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El prado eléctrico

Fernando P. Fuenteamor

De la Argentina profunda al espacio exterior


Pocas veces una novela de autor desconocido me había impactado de una forma tan total y directa (una vez más, gracias a mi librero del barrio porque novelas como ésta no te las recomiendan en la Fnac o similares). De hecho, aún me estoy recuperando de su lectura. Su autor es Carlos Busqued, un novel argentino, y su título Bajo este sol tremendo, publicada por Anagrama que fuera una de las seleccionadas para el XXVI premio Herralde Novela de este año.

No he leído aún ni la obra ganadora, ni la finalista del premio, pero imagino su calidad si han tenido que competir y ganar a esta primera obra de alguien proveniente del universo bloguero, que he devorado en apenas un par de días acompañando a su protagonista en su experiencia traumática, y expuesto, cómo él, a la violencia explícita de un paisaje desolado y de unos personajes cincelados a martillazos narrativos de enorme precisión y solidez que acorralan al lector contra las cuerdas y no dejan de lanzarle directos a sus puntos vitales.

Esta es la crónica pormenorizada del viaje que su indolente protagonista, fumador impenitente de porros y devorador de imágenes del Discovery Channel, se ve obligado a emprender después de recibir una inesperada llamada telefónica anunciándole un crimen cometido en Lapachito, un lugar situado en alguna parte remota del mapa argentino.

Lo que allí va a encontrar no es ni más ni menos que una réplica del mundo del que proviene donde el vacío moral y el imperio del dinero como poder absoluto campan a sus anchas, manejados por unos peligrosos y violentos personajes tan amenazadores como el paisaje que los rodea.

Con una economía de medios narrativos encomiable y un ritmo que no decae, Busqued selecciona cuidadosamente el material que tiene entre manos y emplea su imaginación y pericia expresiva para trasladarnos a esa experiencia de pesadilla que sufre su protagonista y que parece va a llevarle a las puertas de la desintegración de su propia personalidad mientras es testigo de la desaparición progresiva de toda cualidad humana en los personajes con los que se cruza en su aventura.

Un debut deslumbrante que espero tenga su continuidad porque su autor tiene cosas que contar y sabe hacerlo como pocos.

***

Que después de siete u ocho entregas de la franquicia televisiva de Star Trek, J.J.Abrams y sus guionistas Roberto Orci y Alex Kurtzman hayan logrado recuperar el sentido prístino y casi canónico de la serie creada por aquel inefable hacedor de la space opera por excelencia, Gene Roddenberry, dice mucho del creador de ese otro fenómeno cultural en que se ha convertido su serie Perdidos, de la que me declaro fan absoluto.

Sin duda alguna, la película de Abrams (web oficial), respetuosa al máximo con la esencia del pensamiento de Roddenberry y la religión trekkie que generó, es con mucho la mejor de todas: un espectáculo apabullante desde principio a fin, que no obstante, navega libremente y a sus anchas gracias a los ardides argumentales creados por sus nuevos hacedores en este episodio de tipo fundacional que da sentido al resto de la saga tal y como ya la conocemos.

Que su manejo del tinglado mediático nos haga olvidar que Abrams ha filmado más que un película, una especie de mega-episodio televisivo no significa que este no funcione a la perfección en la pantalla grande, todo lo contrario. Podemos encontrar ribetes de sus anteriores producciones en ella, pero amalgamados de una forma tan generosa y con tal sentido del espectáculo que acabas rindiéndote ante la evidencia.

Una película para aquellos que sean fans de la saga y para lo que no lo son. Un puro divertimento conceptual deslumbrante en todos sus aspectos que se recomienda con gusto.





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