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Círculo de iluminación

Eva Orúe

Ojo avizor

[eorue@divertinajes.com]

Mientras muchos tienen la vista puesta en esos «estrenos» editoriales que han de salvar el mal año, otros aguardan con expectación las obras de autores seguros que no tan conocidos, quizá no tan vendidos, pero desde luego importantes, sin duda literariamente relevantes.

Me cuentan que, tras cinco años trabajando en ella, Enrique de Hériz (autor de Mentira, El día menos pensado, Sorda, pero ruidosa, Historia del desorden) ha entregado la versión definitiva de su próxima novela, que llegará a Madrid un poco antes de la feria, esto es, a mediados de mayo. Se titula Manual de la oscuridad y narra la historia de un mago que queda ciego.

(Entre paréntesis: ¿está la ONCE en campaña? Primero fue Saramago, luego Almodóvar y ahora...) 

Me dicen también que buena parte del trabajo de campo consistió en intentar conocer a fondo cómo se las arregla un ciego que no lo es de nacimiento, y en estudiar la historia de los principales trucos de magia y sus creadores. Un novelón, vaticinan. Cruzamos los dedos.

Ricard Salvat

Hace unos días nos dejó Ricard Salvat (creador teatral: profesor, historiador, director...), quien semanas antes de fallecer, concedió una entrevista a La Vanguardia con motivo de la recuperación (Meteora) de su novela «maldita» Animals destructors de lleis, que hace 50 años ganó el premio Joanot Martorell (antiguo Premi Sant Jordi. Ese año, Rodoreda fue una de las finalistas, y el jurado estuvo compuesto por Carles Soldevila, Salvador Espriu, Joan Fuster, Rafael Tarsis y Maria Aurèlia Capmany) pero cuya difusión quedó truncada por la presta acción de la guadaña de la censura.

Mis amigos de Barcelona me aseguran que este «reestreno» concede a Meteora, una esas editoriales pequeñas cuyos responsables se baten el cobre para publicar bien y animar a los lectores, el estatus de «protagonista» de Sant Jordi 2009, y manifiestan su confianza en que esta reedición permita que Salvat sea reconocido como el gran hombre de cultura que fue.

Un poquito de por favor

Me reprocha un lector, y hace bien, que me vanaglorie de mis dotes adivinatorias cuando acierto el nombre del ganador de un premio, y no diga ni mu cuando meto la pata hasta el corvejón.

El rapapolvo viene a cuento de un vaticino fallido. «No sé cuál es su favorito —escribí a propósito del Premio Fundación José Manuel Lara—, y no soy quién para decir cuál es la mejor novela, pero todo parece indicar que el día 17 de marzo, día en el que se hará público el fallo del jurado en el transcurso de una cena literaria que se celebrará en el Pabellón de Cecilio Rodríguez del Retiro madrileño, es la fecha elegida para premiar y homenajear a una grande de nuestra literatura, Ana María Matute, favorita de todas las quinielas.» El ganador fue, ustedes lo saben ya, Isaac Rosa.

En fin, quede aquí constancia de que yo, como el Papa, soy falible aunque, a diferencia del Papa, lo admito gustosa… vale, cuando un internauta puntilloso me lo exige.

Y ya puestos, quede también constancia de mi sorpresa ante la composición del jurado que otorgó el galardón. Les reproduzco la lista de miembros:

Manuel Borrás (Editorial Pre-Textos)
Juan José Ginés (Librerías El Corte Inglés)
Paco Goyanes (Librería Cálamo, Zaragoza)
Jorge Herralde (Editorial Anagrama)
José Manuel Lara (Fundación José Manuel Lara)
José Carlos Mainer (catedrático de Literatura de la Universidad de Zaragoza)
Lluís Morral (Librería Laie, Barcelona)
José María Pozuelo Yvancos (catedrático de Literatura de la Universidad de Murcia)
Jesús Vigorra (crítico literario)

¿Leen algo raro? No, no me refiero a un representante de El Corte Inglés, guste o no, una de las librerías más (si no la más) grandes de este país. Lo raro es que no haya ninguna mujer, lo cual es sorprendente en un gremio en el que las féminas son muchas, e influyentes. Que no se trata de reivindicar cuota, sino de pedir que quienes están llamados a votar sean representativos del sector. Vamos, digo yo.

Otro premio

Como sin duda ya sabréis, Mirar al agua, de Javier Sáez de Ibarra, es el volumen de cuentos ganador del Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero, dotado con 50.000 euros. La decisión del jurado, presidido por José María Merino, fue unánime y el libro saldrá en mayo publicado por Páginas de Espuma.

No pude asistir al acto de proclamación del vencedor, sólo a la rueda de prensa en la que se notificó a los medios el nombre del afortunado, y en la que el ganador no estuvo. En su ausencia, los jurados elogiaron la calidad de su obra (y la de los finalistas) y el editor, Juan Casamayor, se asombró de que siendo Sáez de Ibarra un escritor parsimonioso, haya completado esta gavilla de relatos a gran velocidad, hecho que él atribuyó a su (de Javier, claro) reciente paternidad.

