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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Zona DVD: Como los demás


Como los demás es el debut en el largometraje del documentalista francés Vicent Garenq. El realizador aborda en tono amable una situación dramática y es en ese equilibrio entre la comedia y el melodrama donde juega mejor sus cartas, ya que por lo demás la película no aporta nada nuevo al cine europeo contemporáneo. Pocos personajes, pocos escenarios y buenos actores, especialmente el veterano Lambert Wilson —que se mete al público en el bolsillo mezclando neurosis  y bonhomía— y la joven Pilar López de Ayala,  que sale más que airosa de un papel harto difícil.

Garenq opta por un tonto desenfadado e intimista para contar la historia Manu, un pediatra homosexual que se encuentra con la imposibilidad legal de adoptar un hijo, lo que provoca  situaciones de drama y comedia por el carácter vitalista  del personaje principal  y su relación a la vez tierna y tensa con su pareja,  su familia y con esa madre de alquiler argentina que acaba perdidamente enamorada de él.

Alejándose del talante iconoclasta de otros cineastas franceses como Ozon, Bruni-Tedeshi o Lionel Baier, Garenq opta por un tono mesurado  y algo tímido, sexualmente recatado y con una mirada misericorde sobre todos los personajes que aparecen en el filme. Estamos ante un filme pequeño y tal vez algo apresurado en la resolución de los múltiples conflictos que plantea.


Porque Como los demás no profundiza demasiado en sus variopintos ingredientes y opta por ofrecer una visión cálida de las relaciones humanas ante una sociedad que no ha avanzado tanto como sus ciudadanos. Eludiendo el filme de tesis, el primer trabajo de ficción de Garenq se erige en un canto a la amistad y a la diversidad familiar más allá de las barreras impuestas y está rodado con la suficiente sencillez como para que las situaciones más difíciles no chirríen y algunos secundarios reducidos a la caricatura gruesa no estorben la armonía narrativa de un filme, insisto, pequeño pero agradable de ver.

Por eso mismo, decepcionará a los que esperen una apuesta valiente o reivindicativa y también a los que esperen una película de humor ya que, a pesar del carácter optimista de los personajes, los diálogos y las situaciones ligeras y de la resolución feliz de los conflictos, la historia deja cierto poso de amargura y son los instantes de ambivalencia y desolación los mejor rodados de un trabajo que se deja ver con agrado pero que acaba resultando algo inconsistente. El director opta por un tono cálido y algo banal para un relato que, no obstante, alcanza mayor fuerza narrativa en su vertiente dramática.




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