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Círculo de iluminación

Eva Orúe

Lunes de (me hacen la) Pascua

[eorue@divertinajes.com]

 

Aunque no me fui (de vacaciones), estoy de vuelta (al trabajo). Les juro que me gusta iluminar este Círculo, pero hoy es un lunes completamente lunes y mi sentido de la responsabilidad me ha hecho la pascua…

Maldita etimología

Jubilación viene de júbilo, pero hay alguna jubilación nada jubilosa.

Me cuentan que en el mundillo cultural barcelonés hay un cabreo sordo, pero no necesariamente mudo, a propósito de lo ocurrido con Gonzalo Pontón, con el que se está cometiendo (y cito a uno de mis interlocutores) «una de las mayores injusticias de la historia de la edición española desde la vergonzante salida de Esther Tusquets de Lumen».

No descubro nada si digo que Gonzalo Pontón (igualmente conocido como «Pontón padre») es el feliz responsable de un espléndido catálogo: Chomski, Beevor, Hawkins, J.M. Sánchez Ron..., el construido título a título en esa editorial excepcional que es Crítica. Quienes me leen saben también, porque se ha publicado ya, que Planeta ha decidido jubilarlo como consejero delegado de la editorial por él fundada (en 1976) y dirigida (ininterrumpidamente durante 33 años).

Podríamos estar ante una historia de edad y resistencia: Pontón ha cumplido los 65, y tal vez alguien piense que lo único que quiere es aferrarse a un cargo relevante… pero las cosas van por otros derroteros; no quiere abandonar su obra, y ha manifestado a Planeta (socio mayoritario de la editorial) su deseo de comprarle las acciones. Ése es el plan A; si no funciona (y no tiene visos de funcionar), el B pasa por exigir la venta de sus (de él) acciones a Planeta (está obligado a ello por un contrato entre socios que firmó hace diez años).

Detrás de todo esto anida el miedo a que quienes tomen la empresa en sus manos cambien la línea editorial, puesto que si bien Crítica siempre ha obtenido beneficios, hay quien piensa que podrían incrementarse publicando de otra manera. De momento, Planeta ha dado un respiro a quienes se temen lo peor confirmado en su cargo a la directora editorial Carmen Esteban, pero Pontón no desea sancionar con su presencia, ni como asesor (se le ha ofrecido) ni como accionista, una línea editorial que nada tenga que ver con lo que Crítica ha venido ofreciendo.

Y en esas estamos.

La realidad supera a la ficción

¿Cuántas veces hemos escuchado a alguien decirlo? Y es verdad que, en muchas ocasiones, nos llegan historias que superan con mucho lo que podría inventar el magín calenturiento de un escritor desbocado…

Eso es lo que ocurre con La nieta de la Maharaní, el título con el que Roca editorial inaugura (tal y como les adelantamos hace algunos meses) su nueva colección, Memorias.


La nieta de la Maharaní es la historia de Maha Akhtar contada por ella misma. Y les puedo adelantar que no es una historia de tantas… Algunos la conocerán como bailaora de flamenco, porque ha bailado con Manuela Carrasco; otros, profesionales de la información, tal vez sepan de ella que fue mano derecha de Dan Rather en CBS News; y alguno habrá, habitual de los circuitos musicales, que la conozca como ayudante de The Cure.

No se sorprendan, esas tres mujeres son una sola. Y, más sorprendente todavía, además de todo eso Maha es nieta de Anita Delgado, la mujer que prendó al Marajá de Kapurthala y encendió la imaginación de la España de principios del siglo XX.

Desde luego, no es una biografía al uso porque no estamos ante un personaje común. Del interés del personaje da fe el hecho de que Maha, que habla un español esplendido, haya sido reclamada por algunos de esos programas de televisión que tanto se hacen de rogar para dar publicidad a un libro. La obra sale a la venta el 28 de abril.

Caen las ventas

Los libreros (no sus representantes) siguen llorando la pena: «Este trimestre, un 22% menos», se queja uno; «Hemos bajado más de un 25%», confiesa el otro; «La gente entra, y mira, pero comprar, no compra», explica aquel… Destilan lamentos, al tiempo que se preguntan dónde van a parar las ayudas oficiales anunciadas desde el Ministerio y los (algunos) gobiernos autonómicos, cientos de miles de euros destinados a la compra de libros que, al cabo, sólo benefician a unos cuantos, los de siempre… Porque la opacidad en este terreno es casi total, y tal.

También es cierto que resulta fácil lamentar la ausencia, o el reparto anómalo, del maná en forma de subvenciones, cuando los libreros deberían estar preparándose para el nuevo tiempo que ya está aquí. ¿Cuál es su plan, si es que alguien tiene alguno? ¿Qué piensan hacer para dinamizar unos negocios (ah, sí, las librerías son tiendas) que están de capa caída? ¿Van a cambiar sus hábitos, sus modos, sus modelos? ¿O van a seguir quejándose de que no se les ayuda lo suficiente y dejándose arrastrar?

