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Errata

Evaristo Aguirre

Armas y letras

Me van a perdonar el uso de este título tan poco original ­–es osado mentar a la ligera a Cervantes–, pero ya verán que es bastante adecuado, pues he hecho un viaje, literario, al siglo XIX español y me he encontrado con un militar que anduvo metido en todos los fregados políticos –que fueron muchos y de lo más variado– de su tiempo. Tengo la sensación de que el siglo XX tapa a muchos lectores la existencia del XIX; sí, todo el mundo conoce y muchos han leído a Galdós, a Clarín, a Larra, pero hay otro puñado de nombres que se han quedado en esa parte del disco duro cerebral en la que tenemos almacenadas algunas informaciones procedentes del colegio: que si Espronceda, que si Cadalso, que si Valera. Los hay incluso, es el caso de nuestro invitado de hoy –un toque de programa de radio antiguo…–, cuyo recuerdo está relacionado con los crucigramas.


Cuántas veces hemos leído eso de “gorro militar con visera… tres letras…”, y decimos “pues ros”; respuesta correcta. La denominación de semejante sombrero viene del apellido de su inventor, Antonio Ros de Olano (18080-1896), quien llegó a ser general, participó en la primera guerra carlista –era partidario de María Cristina y de Isabel II– y en algunas contiendas africanas, se dedicó a los negocios y, en especial, a la política, vinculado fundamentalmente a la Unión Liberal de O’Donnell, pero un tanto veleta en sus apoyos e intereses políticos. E inventó el mencionado gorro y escribió.


Con edición de Jaume Pont, la editorial Crítica ha incluido una selección de textos de Ros de Olano bajo el título Relatos en su colección Clásicos y modernos. Y la verdad es que la cosa tiene su gracia.

Hay cuatro apartados: los relatos fantásticos y grotescos; los sentimentales; los Episodios militares; los Cuentos estrambóticos, y las memorias. Los que más me han gustado han sido los incluidos en las tres últimas categorías. De los militares hay tres, todos ambientados en la guerra carlista. Son historias cortas, que juegan con una anécdota, pero que describen muy bien el frente de batalla, a los combatientes, sus conversaciones. Tienen un punto de humor negro. Son austeramente descriptivos. Los estrambóticos parecen modernos, juegan con el absurdo y tienen algo parecido a una moraleja, pero no exactamente positiva.


Ros de Olano es el cuarto por la izquierda (sentado), en un cuadro de A. M. Esquivel

Las memorias se titulan Jornadas de retorno escritas por un aparecido. Son 140 páginas escritas por un Ros de Olano maduro a propósito de la casa familiar y la vida allí durante su adolescencia. El autor y sus numerosos hermanos se quedaron huérfanos y fueron acogidos en la masía del abuelo, donde convivieron con una también numerosa familia en la que había militares, juristas, políticos, hombres de iglesia… Este texto memorialístico juega con una historia de la venganza de un burro para ir contando diversas peculiaridades de aquella casa, así como movimientos de la historia del país que a sus habitantes afectaban.

Una pega: la foto de la portada de esta edición tiene un aire de expresionismo alemán que no cuadra con la literatura de Ros de Olano

eaguirre@divertinajes.com




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