Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Zona DVD: Media hora más contigo


La escena central de Media hora más contigo (Desert Hearts, 1985) es ya un clásico en la historia del cine lésbico y del cine independiente en general. Dos mujeres de diferentes edades y procedencias se desnudan ante nosotros, ante la cámara, como lo han hecho entre ellas a lo largo de la narración. Sus labios se juntan, sus cuerpos se funden, sudan, suspiran, expresan su pasión. Antes ya había habido un beso furtivo entre ellas, en el lago, en una escena tórrida y crispada. Una historia que surge de la ficción de Jane Rule y de la voz silenciada de las lesbianas estadounidenses de mediados de los ochenta.

La película supuso un hito en la década, pero aquí voy a abordar la construcción fílmica del erotismo entre dos mujeres en un momento en el que se quedan solas en el interior de la habitación de un hotel. Para hacerlo debemos antes repasar la historia del filme, que hoy puede parecer algo convencional, pero que en su momento rompió esquemas en la puritana sociedad de la Norteamérica profunda. Vivian Bell (Helen Shaver) una madura y algo estirada profesora de literatura inglesa procedente de Nueva York viaja a Nevada para cumplir el requisito de separación durante seis semanas previo a su divorcio. Vivian da con sus encorsetados huesos en Reno donde vive Cay Rivvers (Patricia Charbonneau), una joven intrépida que trabaja como cajera en un Casino. La joven entabla relaciones con otras mujeres de diferentes edades y trayectorias vitales. Su primera aparición, montada en un coche y con gafas oscuras, es un momento antológico por su mezcla de vitalismo e irrealidad. Es en ese desierto donde Vivian se descubre a sí misma, supera su neurótico recelo hacia el mundo y donde acaba rescatando a Cay de ese árido microcosmos que ella sabe dotar de vida, pero que en el fondo se presenta estrecho de horizontes.

La escena sexual central del filme es sobre todo la escena de un largo beso, uno de los besos más largos y hermosos de la historia del cine, con permiso de Hitchcock y Encadenados (Notorius, 1946). Cay y Vivian han recelado la una de la otra a lo largo de la narración pero también se han encontrado en diferentes escenarios que van desde el hotel de paso donde se hospeda la profesora hasta el casino donde Cay elude los arrumacos de los lugareños. Escenarios que nos recuerdan los parajes de Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005) o Al este del Edén (East of Eden, Elia Kazan, 1955) sólo que lo que allí era lentitud y cadencia aquí se transforma progresivamente en ritmo y solidez. El filme sigue siendo un misterio pues, a pesar de los muchos tics propios de la época y de los guiños al cine de Hollywood comercial, abrió una brecha para el amor entre mujeres en el celuloide destinado al gran público.

Media hora más contigo oscila entre el cine comercial y el cine independiente y se basa en una novela sólidamente construida de una autora feminista y lesbiana con voz propia. Jane Rule colaboró en la confección del guión del filme, dirigido por Donna Deitch, y ello se nota en la voluntad transgresora y el final optimista de un relato no exento de tintes melodramáticos.

El beso y el primer plano o el plano medio. Un problema para el cine. ¿Cómo conjugarlos, cómo evitarlos? Tenemos multitud de ejemplos. Los rostros en Bergman, los primeros planos de Griffith, Einsentein, Dreyer o Murnau. Besos entre hombre y mujer, besos entre hombre y hombre, besos entre mujer y mujer. Los labios son un objeto privilegiado para la palabra. Los ojos para la mirada. La nariz para el olor. En la escena central del filme se unen los labios, las manos, los pezones, el pelo de las actrices se revuelve, pero hay algo que no se completa en la fusión de los rostros y los cuerpos. El recelo no se ha roto del todo. La sexualidad descompone las funciones habituales de estos órganos vitales. Les da otro sentido. ¿Cómo filmar un encuentro amoroso sin caer en el tópico? Es difícil, si no imposible, con tanto celuloide oculto y multitudinario.


El filme supuso un pequeño fenómeno sociológico y las actrices protagonistas recibieron advertencias de sus amigos de que la película podía arruinar sus respectivas carreras. Al contrario, las encumbró y las hizo populares. El filme sirvió de modelo para otras películas y la escena de sus besos y arrumacos sirvió ejemplo para otras escenas de amor entre mujeres en el cine mundial. El problema es cómo ver hoy el filme al margen del momento y los comentarios que lo rodearon y siguen circundándolo. El beso es una de las primeras representaciones en el cine, junto a la llegada de un tren, un disparo, la salida de los obreros de una fábrica, la llegada del hombre a la luna, el regador regado…

El beso de Vivian y Cay es hoy  más importante que el beso de Jack y Ennis o el de Thelma y Louise al borde del precipicio, porque supone que el cine puede adelantarse a la sociedad o reflejar que la sociedad ha cambiado y es hora de que lo veamos en la sala oscura. No podemos salir corriendo, sino contemplar el amor  y sus expresiones. Hay muchos besos. La secuencia del filme de Deitch utiliza el fundido-encadenado, el juego con el tiempo y el espacio, y lo hace con una admirable economía narrativa. El filme invita a ser incorporado a nuestros catálogos y a refrescar la memoria cinéfila de mujeres y hombres de todo el mundo.

La secuencia final de la película es la de una falsa despedida en la estación del tren. Otro escenario y motivo argumental repetido en la historia del cine. Los papeles se invierten. Vivian se convierte en agente activo de la historia e invita a Cay a subir a ese ferrocarril, camino hacia “la felicidad” y la pasión. Una música romántica las acompaña. Pero el filme, a pesar de su final algo acaramelado, ha supuesto un desafío y ha dejado muchos interrogantes en el camino. Un beso en la pantalla que se multiplica en el patio de butacas. ¿The End?

Ver también: Cine gay, por Alberto Mira




Archivo histórico