Cae el ministro

Dicen las malas lenguas que don Cesar Augusto, digo, César Antonio tenía más vocación de ex ministro que de ministro en ejercicio. Si ése era su objetivo, objetivo cumplido.

¿Se caen de la Feria?

Me cuentan que algún librero madrileño, que este año había decidido ausentarse del Retiro (1.442 la caseta, más el seguro, y un esfuerzo considerable para abrir en el Parque sin descuidar la librería), ha recibido la visita de los gerifaltes del Gremio de Libreros (al fin y al cabo, los dueños de la Feria: que se lo pregunten a los editores), quienes intentan darles argumentos para la participación.

Lo cierto es que los libreros deben vender por valor de más de 6.000 euros para empezar a recuperar la inversión, y que —si no hay firmas de relumbrón que animen a los compradores— alcanzar esa cifra es difícil en tiempos de bonanza, no digamos nada en tiempos de crisis. En fin… 

Las hijas del Rey Lear


Cuenta Jesús Egido, editor de Rey Lear, que cuando pensó en crear un nuevo sello editorial pensó, con toda naturalidad, en ponerle un nombre emparentado con el monarca. Saben ustedes que Shakespeare dio a Lear tres hijas: GonerilRegan y Cordelia. Las dos primeras, malas-malísimas; la tercera, un pedazo de pan. Y Jesús abriga sólo buenas intenciones, quiso encomendarlo a la más pequeña y pensó en bautizarlo Reino de Cordelia.

Luego, las oficinas de marcas y demás asuntos le pusieron algunos inconvenientes, y aunque sigue luchando por ese nombre (que es el de la S.L. detrás de la aventura editorial), tuvo que decidirse por otro. Regan le sonaba mal (a don Ronald, que hay que especificarlo todo), así que optó por Goneril. De ahí que la página web sea reinodecordelia.es mientras en la portada del libro aparece Reino de Goneril. Y que en ambos casos, el logo sea la misma doncella abrazada a idénticas flores.

Ahora, el sello se presenta con Tratado sobre los vampiros, de Augustin Calmet, el primer libro sobre esos chupasangres de la historia de la literatura (fue escrito en el siglo XVIII). La elección tiene su lógica: pretendían publicar grandes obras de viajes y gastronomía y han acabado sacando éste, quizá porque no hay alimento más básico que la sangre. ¡Que se lo pregunten a Lear y a sus descendientes!

PD.- ¿Algún voluntario en el mundo editorial para representar Las hijas del rey Lear, esa comedia en tres actos original de Pedro Muñoz Seca? Era sólo una idea.

Atrapados en la Red


La semana pasada les conté que Enrique de Hériz tenía a punto su nueva novela. En Edhasa, por cierto.

Lo que no les conté, porque en ese momento no lo sabía, es que se ha puesto en marcha un Blog para preparar el lanzamiento de la novela.

Allí, en colaboración con el autor, los responsables de la editorial irán desvelando de forma sutil más información sobre la obra… Por ejemplo, hay una entrada sobre la fotografía de la cubierta y lo que hay de magia en ella. Otra entrada es sobre hormigas, aunque la relación entre esos insector himenópteros y el texto literario sea menos evidente…

En cualquier caso, si quieren seguir la pista de esta novela, pinchen aquí.

 

Felicidades


No me ocupo con frecuencia del libro infanbtil y juvenil, básicamente, porque ésa es una especialidad que no he cursado. Pero, no es infrecuente que de cuenta de la aparición de novedades sustanciosas, y tampoco lo es que me alegre cuando alguien conocido logra algo relevante…

Como es el caso. Dos libros de Topka, Lucía: alto y claro («Hace tres días, cuatro horas y dieciséis minutos que Lucía le dejó los lápices de colores a su hermano Omar. No va a tener más remedio que pedírselos. Pero, ¿cómo puede una niña sorda llamar la atención de un adolescente oyente que no quiere esforzarse en entenderla?» y Me gusta divertirme («Patinar, leer, andar en bici... ¿Y a ti qué te gusta?»), han sido incluidos en el catálogo de libros extraordinarios para niños con discapacidad (Outstanding Books for Children with Disabilities 2009) que publica el Centro de Documentación de Libros para Jóvenes con Discapacidad del IBBY.  Y a mí me parece que ésa es una buena noticia.

Acuse de recibo


Los viajes de Emily Nudd Mitchell
Demipage

Emily Nudd Mitchell (Francia, 1979) es ilustradora y viajera infatigable. Sus dibujos y acuarelas son una extensión de sí misma y resulta imposible pensar en ella sin el pincel ni sus bártulos de pintura que la siguen a todas partes.

Los viajes de Emily Nudd Mitchell es su primera entrega editorial. En ella nos lleva de la mano por países de África y de Oriente Medio: Senegal, Yemen, Egipto y Turquía protagonizan su particular Ruta del Incienso, como aquellas caravanas de camellos que finalizaban sus arriesgadas travesías en Estambul, después de haber recorrido continentes. Las páginas de este libro son un resumen de todos los cuadernos de viaje que creó durante su estancia en estos países. La belleza de sus dibujos, su respetuoso poder de observación, la naturalidad de los testimonios de la gente que encontró y con quien compartió camino, así como sus propias vivencias e improvisaciones ofrecen una visión de esta parte del mundo sorprendente y con un tono desconocido hasta ahora. Sus admirados Orhan Pamuk, Joseph Kessel o Marjane Satrapi se convierten en entrañables y sabios compañeros de viaje. Pero además, cuentos orientales, milongas africanas, personajes singulares hacen de este libro una pieza imprescindible en su género. 


