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Alicia en la realidad

Adriana Davidova

Rostros

“Lo humano es para nosotros la experiencia más profunda de lo divino. ¿Acaso existe otro espacio en que lo divino pueda revelarse más íntegramente que en lo humano – en lo enteramente humano tal como es………………………………”

Bert Hellinger  


Nuevamente he sorprendido a Alicia espiando a los transeúntes a través de la pantalla de la cámara de seguridad. Alicia ha disimulado, se ha girado hacia otro lado y ha subido corriendo las escaleras para encerrarse en el baño, dejando tras de sí, la puerta bien cerrada y asegurándose de este modo que yo no la voy a atosigar en absoluto ni tampoco plantear preguntas, que a ella, no se sabe muy bien por qué, pero parece que le resultan incómodas. Sin embargo, esta vez, en lugar de correr tras ella e intentar impedir el consiguiente portazo… respiro profundamente y descuelgo el telefonillo mientras aprieto el botón de la pantalla.

En único instante, un poco diluido, toda la calle aparece ante mí, con un magnífico escorzo del portal. Una ventana al mundo. Entiendo que lo que busca Alicia, no está aquí en casa conmigo. Entiendo que su necesidad de abrir y expandir sus pensamientos, sus sentimientos, sus deseos y sus sensaciones… va mucho más allá de lo que mi imaginación, aunque sea desbordante, (todo hay que reconocerlo) pueda inventar, recordar, narrar o plantear. Ella necesita crecer. Nunca pensé que diría esto. Ella no es más pequeña que yo, no es mi hija, no es mi amiga, no es mi pareja… De hecho… Nunca pensé que diría esto.

Escucho cómo Alicia se mueve arriba, encerrada en el baño. Sus pasos son rítmicos y me la imagino dándolos en círculos mientras piensa en cómo convencerme para que le de el permiso que necesita para hacerlo y poder al fin salir a la calle.

La Calle. Vuelvo a encender la pantalla. Esta vez alguien camina rápido hacia mí. Claro, no es hacia mí, pero mi sensación es que viene directamente hacia un encuentro conmigo. Un cara a cara improvisado. Su rostro está tenso y serio. Íntimo. No sabe que es observado y filmado. No se sabe acompañado pero lo está. Por mí. Ese rostro sigue avanzando y justo cuando parece que nuestras miradas se van a encontrar… pasa de largo. Sin saber que yo he existido. Sin saber que hemos sido dos y que ha sido observado y tenido en cuenta. Al cabo de un rato de quietud, donde el plano sostenido de calle se me ha hecho incluso corto, una pareja, también con ciertas prisas, viene desde el lado opuesto de la calle… Pasan a mi lado, y claro no me ven, porque no saben que de algún modo estoy allí. Se cruzan conmigo sin saberlo y me sobrepasan. Veo sus rostros durante unos segundos en los cuales intento distinguir sus expresiones y sus estados de ánimo. Las palabras de la conversación que están manteniendo me alcanzan ligeramente y consigo diferenciar una o dos de ellas; “Porque tú”… esto y aquello… “No, eres tú la que”… esto y aquello… “Porque yo”….

Tú, yo, tú… solamente es esto en definitiva. Defender el propio punto de vista, imponerlo si hace falta. Defender la propia inocencia ante cualquier circunstancia, imponerla si hace falta. Defender la propia importancia personal, imponerla si hace falta. Proyectar en el otro las propias carencias, proyectar en el otro las propias creencias, proyectar en el otro las propias experiencias, proyectar en el otro las propias exigencias y ver en el otro lo peor de uno mismo y encima rechazarlo, exigiendo que el otro sea todo lo perfecto que uno mismo no es pero quisiera ser. Conversación de pareja. Conversaciones de parejas. Menos mal que Alicia y yo no somos pareja. Así que me armaré de valor y le explicaré con sinceridad y mucho, muchísimo cariño y cuidado, la razón, las razones por las que no puede bajar a la calle. Pero eso será luego, después… Ahora seguiré observando rostros a través de la pantalla de la cámara de seguridad, seguiré buscando mis propios sueños, mis propios temores, reflejados en las miradas de estos rostros que me miran, pero que no lo saben. Por eso me miran con autenticidad. Porque se piensan solos, se piensan abandonados del enjuiciamiento de los demás… justo cuando están siendo observados, enjuiciados, recordados, registrados, fichados, encontrados… por mí. Algun@s me miran directamente a los ojos incluso, no lo saben, no son conscientes de ello, pero sucede así. Es su mirar íntimo del instante del aquí y ahora que están viviendo. Se sienten íntimos y eso me atrapa. Entiendo la curiosidad de Alicia. Tengo que crecer. Lo sé. Tengo que crecer. Pero, de repente, mientras Alicia deja correr el agua de la ducha para meterse después en la bañera, que llenará de flores blancas y olor a chocolate, un nuevo rostro se acerca hacia mí. Le miro directamente a los ojos. Camina despacio. Se detiene. Me ve. Bueno, no me ve a mí, aunque esta vez quisiera con todas mis fuerzas ser vista… ve al ojo de la cámara. Levanta la mano. Mi corazón se acelera porque pienso que apagará la cámara y que le perderé sin haberle retenido en la memoria para siempre. Pero no, su mano levantada, simplemente acaricia levemente el ojo sin vida de la cámara. Una caricia leve. Sonríe después. Y sale del encuadre. Desaparece. Me fijo en el magnífico escorzo de portal. Clavo allí la mirada para que no se me escape ninguna lágrima. Entiendo a Alicia. Tengo que crecer. 


Pequeños Deberes- Cuando estés con alguien, sentados frente a una copa, una taza de café o de té… Cuando estés con alguien discutiendo, cuando estés con alguien caminando por la calle o simplemente disponiéndoos a mantener cualquier tipo de conversación, da igual si es “trascendente” o absolutamente trivial… Para, detén, todo lo que estéis haciendo o a punto de hacer… y pídele que cierre los ojos por un momento y que simplemente describa tu rostro.

A.AliciaNlarealidad@gmail.com

   

Dibujos- Rodolfo Costa

http://www.flickr.com/photos/9210243@N06/ 




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