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El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Zafio y prescindible


Mentiras y gordas es un pretendido filme «sobre la juventud actual» al servicio de un discurso antiguo, y arropado en una dramaturgia pobre.

Sexo, drogas y música moderna son el marco en que se mueven los jóvenes protagonistas de esta comedia dramática coral que plantea algunos temas de interés, pero los resuelve a través de la brocha gorda y el chiste manido. Los directores de Más que amor, frenesí y Sobreviré pretenden retratar un verano crucial en la vida de un grupo de chicos y chicas que se engañan entre ellos y a sí mismos, pero, de nuevo, los realizadores buscan ganarse al espectador más acomodaticio obsequiándonos con una sucesión de cuadros de sexo, noches de discoteca y enredos varios que provocan más bostezo que risa o excitación.

Mentiras y gordas es un cuadro poco amable de personajes no demasiado simpáticos entre los que se incluyen varias parejas rotas, traficantes de droga, músicos frustrados y chicas con problemas de sobrepeso. No hay espacio para sutilezas ni matices, pero tampoco se atreven a tomarlo todo a broma así que incluyen un par de asuntos serios y un final tristón. Algo que echa a perder el único valor de la película, que es la celebración de la corporalidad juvenil y la sátira suave de los males en las relaciones de pareja.


Los tópicos se acumulan: la traficante que «busca dejarlo», la chica con complejos, el joven secretamente enamorado de su mejor amigo, el mentiroso «con gancho»… tópicos resueltos sin atisbos de pasión fílmica. No sabemos por qué Ángeles González Sinde se ha sumado como guionista a tamaño despropósito ni cual es su participación en un guión que retrata una serie de vidas «tontas» y cruzadas a las que cabría haber añadido más personajes y situaciones ya que todo es fácil y cinematográficamente plano. Los realizadores demuestran cierta soltura para plantear situaciones de enredo, pero menosprecian al espectador dejando todos los cabos sueltos y riéndose de personajes de «encefalograma plano» y destino desastroso.

Mentiras y gordas podría ser un pasatiempo desinhibido «sin más» pero Albacete y Menkes no pueden evitar meter con calzador algunos temas trascendentes y todo acaba chirriando y volviéndose además de banal, gratuito y pretencioso. Hay ecos de Historias del Kronen en versión ligera, pero nada ni nadie consigue convencernos en tan desconectada función. Una comedia juvenil fracasada que da la imagen de que un sector de la juventud española pasa su vida en horribles discotecas y llevando unas relaciones sentimentales y sociolaborales desastrosas. El efectismo y la zafiedad se dan la mano con una realización plana para un filme totalmente prescindible.




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