Antonia Mercé. El flamenco y la vanguardia española
Ninotchka Devorah Bennahum
Traducción de Lourdes Bassols
Global Rhythm Press

Dos apodos apenas separados por un diminutivo deslumbran en el planeta de la danza española durante la primera mitad del siglo XX. Uno de ellos, la Argentinita, evoca pasiones lorquianas y dramas taurinos aún no olvidados. El otro, la Argentina, pertenece a una mujer hoy menos célebre que entregó su cuerpo al demonio de las tablas para convertirse en la bailarina (o bailaora) española más sofisticada e influyente de su tiempo. Y la disyunción (o la ambigüedad) es aquí pertinente porque Antonia Mercé sacó el baile flamenco de los ambientes tabernarios donde ella misma se había cepillado su impecable clasicismo y lo dotó de los atributos estéticos que necesitaba para elevarse a las más altas cumbres escénicas sin renunciar por ello a la vieja savia gitana. Por otro lado, la fructífera interacción de la Argentina con músicos como Manuel de Falla, escenógrafos como Néstor de la Torre o bailarines míticos como Vicente Escudero la sitúan en una encrucijada decisiva dentro de la cultura española contemporánea. Cuando murió (el 18 de julio de 1936, nada menos), la prensa de medio mundo describió a Antonia Mercé con una frase perfectamente estereotipada y, sin embargo, no del todo imprecisa: había sido la Pavlova del flamenco.


Alas negras
Laura Gallego
Ediciones del Laberinto
Web del libro

En Alas de fuego conocimos a Ahriel, un ángel femenino, cuya misión era guiar y proteger a la reina Marla. Pero cuando descubre una conspiración para iniciar una sangrienta guerra, Ahriel es traicionada y encerrada, con las alas inutilizadas, en la espantosa prisión de de Gorlian, un mundo primitivo, salvaje y brutal, de donde nadie ha logrado escapar jamás. Lo que pasó después es lo que viene ahora...


Guardia nativa
Natasha Trethewey
Edición bilingüe. Prólogo y traducción de Luis Ingelmo
Bartleby

«Los poemas de Guardia Nativa (galardonado con el Premio Pulitzer de Poesía en 2007), con un agudo sentido del control y de la forma, ahondan en la memoria de los Estados Unidos, así como en la propia biografía de Natasha Trethewey, para conformar un entramado de oposiciones con el que reparar amnesias colectivas y personales. Este magnífico poemario es un monumento lírico con el que devolver la voz a los silenciados en una peregrinación de tres jornadas: elegías a la madre de la poeta, sonetos de un soldado afroamericano durante la Guerra de Secesión estadounidense y, por último, poemas autobiográficos donde se aprecian cadencias más libres y singulares. El conflicto latente entre lo histórico y lo individual y en la relación de la poeta con el Sur de su país –del que ella es tanto oriunda como exiliada–, se entrelaza en el testamento que surge sobre el trasfondo de esa metáfora que es la «guardia nativa» con una arrebatadora e inquietante voluntad testimonial y, al fin, catártica. Trethewey es una poeta conmovedora.» Luis Ingelmo.


Tercera persona. Política de la vida y filosofía de lo impersonal
Roberto Esposito
Amorrortu


Hoy más que nunca, la noción de persona es una referencia ineludible de los discursos filosóficos, éticos y políticos que reivindican el valor de la vida humana en cuanto tal. En el campo de la bioética, católicos y laicos, aun sustentando visiones contrapuestas acerca de la génesis y la definición del componente personal, coinciden en el valor decisivo que le otorgan como base única de la intangibilidad de la vida humana. También en el plano jurídico se impone un vínculo cada vez más estrecho entre el goce de los derechos subjetivos y el apelativo de «persona», capaz de superar la brecha, que se remonta a los orígenes de nuestra tradición, entre hombre y ciudadano, derecho y vida, alma y cuerpo. Roberto Esposito plantea la radical e inquietante tesis de que esa brecha no puede ser colmada por la noción de persona, pues esta misma noción la produce. La persona, más que un mero concepto, es un dispositivo de muy larga data. Su efecto principal es la separación que establece, dentro del género humano y dentro de cada uno de sus integrantes, entre dos zonas de diferente valor: una racional y voluntaria, que empuja a la otra, directamente biológica, hacia la dimensión inferior del animal y de la cosa.

Contra el poder performativo de ese dispositivo, romano y cristiano en su origen, Esposito lleva adelante su innovadora investigación filosófica, inaugurando una reflexión inédita sobre la categoría de impersonal: tercera persona es aquella que, al rehuir el mecanismo excluyente de la persona, remite a la unidad originaria del ser vivo.




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