Secciones:

Boletín de novedades

Reciba nuestro Divertín de manera regular y gratuita.
Su e-mail

¡Web seleccionada entre las mejores!

El mirón impaciente

Eduardo Nabal

Las expectativas truncadas


Los abrazos rotos es un sentido homenaje al séptimo arte por parte de uno de los nombres más importantes y controvertidos de nuestra cinematografía: Pedro Almodóvar. Estamos ante un complejo melodrama pasional construido a base de secretos y mentiras, saltos espacio-temporales, guiños cinéfilos, humor negro y personajes obtusos. El filme carece de la calidez de Volver —su anterior trabajo— o de la mala uva de La mala educación, pero es una demostración más de su maestría para llevar a buen puerto las historias más alambicadas y no decepcionar a sus seguidores.

Ésta es la historia de Mateo (Lluís Homar), un director de cine que, tras un trágico accidente, queda ciego y vive obsesionado por el recuerdo de su amor y musa, Lena, a la que da vida una Penélope Cruz algo incómoda en su papel.


El problema del último filme de Almodóvar es la frialdad con la que aborda el cuidadoso engranaje narrativo, nuevamente arropado por una puesta en escena deslumbrante a base de colores vistosos, situaciones tragicómicas, pasiones encendidas y paisajes variados con una brillante fotografía de Rodrigo Prieto y una hermosa partitura de Alberto Iglesias. Nos cuesta empatizar con los personajes principales y tardamos en conocer sus razones. Sólo Blanca Portillo y Tamar Novas salen airosos de una función con pretensiones excesivas como para no tener claros altibajos y momentos que beben demasiado del folletín, el melodrama clásico y el cine negro. Un filme sobre la cinefilia y sobre las miserias y esplendores de una industria, narrado con demasiado distanciamiento y sin conseguir que el inmenso dolor y turbación que sienten los protagonistas logre calar en el espectador.


Ni que decir tiene que Almodóvar cuida la composición de cada escena y vuelve a hacer un retrato coral —menos inocente de lo que aparenta— de un universo en el que siguen vivos y coleando valores como el machismo, la codicia, la traición, la envidia y el fetichismo.

Los abrazos rotos es una película desequilibrada e incómoda, hecha de tiempos muertos visualmente muy hermosos y de instantes muy intensos rodados de manera algo forzada.

No obstante, en su bello tramo final el director se homenajea a sí mismo y nos hace sentir nostalgia de sus primeras películas ganándose así a un público algo saturado por una tragedia tan compleja como desconcertante.




Archivo histórico