Me vino entonces a las mientes lo que me dijo un amigo a propósito del último libro de Menéndez Salmón, menos pesimista que los anteriores, algo que él (mi amigo) achaca a su (de Salmón) reciente paternidad…

«La paternidad —me aclara Sáez de Ibarra— da prisas en algunas cosas y exige sobre todo diligencia; para empezar (caso del varón), con los biberones. Una amiga dice que es una mezcla de amor, responsabilidad y miedos… Y sobre el pesimismo completamente de acuerdo, un padre no puede ser sino optimista, y, si no fuera tal, un hijo lo obligará a parecerlo hasta el punto de creérselo.

»Sobre la velocidad de escritura. Yo soy rápido casi siempre, porque no me ocupo yo, sino que trabajan las musas (¿o es que vamos a creer en cualquier superstición y no en esas brujillas?) Aunque a las musas se las alimenta, pero en el tiempo de descanso…»

Que todo esto sirva para felicitar a un cuentista de pro... y agradecerle a su hija el acelerón.

Reflexiones en torno a una presentación

La semana pasada me comprometí a compartir con ustedes algunas reflexiones sobre las presentaciones de libros, a raíz de una experiencia reciente con Maeva, que confió a los lectores la tarea habitualmente reservada a periodistas y críticos.

Les diré, por si me leen desde fuera de Madrid, que en esta ciudad es raro el día en el que no se presentan cuatro o cinco libros, y que esos actos sociales, tediosos en tantas ocasiones, compiten con otras mil y una convocatorias para atraer al público, que es mucho pero limitado. Hablo, de momento, de las presentaciones abiertas, no de aquéllas concebidas para los periodistas prensa: desayunos, almuerzos, ruedas de prensa, visitas al socaire de tal o cual novedad editorial…

La situación, grosso modo, era esta: hasta hace nada, los editores mandaban sus novedades a los periodistas de la cultura acompañadas de dossiers, entrevistas al autor y otros cebos pensados para facilitar la tarea del informador y, en los tiempos de internet, también para ser reproducidos tal cual por cuantos más sitios web mejor. Pero, claro, la capacidad lectora de los periodistas es limitada y no era extraño que un libro publicado en enero fuera reseñado en septiembre, cuando ya no estaba en las librerías. Hablo, por supuesto, de las obras no tan sexys, las que no vienen precedidas de un gran éxito, las que no están firmadas por alguien muy conocido, las que tienen todos los números para pasar a engrosar la pila de libros no leídos o, cuando menos, cuya lectura es pospuesta.

Ésa era la situación, con los matices que los habituales del circuito conocen y que no voy a exponer aquí. Al cabo, lo difícil era obtener repercusión…

Ahora, en los tiempos de internet, las jerarquías han cambiado, los críticos no son ya la única autoridad reconocida y los periodistas han dejado de ser el filtro inevitable. Así, Maeva, importando un sistema que funciona y muy bien en Estados Unidos, confió el libo que quería promocionar (Nadie lo ha visto, de Mari Jungstedt) a sus posibles lectores. Aquellos que lo pidieron, recibieron un ejemplar a cambio de la promesa de una crítica. Ni que decir tiene que, en esta labor, los foros y los blogs fueron aliados importantísimos. Para cuando la editorial seleccionó a los 5 lectores que acompañarían a la autora de la obra en la presentación madrileña de la misma, muchos habían ya oído hablar de ella y comentado sus virtudes y defectos en la plaza abierta de la Red.

A mí me tocó moderar la mesa, y debo confesar que me sorprendió tanto la implicación de mis compañeros presentadores como, sobre todo, la respuesta del público: muchos foreros decidieron ir hasta el final y asistir al acto. Resultado: una sala llena (les aseguro que no es habitual, cuando la escritora no es conocida) y una repercusión garantizada.

Por supuesto, esto no quiere decir que se descuide a los medios tradicionales, pero el cambio es sustancial. 

Anuncio clasificado por palabras

Correctora en paro se ofrece para socorrer a portal de venta de entradas que tiende a confundir alguna forma del verbo «ver» con otra del verbo «ir».


Acuse de recibo


Los falsificadores de moneda
André Gide
Traducción de Mª Teresa Gallego Urrutia
Alba

Los falsificadores de moneda narra la historia de un héroe (Bernard) azarosamente combinada con la de un novelista (Édouard) y de la novela que está escribiendo. A su lado, no menos de veinticinco personajes de todas las edades se enredan en una trama de rivalidades afectivas y literarias que componen un retrato múltiple, espejeante y sinuoso, en torno al tema de la libertad de elección. Gide se inspiró en dos crónicas de sucesos -la desarticulación de una banda adolescente de falsificadores de moneda y el suicidio de un colegial delante de sus compañeros de clase- para escribir esta novela cánonica del siglo XX.


