. Reivindico el derecho de los mayores de cuarenta a sentirnos «ñeros» (cuarenta-ñeros) y no sentirnos «ones» (cuarent-ones).

Y lo mismo digo de los cincuentañeros y los sesentañeros, vamos, vamos, que hay cada uno y una por el mundo que quita el sentido.

—Pues se siente, pero se dice cuarentón y cincuentón. Es lo que hay.
—Ahora, es lo que hay ahora, pero cambiará.


La revista AR

—¿Tú lees esas cosas?
—A veces. Y otras veces, leo de peores.

La revista AR, decía, hace casi dos años puso en marcha una iniciativa para conseguir que la Real Academia incluya en su diccionario los términos cuarentañero y cincuentañero, en ambos géneros, femenino y masculino, y para que sean estas palabras las que se utilicen en vez de las actuales (pero mucho más feas) cuarentón y cincuentón.

Yo les apoyo. Y no soy la única. Muchos famosos, muchos ilustres y algún famoso ilustre también lo hace. Si quieren saber quiénes, a la revista les remito, que no les puedo contar yo todo, que se me mal acostumbran.


Porque, siendo el significado de unas palabras y otras el mismo (persona que tiene entre x0 y x9 años), las que terminan en «on» tienen un tufillo a viejo, a pasado, a fondón, que me mate. Que todo rima: fondona, solterona y cuarentona. Y me molesta mucho.

¿O les parecen cuarentones Brad Pitt, George Clooney, Demi Moore o Elle McPherson? A mí no. ¿Y los patrios Marta Sánchez, Jesús Vázquez o Pablo Motos? A mí tampoco.

¿Qué dirían que es Sharon Stone, cincuentona o cincuentañera? ¿Y José Coronado? ¿Miguel Bosé?

—¿Sólo son «ñeros» los guapos?
—No sólo. Ser «ñera» o ser «ona» es una cuestión de actitud, no de edad, ni de belleza.

Claro que tengo achaques que no tenía, varices que no tenía y patas de gallo que no tenía. Pero también tengo conocimientos que no tenía, paz interior que no tenía, recuerdos que no tenía y un hijo que no tenía.

—¿Qué tienes un hijo?
—¿De qué te asombras, Tío Ra, si ya lo sabías?
—Pero tus lectores no.
—Son muchas las cosas que mis lectores, no saben. Y muchas también lo que nunca sabrán.

Hace ya unos años que cumplí cuarenta y nunca me sentí cuarentona. Soy cuarentañera y así quiero que me reconozca la RAE. Así que díganme, para borrarse de «ona» y añadirse a «ñera», ¿dónde hay que firmar?




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