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Errata

Evaristo Aguirre

Escuchar antes de haber leído


Sylvie Simmons –para que sus compatriotas de la Gran Bretaña descubrieran, a principio de la década del 2000, a uno de los grandes del pop francés –Serge Gainsbourg–, esta biografía es también para los lectores españoles la mejor manera de acercarse a esta músico que, además, escribió una novela; y yo me he enterado por este libro.

Se titula sencillamente Serge Gainsbourg. La biografía, está publicada por Reservoir Books, con traducción de Ángeles Leiva, y cuenta, muy bien, la vida y la obra de este compositor y director de cine, de este cantante y actor que nació en París, en abril de 1928, donde le pusieron el nombre de Lucien Ginsburg, transformado luego para su carrera artística, y que murió en la misma ciudad en marzo de 1991, convertido en un personaje que conocía todo el mundo, que aparecía en los horricundos programas de variedades de la tele francesa y allí le podía espetar, en directo y para malestar del atildado presentador, a una sonriente Whitney Houston que se la quería follar –en inglés para que ella le entendiera bien–, pero que mantuvo el aprecio de los más exigentes y de los más snobs, de los partidarios de lo más rompedor en la música y el cine y de los que prefieren reconocer las estructuras mediante las cuales les están contando o cantando algo.


De Gainsbourg no se puede decir aquello de que se adelantó a su tiempo, porque fue convenientemente reconocido en su momento, a pesar de que no todo se entendiera o se recibiera con el mismo entusiasmo, pero sí se puede confirmar que una grandísima parte de sus creaciones tienen ahora una lectura perfectamente contemporánea. De hecho, muchos músicos jóvenes, que no le conocieron en vida, le citan como una de sus influencias y hacen versiones y puestas al día de sus canciones.

Y además, se metió en eso de la novela. La verdad es que no puede llamar la atención, pues Gainsbourg escribía canciones, guiones de cine… Hay una cita en el libro que recuerda que el presidente de la República francesa cuando murió Gainsbourg, François Mitterrand dijo: “Era nuestro Baudelaire”. A los políticos ante las celebridades muertas –y a veces vivas– hay que hacerles poquito caso, pero la comparación no deja de tener su gracia.

La novela se titula Evguénie Sokolov y apareció en 1980. Cito a Sylvie Simmons: “Es un erudito relato tragicómico de un joven que supera su sufrimiento (debido en su caso a unos fuertes gases intestinales) canalizándolo por medio del arte, lo que le reporta un gran éxito”. Vamos, que cuenta la historia de un tipo que decide hacer arte a base de tirarse pedos. Al parecer, hay mucho de crítica social y cultural –cómo no–, pero a mí el planteamiento me ha recordado a los libros de José Gutiérrez Solana o a escenas de las películas de Buñuel, por ejemplo, en donde claro que hay crítica, pero también muchas ganas de escandalizar por la vía rápida que, aunque parezca mentira, sigue funcionando.




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