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Pantumaca

Sara Orúe

Velocidad

Mi coche y yo somos genéticamente incapaces de conducir a 80 por la autovía de Casteldefells. Bueno, ni por esa ni, me temo, por ninguna otra.

—Un coche no tiene genética.
—Será el tuyo. El mío es alemán y tiene de todo.

Por eso, por tener una genética tendente a la velocidad me han soplado dos puntos del carnet de conducir.


—Vamos, que ibas como las locas por una autovía de velocidad variable.
—Como las locas no. Iba como iba todo el mundo hasta hace unos meses. Velocidad variable no, lentitud variable.
—Te noto tiquismiquis.
—No es para menos, 2 puntos y 135€, tócate las narices.

Claro que, bien pensado, estas son las cosas que me humanizan.

—¿Lo qué?
—Sí, Julieta, los defectillos, los errores humanizan.
—Amos anda, quieres decir que yo, símbolo de la perfección, no soy humana.
—No mi amor, quiero decir que tú, símbolo de la tontuna, eres la más humana de todas.

No debería de superar los límites de velocidad, lo sé, pero me estresa ir todo el rato frenando y no lo soporto.

—Son muchas las cosas que tú no soportas.
—No lo sabes bien: si sumamos lo que no soporto y a quien no soporto, hacemos un mundo paralelo. Paralelo e insoportable, sólo de pensarlo me da grima.

Porque no puedes evitar las cosas que no te gustan y, aunque lo intentas, no puedes tampoco huir de todas las que te enervan. Bueno, puedes intentar huir yendo a 110 Km/hora por donde sólo está permitido ir a 80… pero te acaban pillando. Y multando.

—¿Ibas 30 km/hora por encima de la velocidad permitida?
—Iba.
—Pues te mereces la multa.

Que yo no digo que no la merezca, oigan. Yo, como Julieta Venegas, “Es probable que lo merezca pero no lo quiero”.

—Muy lista mi lacaya.
—Tocaya, los que tienen tu mismo nombre son tus tocayos, no tus lacayos. De hecho los lacayos son los que te sirven
—Los que te sirven para qué.
Julieta, qué dura de mollera eres. Me refiero a personas que están a tu servicio, que trabajan para ti.
—No conozco ninguna de esas. Incluso yo trabajo para otros.


Es que me molesta profundamente pagar las autopistas

—Mira la lista, infractora y amarreta. Lo tienes todo.

No es por roñosa, de verdad, es porque, en teoría, pagas por ir más rápido y más seguro que por la carretera normal y, en el caso que nos ocupa, ni lo uno ni lo otro: No puedes correr más porque la mitad de la autopista está con velocidad restringida y la otra mitad en obras hace dos años, y, precisamente por esas obras, no es más segura que otro tipo de vía. ¡Me da una rabia!

A 133 Km/hora por una carretera que sólo se podía circular a 100 y haciendo eses iba un noruego hace unos días. Un coche de policía que se cruzó con él alucinó, no sólo excedía la velocidad permitida sino que, además, llevaba a su novia sentada encima y, mientras conducía, practicaba sexo.

—Acabáramos, lo que tenía el colega era un acelerón.

Lo que no dice la noticia es si estaban usando o no preservativo por lo que no sabemos si practicaban sexo seguro. Lo que sí sabemos seguro es que, practicar sexo a la vez que conduces, no es nada seguro. ¿Me explico?

Total, que la multa es de las que dan miedo y, además, le quitan el carnet de conducir.

—Que le quiten lo bailao. Entre no más conducción y no más sexo, a ver qué elegiría la gente.

Pues también es verdad.




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