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Errata

Evaristo Aguirre

Recuerdo

Tengo delante dos de los últimos libros de Patrick Modiano (Boulogne-Billancourt, 1947) publicados en español, En el café de la juventud perdida (Anagrama, con traducción de María Teresa Gallego Urrutia, que es su novela más reciente, de 2007, y Reducción de condena (Pre-Textos, con traducción de Tomás Fernández Aúz y Beatriz Eguibar), un título de 1988. El primero lo leí este verano; el segundo, hace unas semanas.


No suelo tomar notas cuando leo –y menos si lo estoy haciendo en la playa–, por lo que debo fiarme, ahora, simplemente de mi memoria, del recuerdo de las emociones y de las apreciaciones de aquella lectura, que no hice pensando en escribir, luego, sobre ella aquí o en cualquier otro lado; estoy hablando de En el café de la juventud perdida. Es una historia basada, a su vez, en recuerdos, a propósito de una mujer, de un local, el café, de los parroquianos que lo frecuentaban en un momento. No me acuerdo muy bien de detalles, pero sí de la sensación general… ¿Vale eso para recomendar un libro? Es lo que hacemos con los amigos:

– ¿Me recomiendas algo para leer?

– Pues me leí hace unos meses uno de Modiano que estaba bastante bien.

– ¿De qué iba?

– De la gente que va a un café… Hay una historia como de amor… No sé, me gustó.


Quizá aquí, en Errata, debería ser más preciso, hablar más del contenido de la novela, ser más analítico y crítico, pero las cosas llegan como llegan y ha sido después de dedicarle unas horas –pocas, que es cortito– a Reducción de condena, de haberlo disfrutado mucho, cuando he pensado en escribir aquí de él, y he creído conveniente citar también En el café de la juventud perdida, a pesar de la distancia. (Hace muchos años que leí, no sé, La ciudad y los perros de Vargas Llosa, por ejemplo, se me han olvidado cantidad de cosas de la trama, pero sigo creyendo que es un libro fantástico).

En Reducción de condena habla un hombre sobre su infancia y la de su hermano, acogidos en la casa de unas mujeres verdaderamente peculiares, pues su madre es actriz y anda siempre de gira, y su padre también está más ausente que presente. Parece que la historia tiene muchas similitudes con la infancia real de Modiano. Poco importa. De ser del todo cierto, qué suerte la de aquel niño que tuvo relación con semejante galería de personajes. En cualquier caso, qué suerte la de los lectores por poder pasar esas horas en un mundo y en un ambiente tan acogedores –desde el punto de vista literario, porque el vital de los personajes no lo es tanto–. 

Está claro que en tiempos turbulentos, como estos, Patrick Modiano sigue siendo un valor seguro.

eaguirre@divertinajes.com




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