El rival de Prometeo. Vidas de Autómatas Ilustres
Marta Peirano y Sonia Bueno (eds.)
Impedimenta

Todas las épocas tienen sus autómatas. Pero la edad dorada de los creadores de «anatomías vivientes» nace con los émulos del gran Jacques de Vaucanson, artífice del célebre «Pato con Aparato Digestivo», una criatura de cobre capaz de «comer, beber, graznar, chapotear y hacer sus necesidades en una palangana de plata». «Si no fuera por el pato cagón —irónizó Voltaire— ¡nadie recordaría la gloria de Francia!»

La imaginación popular se excitaría durante décadas con «el Turco» de Von Kempelen, un autómata de notoriedad extraordinaria, jugador de ajedrez invencible que derrotaría a las mejores mentes pensantes del mundo, incluido Napoleón. De ahí solo hay un pequeño paso hasta las aterradoras fantasías de E. T. A. Hoffmann, Edgar Allan Poe o Ambrose Bierce, hasta las interpretaciones psicoanalíticas de Sigmund Freud, las malvadas andreidas de la Metrópolis de Thea von Harbou, La Eva futura de Villiers de l’Isle-Adam o las apocalípticas predicciones de Isaac Asimov o Vernor Vinge. Todos ellos se dan cita en esta obra.


Escribir y reescribir. Un manual para la corrección de textos narrativos
Gloria Fernández Rozas
Fuentetaja

Este libro tiene como objetivo dotar a los aficionados a la escritura de una guía que les permita afrontar el complicado camino de la revisión y la posterior reescritura de un texto narrativo. Nace de la experiencia de muchos años de docencia en el taller literario y de la constatación de que, con mucha frecuencia, obras surgidas de excelentes ideas se quedan en el camino por falta de estímulo y de recursos que permitan su corrección. Detectar los errores que un texto presenta y encontrar las soluciones que los resuelvan forma parte del mismo proceso creativo del que nace una idea y la convierte en palabras. Revisar, corregir, reescribir son solo etapas del mismo acto de creación.


La importancia de las cosas
Marta Rivera de la Cruz
Planeta 

La pacífica existencia de Mario Menkell –un tímido profesor universitario autor de una única y exitosa novela– cambia de golpe cuando tiene que hacerse cargo de los efectos personales de su inquilino, Fernando Montalvo, que acaba de suicidarse. El atribulado Menkell descubrirá que el piso del que es propietario está abarrotado de los objetos más variopintos: una colección de vitolas de puros, un lote de gramolas antiguas, porcelanas, miniaturas, huchas de cerámica, soldados de plomo... Tras el desconcierto inicial, Menkell entenderá que las cosas de Montalvo pueden ser un generoso guiño del destino, que por una vez parece haberse puesto de su parte. Ayudado por Beatriz, la mujer a la que ama en secreto desde hace años, Mario Menkell será capaz de reconstruir la misteriosa existencia de Fernando Montalvo y encontrará así una historia que puede brindarle la gran oportunidad de su vida.


Ardores de agosto
Andrea Camilleri
Traducción de María Antonia Menini
Salamandra

Un calor asfixiante arrasa Sicilia como una llamarada; durante el día el aire se vuelve irrespirable, las piedras queman y ni siquiera un baño en el mar ofrece algo más que alivio momentáneo. Con la ciudad sumida en un letargo incandescente, Salvo aguarda la llegada de Livia, que viene con unos amigos a pasar las vacaciones en una solitaria casita frente a la playa. Pero el idílico plan se tuerce cuando, oculto en los sótanos de la casa, aparece un baúl con un cadáver dentro...

Décima aventura de Salvo Montalbano, en la que el inimitable comisario sigue haciendo gala de ese vitalismo socarrón y melancólico mientras se asoma a los abismos más profundos del ánima humana.


El tercer disparo
Luis Herrero
La esfera de los libros

Apostado en lo alto de una loma al despuntar el día y dispuesto a cumplir con su promesa de vigilar el nido de un águila imperial por lealtad hacia un buen amigo, Fernando, fotógrafo en prácticas en la redacción del diario El Sol, se convierte, a través del teleobjetivo de su cámara, en testigo incómodo de un inesperado atropello en una solitaria carretera comarcal. Detrás del atropello y de sus protagonistas se esconde una historia de traiciones y deslealtades en la que están implicados los más altos cargos de la política, envueltos en una desesperada lucha por recuperar las riendas del Gobierno, un combate en el que lo que menos importa es el precio que se ha de pagar para salir victorioso.


El marqués de Santillana
Almudena de Arteaga
Martínez Roca

Íñigo López de Mendoza, más conocido como marqués de Santillana, fue un hombre excepcional y sin parangón: involucrado en numerosas batallas por el poder, metido de una u otra forma en las disputas entre los reinos de Castilla y Aragón, presente en todas las intrigas palaciegas, manipulador e intrigante para unos, valiente guerrero y fino estilista del idioma para otros, padre de una hija bastarda y de once hijos legítimos, seductor empedernido al que se le conocieron decenas de amantes pero un solo amor verdadero... Ahora, Almudena de Arteaga —descendiente directa del marqués— recrea en esta deslumbrante biografía novelada la apasionante vida de un personaje esencial de nuestra historia que tuvo en las mujeres la fuente de inspiración de su vida.




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